AÑO 1081 DS


Partida #1 "En Rocamar"

Inicio aquí mi relato de los hechos acaecidos en el Orbe en aquellos desafortunados años posteriores a la caída del Imperio de Akenar. Sin duda fueron unos tiempos oscuros, seguramente los peores que vivieron aquellas tierras. Al principio fueron unos tiempos de desasosiego y caos, de muerte y aventura, pero la esperanza de recuperar la gloria perdida aún se hacía eco en las mentes de muchos y en las canciones de los juglares en las posadas; aún no sabían que lo peor todavía estaba por llegar.

Pero no adelantemos acontecimientos... empezaremos en lo que pareció siendo un momento más en el devenir de los días de esa Era, apenas unas semanas después de que acabase el largo invierno del que, en aquel entonces, llamaban año 1081 DS. Relataré en las siguientes páginas las gestas y muertes de un grupo de aventureros que acacaba de empezar sus andaduras por el mundo. Eran procedentes, en su mayoría, de las Tierras Alures -en las tierras del Oeste- y de raza élfica, lo cual es muy importante en esta historia por motivos que se entenderán más adelante. Habían llegado a Rocamar en busca de un lugar más seguro en el que vivir puesto que las tierras del interior se habían convertido en hostiles y en extremo peligrosas porque todo tipo de monstruos y alimañas ya empezaban a merodear por aquellas tierras sin que nadie las contuviese como antaño se había hecho durante siglos. De hecho en aquellos días los trolls estaban asolando la región de Arquitania en cuyo extremo meridional se encontraba la ciudad de Rocamar. Los nombres de los elfos eran  Auril, Gildor, Zoirasil, Malbec y, por último, Ilai, que era el único procediente del Reino Élfico de Yvonesse y fiel seguidor del Dios Eterno al que los elfos y vilonios dan el nombre de Corelion, que significa El Que Hizo el Mundo, en Elfo Antiguo.

Llegaron el viernes día 5 de Abril, estando Seluna llena y la Luna en cuarto creciente, bajo el Signo de Tauro. Lo primero que hicieron fueron presentarse en la Bóveda de la ciudad, que los acogió, como hacen los elfos entre sí desde que el mundo es mundo. La Voz de la Bóveda se llamaba Ewan Laris, se trataba de un elfo de más de cinco siglos de vida que había nacido en la época de la Guerra de los Dos Siglos entre los imperios de Akenar y Vilonia. Era conocido por su buen talante y durante muchos años había tratado con los Hombres, que tenían en buena estima su consejo y su apoyo... aunque en los últimos años, desde la llegada al poder de la Casa Garamo, un linaje ilko que pretendía extender su poder por la costa cercana a la ciudad, la posición de Ewan se había resentido notablemente; el principal motivo de esto había sido, con toda seguridad, el levantamiento del Templo de Gleind, también llamado Piedras de la Venganza, por el Clan Enano de los Groj. El susodicho Clan había jurado vasallaje a los Garamo después de su caída en desgracia en Castillo Yunque, en las tierras pictas de Borundia, tomado por los orcos negros años atrás. Ahora se refugiaban en Rocamar y su líder era Urto Groj, hijo de Bló, que era cinco o seis veces más viejo que el Señor de la ciudad de Rocamar, el que se hacía llamar Lord Antón Garamo y su mujer Lady Julia Garamo a la que toda la ciudad llamaba, simplemente, "la bruja".

 

En estas circunstancias se encontró nuestro grupo de elfos cuya llegada prácticamente coincidió con la de los Alas de Cuervo, una compañía mercenaria de orcos negros que, por mucho que los odiasen los Groj, tenían permitida la entrada a la ciudad porque buena plata que pagaban a los herreros y mercaderes de Rocamar. A los enanos, ante todo, no les interesaba un conflicto con el Gremio Ilko de Mercaderes y por lo tanto tuvieron que aceptar la presencia de los orcos dentro de las murallas. La primera noche que el grupo de elfos recién llegados pasó en la ciudad, durmiendo en la Posada de la Rueda, tuvieron una especie de sueño en el que notaban como una urgencia, un peligro indefinido...  hablaron de ello con la Tejedora de Sueños, Elerya, pero no llegaron a aclarar el sentido de que los cinco hubiesen tenido el mismo sueño aquella noche... así que decidieron discutirlo en la reunión lunar élfica.

La noche siguiente, en la que se celebraba la mencionada reunión lunar, fue extraña. Sucedieron dos cosas de relevancia, en primer lugar que los elfos de la Bóveda, al oír el asunto del raro sueño de los recién llegados, quisieron ver alguna relación entre aquello y el descubrimiento, dos días atrás, en la costa, de un antiquísimo Templo de Hadex, el dios vilonio de los Muertos. De alguna manera podía tener alguna conexión oculta y decidieron enviarlos a investigar si efectivamente la había. También sucedió que llegaron los enanos para pedirles de malas maneras que fuesen los elfos los que zanjasen el problema de los orcos en Rocamar... con tal intención se presentó Ronco Groj, hijo de Urto, en la mismísimo Bosque de Dioses; ni siquiera hay que mencionar que el asunto acabó bastante mal. Fue esa la primera vez que Auril discutió con un enano, pero no la última.

El asunto preocupó a algunos de los elfos de la Bóveda y Ewan Laris habló ellos para que indagasen acerca de los orcos y sus intenciones.

Esa noche se repitió el sueño con una urgente sensación de peligro pero no supieron qué hacer. Por la mañana, antes de irse, pudieron averiguar un par de cosas. Auril y Zoirasil, que eran hermanas, fueron juntas hasta el castillo y hablaron con uno de los hijos del Señor, el que se llama Roberto Garamo, un hombre que era bien parecido aunque un tanto presumido, al menos para tratarse de un Hombre. No les quitó ninguna preocupación y, por el contrario, intentó torpemente llevárselas al lecho, asunto que desagradó sobremanera a ambas hermanas. Por su parte Malbec estuvo haciendo preguntas por la ciudad que empezaba, poco a poco, a conocer, acerca de los orcos negros y sus intenciones allí en Rocamar. Al parecer los orcos, liderados por un tal Trok Doshachas, estaban en la ciudad sólo para ofrecer sus servicios como mercenarios; los tiempos que corrían eran duros y a nadie le sobraba el oro, incluso los orcos necesitaban ganarse la vida de alguna forma...

Zoriasil, por su parte, había descubierto el día antes que la Bóveda tenía una buena biblioteca. Ilai había estado en ella buscando alguna información acerca del Templo de Hadex que, sin duda, hacía mucho tiempo que se encontraba abandonado, como poco unos seiscientos o setecientos años. En el momento no se dieron cuenta de que el Cantador de Madera, Yven Lamar, un elfo milenario, seguramente les habría podido hablar de ello. Zoriasil encontró, entre los papeles viejos de una de las estanterías polvorientas, una carta de un mago ilko llamado Urami que, al parecer, había enviado a su aprendiz al castillo para borrar unos documentos que le pertenecían y que estaban allí. Adjunto a la carta se encontraba un hechizo arcano que la maga tuvo la prudencia de memorizar.

Antes de que el sol subiese demasiado les presentaron a Adrián, el pescador ilko que había encontrado el Templo de Hadex. Bajaron juntos al puerto carvernoso que se encontraba bajo los pilares de la ciudad y allí encontraron la barcaza de aquel hombre de pequeñas proporciones y piel quemada por el sol. Salieron con la marea a favor y los acantilados mortales con las rompientes a apenas unos metros pero por la gracia de Corelion no sucedió ninguna desgracia. Al contrario, en poco tiempo se encontraban navegando por la costa en dirección Oeste. Hacia el Templo de Hadex.

Rumores en Rocamar: se dice en la ciudad que este verano será caluroso porque se ha visto a los gansos del sur regresar un poco antes de su fecha.             

Datos de juego: el Signo de Tauro significa que todas las TS de Voluntad tienen un +1.

 

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Partida #2 "El templo de Hadex"

Hadex es el dios vilonio de los Muertos. No es una religión malvada sino simplemente poco frecuente, quizás siniestra y llena de misterios que normalmente no agradan a casi nadie... el Templo de Hadex, pues, se consideraba Terreno Sagrado y según las antiguas normas no se puede atacar a nadie que pise dicho terreno... aunque hay que decir que en los tiempos que estoy narrando esta norma comenzaba a desaparecer paulatinamente pues muchas habían sido las iglesias que habían acabado quemadas y demasiados los templos mancillados como para que la gente siguiese confiando en los dioses como protectores. Si esto tenía consecuencias en el Más Allá es algo que muchos averiguarían en su momento...

En cualquier caso el grupo de elfos no rompió dicha norma. Dejando al amedrentado pescador Adrián en las cercanías de la orilla, ellos entraron por el antiguo pórtico que daba a la antecámara del Templo. Sus intenciones eran ecplorar el lugar y averiguar si sus sueños extraños tenían algo que ver con todo aquello... el lugar no les resultó tan fácil como pensaban puesto que muy pronto descubrieron que alguien había puesto trampas en las altas estancias de piedra rota por el tiempo. De hecho Zoirasil, Auril y Malbeq fueron heridos por las lanzas hábilmente colocadas en los pasillos.

 

En el Templo encontraron unas salas que habían sido alteradas de su aspecto original, tenían aspecto de ser una especie de iglesia sillenita. En una estancia secreta que no tardaron en descubrir se encontraron con el único habitande del templo de Hadex un arcano de nombre Eneas. Sin duda se trataba de un hombre raro, de conversación vacilante, poco claro, enigmático. Les dejó entrever que de alguna manera sabía que un gran peligro amenazaba a los elfos de la Bóveda en Rocamar y que por eso había tratado de avisarles, tampoco aclaró cómo -pero sí dijo que no era mago ni nada parecido-. Luego les urgió para que se fuesen rápido a Rocamar no sin antes hablarles de un Mal que percibía por doquier en aquellas tierras y, de hecho, había capturado a un trolloc en los acantilados días atrás. Los elfos no sólo no habían visto un trolloc en su vida sino que tampoco habían oído hablar de qué era aquella bestia mestiza...

Se fueron con urgencia del templo temiendo que, en su ausencia, alguna desgracia hubiese sucedido en Rocamar.

Como en efecto había sido.

 

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Partida #3 "La destrucción de la Bóveda de Rocamar"

Volvieron a Rocamar al anochecer del mismo día que habían salido, es decir el dóminus día 7 de Abril, apenas dos días después de haber pisado la ciudad por primera vez. A pesar de las pocas horas que habían pasado en compañía de los elfos de la Bóveda lo que estaban por descubrir les dolió en los corazones profundamente. Ya en la barca de Adrián avistaron humo saliendo de la torre en la que había vivido, hasta aquel día, Ewan Laris. Entraron en el puerto y corrieron hasta allí para descubrir, horrorizados, que la´Bóveda había sido atacada poco después del mediodía y todos los elfos menos uno habían sido asesinados allí mismo. Pudieron enterarse de que los atacantes fueron enanos y un nutrido grupo de mercenarios a sueldo, más de cien en total. Habían arrasado el Bosque de Dioses que rodeaba la torre, la posada de la Rueda y la propia torre y el edificio de la base -incluído el pequeño altar de Corelion que se encontraba allí-. Había ardido todo casi hasta los cimientos y, de hecho, parecía claro que muchos vecinos de la ciudad habían ayudado a apagar las llamas. La propia guardia estaba allí ayudando con los cadáveres de los elfos pero cuando el grupo fue a preguntarles su capitán, un ilko sillenita de nombre Kalos, no les hizo mucho caso.

Cuando estaban preparando todo para, allí mismo, hacer una pira con los cadáveres de los elfos -casi treinta-, el clérigo enano de Gleind, llamado Kotón, se personó en el lugar para averiguar qué había pasado allí. Juró que no había tenido nada que ver y que averiguaría lo que había pasado allí exactamente. Sugirió que podría haber sido Ronco, el hijo de Urto, jefe del clan enano de los Groj, con quien la noche antes había discutido Auril por el asunto de los orcos negros.

Fue entonces cuando se presentó allí un hombrecillo arcano de pelo en forma de taza, manos hábiles y mirada temerosa, dijo que se llamaba Elías el Alquimista y portaba una carta para Gildor. El paladín no desveló el contenido de dicha carta a nadie salvo a Ilai pero estuvo claro que algún favor le debía el mencionado alquimista porque tras acabar la triste ceremonia de incinerar los cuerpos de los elfos caídos, se fueron a pasar la noche en casa del hombre. Hablaron por el camino de qué opciones tenían puesto que, además, se habían enterado de que los atacantes tenían un prisionero con ellos: Yven Lamar, el Cantador de Madera y, además, el elfo más viejo del que habían oído hablar -tenía más de mil años en aquellos tiempos-.

Tuvieron, antes de llegar a casa del alquimista, un extraño encuentro: al pasar por la zona de tascas y posadas donde suelen parar los mercenarios de la ciudad uno de los orcos negros que habían llegado la jornada anterior les vio y les llamó. Se presentó como Trok Doshachas, de la compañía mercenaria Alas de Cuervo. Aunque sonase bizarro les ofreció los servicios de los orcos si, llegado el caso, necesitaban matar enanos o a quien fuese. Según dijo, aquella noche había muchas bolsas llenas entre los mercenarios de la ciudad...

Los elfos siguieron su camino hasta casa de Elías. Allí hicieron noche pensando que nadie los había visto entrar.

Rumores en Rocamar: por toda la ciudad corre el rumor que fue Ronco el que, hacha en mano, lideró el feroz ataque contra la Bóveda, algunos dicen que fue por el asunto de los orcos, otros no se lo creen y piensan que tuvo que pasar algo entre Ewan Laris y los Groj. Dicen los vecinos que viven en la plaza que los enanos estuvieron buscando algo por allí y, como no lo encontraban en la torre, arrasaron también la posada. 

 

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Partida #4 "El día siguiente"

Después de hacer noche en casa de Elías el Alquimista éste les comentó algunos de los rumores que había oído mientras compraba pan para que desayunasen. No tenían ni la menor idea de qué podían estar buscando los enanos en la Bóveda así que se decidieron a ir y echar una ojeada entre las ruínas calcinadas. Salieron temprano de casa del alquimista para encontrarse la ciudad aún amaneciendo en un día de viento fuerte y olor a mar. Rodearon los barrios por la zona de la muralla -donde vieron a unos monjes sillenitas llevarse a un hombre muerto de una de las esquinas del Barrio del Hacha- para luego llegar hasta lo que quedaba de la Bóveda. Del Bosque de Dioses no quedaba nada y de la torre apenas unos muros calcinados, igual que en la posada. Aquí y allá había mendigos husmeando entre los restos o algunos vecinos llevándose piedras para sus casas o algo de la poca madera que no había ardido el día antes. Gildor dio algunas monedas a los mendigos para que se fuesen tranquilos y, en esas, uno de ellos que estaba en la posada se fue corriendo calle abajo. Fue Auril la que le vio y ella, su hermana y Malbec salieron corriendo tras él. El harapiento hombre trató de llegar hasta el Gremio de la Guerra, es decir, una casa de mercenarios, pero Zoirasil acabó por detenerle con un conjuro. Cuando se vio capturado el hombre habló de inmediato y les confesó que iba a decirle a Ian, uno de los mercenarios, que había elfos en la Bóveda. Auril se enfadó mucho y le estuvo gritando, tanto que acabó por llamar la atención de los hombres del interior de la casa que terminaron por verla -y salir tras ella al cabo de un rato-. Así que tuvieron que salir corriendo de allí.

Mientras tanto Ilai y Gildor inspeccionaban los restos de la torre donde tan sólo un día atrás se encontraba la morada de los elfos de Rocamar. Por las huellas dejadas por los atacantes parecía que, efectivamente, habían estado buscando a golpe de pico algo indeterminado dentro de la torre. Y dio la sensación de que, fuese lo que fuese que buscaban, lo habían encontrado en el templo de Corelion cuyo altar se encontraba partido en dos y que tenía una especie de hueco oculto con forma de pileta en el que, a su vez, había un agujero como para encajar algo allí. Y magia residual alrededor. Pero no pudieron mirar con calma aquello porque, como he dicho, tuvieron que salir corriendo al ser avisados por Malbec de que los mercenarios, quizás guiados por el tal Ian, iban hacia allí armados y con cara de pocos amigos. Habiendo sido avisados con tiempo no les costó demasiado esfuerzo salir de allí con presteza e ir hasta el Parador de la Alianza para ocultarse y, de paso, tratar de conseguir que alguien les desvelase lo que hacía el anillo mágico que habían encontrado entre las pertenencias de uno de los elfos de la Bóveda.

Llegaron al Parador, vigilado por un ilko muy corpulento, y fue así como conocieron a dos personajes curiosos. El primero y más extraño fue el inmenso Dacos, un mago barbudo y altísimo, arcano de aspecto desgarbado, de pies grandes y manazas, que estuvo hablando a Zoirasil de cierto lugar al que se dirigía al que llamó la Gran Torre. Dijo que estaba en Kayholt, en las Montañas de Glades. Le dió a entender que un grupo de magos estaba allí tratando de establecerse... pero no dio muchos detalles salvo que sería muy bueno para sus habilidades de maga el continuar con sus estudios arcanos ayudada por verdaderos hechiceros y conjuradores, como había en la Gran Torre. Y para que tomase su sugerencia e serio le regaló dos perlas de plata, quizás para que se hiciese unos pendientes o... las usase como componentes mágicos para sus conjuros.

La segunda persona que conocieron allí fue Susan de Corney, una mujer arcana de cabello canoso y edad indeterminada -entre treinta y muchos y cincuenta años- que les ofreció trabajo a cambio de algunos hechizos y conseguirle un nuevo libro de conjuros a Zoirasil. Ellos le respondieron que se lo pensarían... aparte de eso les identificó el objeto que habían encontrado en la Bóveda, un Anillo de la Vida (que da +1 PV al portador por nivel) por el que les ofreció la fortuna de cien piezas de oro, oferta que hizo dudar incluso al paladín... también les habló de ciertos rumores que mencionaban que en el Templo de Corelion los elfos guardaban algún tipo de objeto beneficioso para la ciudad... pero nunca había investigado la veracidad de dichos rumores. Quizás se trataba de lo que buscaban los enanos...

Se despidieron y se fueron a casa de Elías a ver si había puesto ya a la venta las armaduras que habían recogido entre los elfos... y para pensar con calma la mejor manera de actuar en aquella situación tan difícil.

Datos de juego: como la que lleva el Anillo de la Vida es la maga, gana +1 Punto de Poder gracias al aura mágica del objeto. Además su límite para echar hechizos aumenta en uno, es decir, su límite de nivel de hechizo actual es 3 (2 por ser de nivel 2 y +1 por llevar un objeto mágico). El límite de Puntos de Poder que un mago puede ganar con objetos mágicos es 2 pero el límite de lanzamiento de conjuros tan sólo puede aumentar en uno, no importa la cantidad de magia que lleve encima. Con un límite -como el que tiene- de nivel 3 ya está capacitada para lanzar conjuros entramados más complejos -multiconjuros-, por ejemplo dos hechizos de nivel 1 a la vez le costarían 3 PP -uno por cada conjuro más uno por entramar- osea que podría ser capaz de lanzar dos hechizos de atontar a la vez a dos objetivos diferentes o incluso, si quiere, los dos al mismo objetivo por si pasa una de las tiradas de salvación-. También podría entramar, por ejemplo, un hechizo de nivel 2 y uno de nivel 0 que, juntos se convierten en un hechizo entramado de nivel 3 (2PP por el hechizo de Nivel 2 + 1PP por entramar +0PP por el hechizo de Nivel 0). Más difícil todavía, podría lanzar 3 conjuros de Nivel 0 a la vez (0PP por el hechizo de Nivel 0 + 1PP por entramar  +  0PP por el hechizo de Nivel 0 + 2PP por volver a entramar  + 0PP por el hechizo de Nivel 0) de modo que un mago de estas características podría llegar a un pasillo lleno de puertas y lanzar un hechizo entramado de Nivel 3 de tres abrir/cerrar (nivel 0) que abriese tres puertas en el mismo asalto.

 

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Partida #5 "Combates en la ciudad"

El grupo volvió a pasar la noche en casa de Elías y todo parecía ir bien hasta que de repente alguien empezó a golpear la puerta. Era un grupo de mercenarios que posiblemente habían sido avisados por algún vencino del alquimista deseoso de unas monedas, o quizás algún mercader que envidiaba la bonanza económica que proporcionaban las recetas y pociones de Elías... en cualquier caso los mercenarios asaltaron la casa sin suerte y varios de ellos encontraron la muerte en aquella puerta, otro se dio a la fuga y uno fue capturado vivo -su nombre era Ronney-. Pensando que el Señor de la ciudad no podía negar la evidencia de las injusticias que estaban acaeciendo entre sus muros se llevaron al prisionero al Castillo Garamo a primera hora de la mañana (siendo martes, 9 de Abril del año 1081DS). Aún con los gallos sonando y el alba rompiendo en el cielo del mar, recorrieron las calles empedradas hasta llegar al castillo. Al parecer el señor estaba durmiendo pero su Mayordomo, de nombre Brien, y un caballero sillenita (que antiguamente había servido en la Legión) de nombre Lord Carnarvon, arcano, les concedieron audiencia. No valió de mucho porque la impulsividad de Zoirasil no hizo sino poner en contra al Mayordomo no sólo con el asunto de los mercenarios sino otros que se traían entre manos como, por ejemplo, investigar el paradero de ciertos pergaminos que sin duda se encontraban perdidos en la pequeña biblioteca de la fortaleza... a pesar de verse contrariados por el Mayordomo, el caballero Lord Carnarvon, como buen sillenita, les tendió una mano de ayuda mientras no hiciesen nada fuera de la Ley ya que quizás, en el fondo, se sentía mal por presenciar tamañas injusticias en la ciudad sin que su señor actuase al respecto.

Tras esto se fueron a las Piedras de la Venganza, el Templo de Gleind en la ciudad, donde enontraron a Kotón enfurecido con Urto Groj y su hijo Ronco Groj y sin entender qué clase de locura les había dominado para hacer lo que habían hecho en la Bóveda... fue ahí cuando se enteraron de que en el Templo de Corelion los elfos de la Bóveda guardaban un angreal, que es un objeto muy antiguo, mágico y sagrado a la vez, que al parecer era un objeto benefactor para la ciudad y sus alrededores... su nombre era la Joya Verde. Sin duda era lo que los enanos habían estado buscando.

Después de que Kotón les diese su palabra de que no estaban solos en aquello, salieron del Templo para descubrir que había más de una docena de enanos esperándoles en la puerta -alguien les había visto entrar-. No sólo no venían en actitud amistosa, acabaron luchando a las puertas de las Piedras de la Venganza. En pocos minutos la sangre cubrió el suelo de la plaza.

Notas sobre la religión sillenita (los adoradores de Gah): Gah es el Dios de la Justicia y la Ley, no es un dios bueno como Pelor a pesar de que muchas veces lo justo y lo bueno es lo mismo, pero no siempre. En tiempos del Imperio la ley siempre estaba más clara que en la actualidad. No importa si las leyes de la ciudad son severas o injustas o beneficia a ciertos grupos en detrimento de otros, un buen sillenita se atendrá a ellas porque son personas con tendencias legales, no con tendencias bondadosas. Si el Señor de la ciudad hace algo claramente malo no tiene porqué contar con la necesaria oposición de los sillenitas porque en muchos sitios -y Rocamar es uno de ellos- lo que dice el Señor es la Ley.

 

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Partida #6 "Asalto al Gremio Enano de Mineros"

A pesar de las heridas graves recibidas durante el combate, ni Kotón ni ninguno de los elfos perdió la vida como sí hicieron todos los enanos que les atacaron a las puertas del Templo. La plaza se encontraba bañada en sangre y en silencio y la mayor parte de los que vivían en las casas vecinas habían cerrado las ventanas y atrancado las puertas asaltados por el miedo...

Aún no habían recuperado el aliento cuando escucharon a mas enemigos aproximándose, esta vez dirigidos por el propio Ronco. Venían con las hachas preparadas para una segunda escaramuza y habría sucedido si la guardia no hubiese llegado justo a tiempo. Fue el capitán de la guardia, un ilko sillenita llamado Kalos que habían conocido un par de días atrás, el que evitó la escaramuza y decidió que el asunto era demasiado grave como para que él tomase una decisión: irían al Castillo Garamo a hablar con el Señor de la ciudad para que de una vez por todas se pusiese fin a aquello. Kotón y Ronco Groj no dejaban de insultarse en enano y por tanto Kalos decidió que los grupos -el de los enanos por un lado y el de los elfos por otro- no fuesen juntos al castillo, para evitar problemas. Primero irían los enanos y un rato más tarde irían los elfos. Por cierto, los enanos iban acompañados de un humano de aspecto silencioso, envuelto en una capa negra y con una sonrisa burlona. Se fueron por la calle oeste en dirección al Castillo Garamo mientras los elfos y Kotón entraban en el Templo a esperar un rato.

Fue entonces cuando Ilai reunió a todos y les dijo que si en algún momento querían investigar el Gremio de Mineros enano y ver si tenían allí escondido al Cantador de Madera Yven Lamar y el angreal (la Joya Verde), probablemente esa sería la mejor ocasión posible... así que se prepararon, Kotón les curó las heridas del combate que acababan de tener en la plaza y se fueron al Gremio (que estaba, saliendo por el lateral del Templo, al otro lado de la calle).

Malbeq abrió el portón del gremio sin dificultad. Se trataba de un edificio robusto, de piedra, de ventanas bajas y adornos típicamente enanos -nudos de piedra tallados, animales, martillos y hachas, montañas y cimientos- con un interior fresco y oscuro. Dentro fueron encontrando escribas enanos del gremio (Ulio y Tuzón) que se asustaron mucho al ver a los elfos. Un tercer enano no pareció tan asustado y en vez de eso les atacó. Tras el combate -en el que el enano murió- percibieron en el ambiente cierto rastro mágico de algo poderoso que había pasado por allí recientemente, gracias a la visión especial que tienen los elfos y que a veces los humanos no llegan a comprender. Siguiendo el rastro en los cimientos del edificio acabaron por encontrar una puerta oculta -y protegida por una trampa con veneno que por poco acaba con malbeq- en un almacén que daba a unos pasillos de piedra húmeda en los que, finalmente, se toparon con Urto Groj y un guerrero enano que le acompañaba. No hubo vacilación por parte de los enanos que trataron de matarles. El combate fue muy duro y sólo la actuación de Gildor pudo salvar a todos...

Así fue como mataron a Urto, del clan Groj, en los fríos pasillos del sótano. También fue así como descubrireron que no sólo portaba símbolos sagrados de Omuth sino objetos con poder, como una daga. Tras el jefe enano había un pasillo, tras el pasillo unas estancias y en ellas encontraron celdas donde estaba Yven Lamar -le habían arrancado los ojos- y un chico moreno al que habían cortado la lengua. En el fondo de las estancias había un altar, símbolos demoníacos y una estatua con cabeza de janalí que representaba a Omuth, el rey Demonio, Señor de la Masacre, Erythnull...

...y en el altar, la Joya Verde.

Notas sobre los angreales: (Saber Arcano 10) Los angreales no tienen ninguno de los efectos negativos de los objetos mágicos comunes. La cercanía favorable de un angreal -es decir, únicamente si se pertenece a esa religión- tiene efectos palpables. Los clérigos reciben el doble de hechizos de Dominio, los magos tienen 4 puntos de poder adicionales. Las heridas se curan a 1PV por hora. Las tiradas de salvación tienen un bono de +2. Este efecto se nota al cabo de una semana de cercanía. (Saber Arcano 20) Se trata de objetos mágicos y sagrados a un tiempo, muy antiguos e imposibles de crear en la actualidad (Saber Arcano 25) Fueron creados en tiempos de los Antiguos, es decir hace miles de años (Saber Arcano 30) Sólo hay de dos tipos, los creados por los seguidores de Corelion y los creados por los seguidores del Dios Muerto, también llamado Hadex, pero eso no significa exactamente que sean buenos o malos. (Saber Arcano 30) Los angreales no siempre funcionan solos, en ocasiones hace falta activarlos. Si se trata de sacrificar un angreal para obtener Puntos de Poder, el límite del conjuro viene dado por el poder del angreal, por ejemplo, si la Luna de Plata (un angreal con forma de espejo de nivel 30) fuese sacrificada por un mago o hechicero, podría lanzar un hechizo o hacer un ritual del mismo nivel. Esto los convierte en objetos extremadamente valiosos y peligrosos. (Saber Arcano 35) Sólo se conoce el paradero de seis angreales en las tierras de Draak, la Joya Verde de Rocamar (de Corelion), la Luna de Plata en Iliya -la Corte del Reino Elfo de Yvonesse- (de Corelion), la Estatuilla Negra que se supone que está en Gondomar (de Hadex), la espada Sueño del Inframundo (de Hadex) guardada en La Mano de Lolth a orillas del lago Skilval, la Capa de Estrellas (de Corelion) guardada en la Bóveda de Akenar y las dos Espadas del Verano y del Invierno (de Corelion) que posee el Rey de Myrl. (Saber Arcano 50) Existe un séptimo angreal que es la Corazón de los Antiguos, capturado por los gardios en la Guerra de Sangre en su asalto final a Antigua. Dice la leyenda que Zen, uno de los guerreros gardios, arrancó esta piedra de la estatua de Corelion en el Gran Templo de Antigua y se la llevó como botín de guerra a Akgard. Hoy en día está debajo del Gran Trono en Amon Dur.     
 

 

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Partida #7 "La batalla de las Piedras de la Venganza"

Urto Groj tenía un tatuaje de un jabalí en la espalda representando a Omuth, el Dios de la Masacre. No hacía falta enseñar mucho más a Kotón, el clérigo de Gleind, para convencerle de que algunos de los enanos del Gremio de Mineros habían formado una especie de secta o algo similar y habían tratado de realizar alguna clase de ritual sacrificando la Joya Verde -de hecho, la masacre de la Bóveda es muy del estilo de los adoradores de Omuth-. Cogieron todo lo que habían encontrado en los subterráneos y lo metieron en un brasero para que ardiese. El joven mudo y el Cantador de Madera fueron curados en el templo y descansaban después de haber sido liberados...

Recibieron entonces una visita inesperada. Se trataba de Trok Doshachas, un orco negro, que debía ser la última persona del mundo que esperaban en el templo enano. Les vino a decir que todo el mundo sabía que el Señor estaba de parte de los Groj y que no fuesen al Castillo Garamo como habían dicho al capitán de la guarda -el ilko de nombre Kalos- porque de allí seguramente no saldrían. Además había hombres reclutando mercenarios en el Barrio del Hacha para atacar el Templo de Gleind. No sabía si aquella tarde o al día siguiente, pero seguramente pronto. Ofreció a sus mercenarios orcos a un precio alto pero justo.

Los elfos debatieron. No querían ofender a Kotón que tanto había hecho por ellos, pero estaba claro que si el ataque al Templo era de la misma magnitud que el de la Bóveda, entonces estaban perdidos si no tenían ayuda. Y los orcos parecían duros así que acabaron por contratarles por seis monedas de oro (pago en el que ayudó Elías el Alquimista en virtud a los favores que debe al paladín Gildor).

Y luego empezaron a pasar las horas. Anocheció. Se fueron preparando, cerraron las puertas del Templo, reunieron flechas, Yven Lamar le estuvo cantando el arco a Auril, Gildor e Ilai en las puertas, Malbec y Zoirasil se apostaron en la parte alta del edificio, pusieron gente a vigilar los muros de atrás... mientras el joven mudo comía sin cesar en las cocinas del templo con un apetito inusual. A medianoche Zoirasil mandó a alguien para que llamase a la maga Susan de Corney, de la Alianza. La mujer acudió y viendo la situación de peligro no estuvo mucho tiempo pero sí el suficiente como para hablar con Zoirasil e intercambiar un poco de Especia por la promesa de ayuda en unas tareas de investigación en el antiguo Monasterio de la Inquisición... tras eso la maga se fue.

Poco después llegó el ataque (al amanecer del mércades día 10 de abril). Sin darse cuenta Malbec rompió el sagrado disparando su arco antes de que nadie hiciese nada... Se trataba de más de cien guerreros entre hombres y enanos. Y con ellos un mago que destruyó las puertas del Templo y estuvo a punto de matar a todos los que vigilaban la parte alta del edificio. A pesar de la contundencia del ataque, los orcos mercenarios bajo las órdenes de Trok Doshachas atacaron por retaguardia... el combate fue feroz y rápido, Gildor defendiendo las puertas del Templo mano a mano con Ilai y Kotón. Finalmente los mercenarios no consiguieron tomar el Templo, el mago enemigo murió bajo los golpes de Sahandrian, la espada de Corelion Larethian invocada por Ilai, y muchísimos perdieron la vida en el combate. Pero eso no fue todo: se escuchó, en la parte de las cocinas del Templo, un ruido infernal y repentinamente se pudo ver que el joven mudo se había convertido en un demonio de piel roja, dientes afilados, de casi tres metros de altura y con un cuerpo lleno de músculos y cuernos... destrozó el sitio y a cuantos encontró a su paso... salió del terreno sagrado y se metió en el Gremio Enano de Mineros, dejando tras de si un rastro de muertos y destrucción.

A pesar de que los enemigos que quedaban vivos se habían dado a la fuga -Cotón Groj entre ellos, no consiguieron matarlo- y que el combate había terminado, los orcos, al ver que un demonio se había metido en la casa, corrieron tras él hachas en vilo. Y tras ellos Ilai, Malbec y el enano Kotón, que no quería ser menos que un puñado de orcos... no sabían lo que econtrarían en el Gremio pero sí que detrás de ellos había decenas de muertos, partes del Templo quemadas, las puertas rotas, la plaza bañada en sangre negra y roja, los cuerpos amontonados erizados de flechas mientras el sol, ajeno a todo, amanecía sobre los tejados de Rocamar.

 

Romper el Sagrado: Asuntos de juego y rol respecto a romper el sagrado. En la práctica un personaje no tiene consciencia de que ha hecho algo que desaviene las reglas más sagradas de los dioses en Akenar pero hay consecuencias directas que son visibles sobre el juego. Hay dos tipos de consecuencias, las generales y las particulares de la religión mancillada. También hay dos maneras de romper el sagrado, consciente e inconscientemente. Cuando se hace de manera consciente las consecuencias son permanentes. Cuando se debe a un acto de desconocimiento las consecuencias duran hasta la siguiente Luna llena. Son los dioses los que deciden si un acto es consciente o inconsciente, nunca se sabe hasta que llega la Luna... aunque por regla general uno ya sabe bien si ha hecho algo a drede o no. La consecuencia general es que un personaje que ha roto el sagrado (Malbec) deja de estar protegido por cualquier terreno sagrado contra criaturas como muertos vivientes, demonios o criaturas extraplanares (que esperamos que veáis pocas). Es decir, un fado, por ejemplo, podría entrar a por Malbec en una iglesia sillenita a pesar de que no podría tocar a sus compañeros. Esta pérdida de protección es permanente e irreversible por términos normales. Algunas religiones tienen ritos de expiación, como la sillenita, pero generalmente son de un coste desorbitado. Las consecuencias particulares afectan a la religión profanada. Si se ha roto el sagrado de una religión concreta es con esa religión con la que hay que saldar las cuentas, no con la propia. La curación de esa religión, las bendiciones y cualquier beneficio relacionado con ella se pierden inmediatamente. Cualquier seguidor de una religión se mostrará reacio y poco comprensivo con aquellos que han roto el sagrado.

La Especia: Se trata de un polvo color canela de olor intenso a clavo, muy fino. No es mágico, se obtiene únicamente en las Montañas de la Luna -al sur de Ala'i-, pero es conocida por su poderoso efecto en magos y hechiceros. Su procedencia es vegetal, se trata del pólen de una flor rara llamada Ysh entre los nómadas de las montañas, es pequeña y su tallo es venenoso por ingestión. El veneno de Ysh es poderoso e insípido, sólo de ingestión. La Especia es una droga muy potente, recupera de forma inmediata todos los Puntos de Poder de un mago. Si se ingiere como elemento material de un conjuro éste puede utilizar los puntos que ya tenía y los que recupera en el mismo conjuro. Cada vez que se ingiera la Especia hay que realizar una Tirada de Salvación de Voluntad (que normalmente es de dificultad 15 aunque esto depende de la pericia del alquimista que hiciese la Especia). Si se fallan consecutivamente tantas tiradas como bonificador de Sabiduría tenga el personaje, éste queda enganchado a la Especia. Estar enganchado significa que tiene que consumir Especia al menos una vez por semana o perderá 1d4 PPs por cada vez que no lo haga -de forma permanente hasta ser curado-. Además el personaje estará ansioso, algo paranoico y bastante obsesionado con conseguir Especia a cualquier precio. Si los PPs del personaje llegan a 0 en algún momento, tendrá que hacer una Tirada de Salvación de Fortaleza de 25 o morirá. Hay varias maneras de desengancharse de la Especia, con una cantidad no muy grande de Especia, 4d6 días de encierro y una tirada de Sanar de 35. También un hechizo de Sanar o equivalente, o cualquier cosa que cure enfermedades mágicamente. Un personaje que quiera encontrar Ysh en las Montañas de la Luna tendrá que superar una tirada de 30 en Herbalismo. Luego sacar Especia a partir de la flor es una tirada de Alquimia de 35 (TS Voluntad 17), 40 (TS Voluntad 15) o 45 (TS Voluntad 13). La Especia tiene otro uso, otorga temporalmente de la dote sobrenatural de Caminar en Sueños, si se consume antes de dormir.
 

 

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Partida #8 "Horas después"

Como dijimos en nuestro último relato, los elfos Ilai y Malbec habían seguido aquel día, tras la batalla defendiendo el Templo de Gleind, al demonio que había tomado forma horriblemente a partir del cuerpo del muchacho capturado por los enanos seguidores de Omuth. En realidad habían sido los orcos negros los que habían salido corriendo tras la bestia al enterarse de lo sucedido en el interior del lugar sagrado, liderados por Trok Doshachas. Kotón, el enano clérigo de Gleind, también los seguía, las armas dispuestas para el combate a pesar de estar ensangrentado. El demonio había destrozado la entrada del gremio y había bajado las escaleras llegando al santuario de Omuth oculto en el subsuelo. Allí encontraron una especie de anillo de luz roja y azul flotando en el aire, dentro del mismo se podía ver como una fina capa de luz muy caliente formando una espiral de fuego. La criatura había cruzado al otro lado del portal y nadie consideró sensato seguirla a sabe dios dónde... el anillo de luz se fue cerrando poco a poco hasta quedarse en nada... y los orcos empezaron a arrasar el sitio, destrozando la estatua del Rey Demonio y el altar y todo lo que allí encontraron. Entretanto Ilai y Malbec subieron a registrar el resto de estancias del Gremio, tras una búsqueda somera encontraron una trampilla que estaba salvaguardada por una runa sagrada que consiguieron sortear. En el interior había un cofre y dentro de éste varios objetos del rito de los sicarios... objetos que acabaron siendo destruídos por Kotón en el Templo de Gleind.

Zoirasil y Auril se habían quedado registrando al peligroso mago que yacía muerto en la plaza. No llevaba consigo libro de conjuros ni nada parecido pero sí vieron que portaba con él dos objetos mágicos, un anillo de oro y factura sencilla y unas botas negras decoradas con hilos plateados y motivos vegetales en la parte alta de las mismas.

Tras eso llegó algo de calma. Los orcos, una vez cumplida su parte del acuerdo y considerándose pagados, se fueron sin apenas despedirse. A pesar de ser orcos habían demostrado gran valor en el combate y ciertamente habían mantenido su palabra hasta el final, incluso con grandes riesgos y habiendo perdido a varios de entre sus filas.

Entonces, a mediodía, sucedió que la tierra y las murallas de la ciudad temblaron desde lo más profundo de la tierra. Fue un temblor breve, apenas diez o quince segundos, pero intenso. Esto hizo que cundiese el pánico en la ciudad, algunos muros se vinieron abajo y hubo algunos fuegos aquí y allá. El caos se había adueñado de la ciudad aún más de lo que se creía posible.

Pasó casi todo el día hasta que la ciudad fue regresando a cierta normalidad. A última hora, cuando el sol empezaba a estar bajo, Shaun Garamo, el hijo mayor del señor de la ciudad, visitó en persona el Templo de Gleind con intención de hablar con los elfos, y allí les encontró. Shaun era un tipo mucho más honesto que su hermano Roberto, al que Zoirasil y Auril habían conocido días atrás, quizás por su fama de hijo bastardo (merecida por su pelo rubio, algo más bien raro en los ilkos). En la conversación que mantuvieron les dejó claro que no le había gustado nada la actitud de su padre en todo aquel asunto de los enanos y la Bóveda y usaría su influencia para darles al menos tres días de vista gorda de la guardia en lo que se refería a intentar capturarlos... dio su palabra y se marchó.

Quedaba el asunto de Susan de Corney, a la que Zoirasil había prometido ayudar a cambio de la Especia. Se reunieron con ella y llegaron a dos tratos, en primer lugar visitarían el antiguo Monasterio de la Inquisición e intentarían enterarse del uso que estaban dando a un Crucero Sagrado que antaño la Inqusición tenía en el claustro. El asunto parecía sencillo. En segundo lugar acordaron proteger a Susan en un viaje a Avignac, donde tenía que llegar antes del invierno, a cambio de un libro de conjuros en blanco para que Zoirasil pudiese volver a escribir los conjuros que habían ardido en la posada durante el ataque de los enanos a la Bóveda. 

La única incertidumbre era si irían por tierra hacia el norte o por mar. Su plan era ir hasta el Bosque de Ován con Yven Lamar y la Joya Verde y dejarla a buen recaudo en un lugar más seguro que aquel. Aunque eso no era muy difícil.

 

Notas sobre el Bosque de Ován: Según Yven Lamar en este bosque existe una de las Bóvedas más antiguas de Draak. En lo más profundo del bosque hay una fortaleza protegida en un valle secreto que sólo los elfos pueden encontrar en los Senderos. Los Senderos son caminos élficos en los bosques que sólo son reconocibles por marcas y pequeños signos muy sutiles, marcan rutas seguras y lugares sin peligro o buenos emplazamientos para hacer campamentos. Algunos hombres han aprendido a leer los Senderos, pero muy pocos de ellos. Seguir un Sendero es una tirada de Supervivencia 30, aunque si se es de raza élfica la dificultad se reduce a Supervivencia 15. Pues bien, como decíamos la Bóveda de Ován se encuentra en un valle secreto, se trata de una fortaleza de tiempos inmemoriales regida por elfos exiliados de Myrl varios milenios atrás. La Voz de la Bóveda es Weym Aluna, una elfa de unos siete siglos de edad, que vive recluída en la Torre de Aluna desde hace unos años esperando a que el Señor de Draak -el vilonio que era Duque de Levante en tiempos del Imperio-, Olivier Corbus, muera de vejez. Se dice que Weym se enamoró del vilonio durante la II Guerra de Akgard, cuando los ejércitos orcos sitiaron Celeste y los elfos de la Bóveda acudieron a la guerra respondiendo a la llamada del Señor. Murieron muchos elfos en aquella batalla a manos del gardio Zen, pero con honor -se dice que el gardio en realidad es adorador de Heironeuss y por eso los ejércitos orcos pusieron tanto empeño en tomar la ciudad de Draco, para hacerse con el Alto Templo de Heironeuss, aunque resulte irónico-. Según Yven Lamar en la Bóveda de Ován el Templo de Corelion fue construído sobre un antiguo círculo de piedras que se usaba cientos de siglos atrás para leer las estrellas, por lo que posiblemente sea un lugar poderoso digno de albergar la Joya Verde.      
 

 

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Partida #9 "La Puta del Este"

El viernes amaneció lloviendo en la ciudad. Aquella noche el grupo de elfos salvo Ilai se habían acercado al antiguo monasterio de la Inquisición para intentar cumplir la palabra dada a la maga Susan de Corney, pero la visita no salió muy bien en primera instancia, despertaron al abad Ronaldo de Ket y éste hizo gala de cierto mal genio. Tuvieron que solucionarlo al día siguiente, después de una larga charla con Yven Lamar, cuando los monjes sillenitas estaban preparando la sopa para los pobres de la ciudad. Fue entonces cuando se enteraron de la existencia de una nueva Orden de Viajeros. En los últimos tiempos del Imperio la Inquisición y la Iglesia sillenita se habían hecho muy poderosas y gracias a los centros culturales donde se estudiaban antiguos escritos se acabó por desvelar el Dominio de Viaje, un conocimiento perdido en Akenar. Esto permitió a la Iglesia la creación de Portales Sagrados que unían unos lugares con otros y permitían, entre otras cosas, el rápido movimiento de Inquisidores y Agentes. Pero una vez caído el Imperio la Iglesia perdió muchos seguidores y ahora es mucho más complicado -por no decir imposible- crear más Portales Sagrados. Los que había están mantenidos por la Orden de Viajeros que cobra a los que los quieren usar para poder mantener las obras de caridad de la maltrecha Iglesia sillenita -que ha perdido una gran parte de sus rentas y diezmos-. El abad Ronaldo les dio un mapa creado con la máquina de Giles Wolpe, un artefacto que, según dice, copia hojas escritas.

(versión grande aquí)

En cualquier caso les sonrió el destino porque Malbec realizó unas pesquisas en el puerto de la ciudad y un ilko llamado Koulin les acabó por conseguir un pasaje en un barco que se dirigía con un cargamento a Draco, el navío era un carguero imperial y se llamaba La Puta del Este; su capitán era otro ilko llamado Leroy.

Antes de salir de la ciudad se despidieron de Kotón, el clérigo de Gleind que tanto había hecho por ellos. El enano acordó con Ilai que llevaría el asunto del cobro de las reparaciones que quizás el Gremio enano tuviese que pagar a la destruída Bóveda de Rocamar. Zoirasil, que fue apresuradamente a la Alianza a por la maga Susan, estuvo hablando brevemente con el mago Dacos, que estaba allí resacoso. Fue entonces la primera vez que tuvo noticias del Erial del Dragón, cerca de las ruinas de la ciudad de Mérilon. Y también de que en la antigua provincia de Dortoña, cerca de la ciudad de Áquila, había sucedido que hordas de trollocs habían arrasado con los feudos que habían encontrado a su paso y toda la región se encontraba sumida en el caos y la guerra.

En la Plaza de la Justicia se encontraron con Sire Carnarvon, el anciano arcano que había servido en la Legión décadas atrás. Quiso salir de la ciudad con ellos porque sus creencias sillenitas empezaban a enfrentarse demasiado con las decisiones de Lord Garamo...

Así fue como el viernes día 12 de abril -una semana después de su llegada a Rocamar-, el grupo de elfos salió de la ciudad a bordo de la Puta del Este. En el barco le esperaban algunas sorpresas, como que viajaba el tresio Joshua -el mercader que pagaba el viaje, acompañado de su bellísima hija Lupina y armado con un extraño artefacto explosivo para defender el honor de su hija-, o que el elfo Yven Lamar demostró su enorme valía como Cantador de Madera arreglando todos los desperfectos del navío -y haciendo que la travesía les saliese gratis-. La maga Susan se mantuvo bastante silenciosa durante toda la travesía en la que contaron con la suerte de un clima inmejorable y vientos favorables.

Habían acordado con el ilko Leroy que les dejaría en la Punta Silar, a muchas millas del Bosque de Ován pero, sin duda, el lugar más cercano por el que pasaría el barco. Desembarcaron la mañana del mércades día 24 de Abril del año 1081 DS, cinco días antes de las dos Lunas Llenas, los seis elfos, la maga y el viejo caballero de la Legión. Era una playa de cantos rodados, brava como casi todas las de Levante, bañadas por el Mar de Vain. En la playa había rastros muy recientes de trolls.

    
 

 

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Partida #10 "En Levante"

Según consta en las crónicas, fueron atacados en Punta Silar por una pareja de trolls de las cavernas a los que dieron muerte ayudados por el viejo Lord Carnarvon (que era un excelente guerrero) y la maga Susan de Corney. El clérigo Ilai cortó las cabezas de los monstruos y las cargó consigo durante el resto del día. Entretanto, Susan y Zoirasil estuvieron recogiendo algo de sangre de los trolls para sus recetas alquímicas.

Susan de Corney había dibujado un mapa durante la travesía en La Puta del Este de los días pasados. Al parecer uno de los marineros era de Levante y recordaba la zona y ella, años atrás, había viajado por esa costa. Uno de los rumores que había escuchado era acerca de una estatua gigante tallada en la costa desde tiempos muy anteriores al Imperio o incluso a los vilonios, simplemente nadie sabía quienes eran los constructores de aquel lugar. Según decían se trataba de una estatua de trescientos pies de altura que daba directamente al mar, esculpida en la misma roca de la montaña y los acantilados, cara al viento. Los lugareños, al menos años atrás, la llamaban Estatua del Conde, quizás porque su pose regia recordaba a un guerrero o un noble en postura de vigilancia. Discutieron sobre la conveniencia de ir hasta la estatua o si sería más sensato acercarse al Castillo Silar, ambos a media jornada de camino, teniendo en cuenta que iba con ellos un anciano ciego.

Finalmente decidieron que ya que no estaban muy lejos se acercarían a la Estatua del Conde. Caminaron durante toda la mañana bajo la brisa suave del mar, en la zona crecían pinos de gran tamaño y afloraban rocas graníticas que en ocasiones parecían dientes hincados en la tierra. La hierba era alta. Es decir, el terreno favorito de los trolls que, según escucharon, habían empezado a verse por la zona varias décadas atrás -en tiempos del Imperio aquella costa era un lugar tranquilo y pacífico-. En aquel momento, sin embargo, los únicos rastros de gente que encontraron eran casas abandonadas tiempo atrás, restos de granjas quemadas, graneros de vigas caídas y vencidos por el clima y el tiempo. No encontraron, en varias millas de travesía costera, ni un solo hombre, tan sólo alguna serpiente, gaviotas, algún conejo y pequeños lagartos de roca.

Cuando llegaron a la Estatua el sol estaba en lo alto. Efectivamente la construcción era tan imponente como se decía o incluso más. Las olas rompían en los pies de la estatua con fuerza y el sonido del mar daba cierta grandeza al vigilante pétreo. El rostro de la estatua apenas se dibujaba, quizás borrado por el viento o quizás tallado originalmente así. Se podía adivinar una melena larga, una capa pétrea y unas gigantescas manos que asían una también gigantesca espada; el gesto vigilante y la mirada perdida en el horizonte del Mar de Vain, hacia el sur.

A pesar del fuerte viento que hacía en la punta, se acercaron hasta allí. Gildor, desde la cabeza de la Estatua, pudo ver que había unas escaleras que bajaban por el brazo y daban a un arco con escritura tallada en el dintel, a unos 30 pies de distancia. Aparte de eso, Ilai encontró en las cercanías una especie de pozos o ventanucos de un pie de ancho, ocultos entre las piedras del lugar y con rarísimos símbolos inscritos en ellos. Llegaron a encontrar tres de estos, alineados con la estatua; y en el último se podía percibir, levemente, un rastro de magia... 

 


Decidieron encaminarse, después de explorar el exterior de la Estatua del Conde, hacia la fortaleza más cercana, que era el Castillo Silar. Calcularon que llegarían al atardecer y así fue, cuando el sol estaba ya poniéndose en el cercano mar, vieron las murallas de un castillo elevado sobre una mota. En el castillo les fue bastante bien. Las cabezas de los trolls a los que habían dado muerte les supusieron una inesperada recompensa y la señora de la plaza, Lady Lidia (una mujer de espada y carácter fuerte) aceptó a Lord Carnarvon como nuevo vasallo. El caballero desveló a los elfos que les había acompañado para matarlos por orden del Señor de Rocamar pero había juzgado que esto era deshonorable... así que se quedaba allí, en Castillo Silar, donde su lealtad sería convenientemente apreciada... para compensarles un poco por lo que había estado a punto de suceder les dio un anillo de un viejo conocido, Olivier Corbus, que le debía un favor por haberle salvado la vida durante la Segunda Guerra de Akgard...

El maestre Petrus, entretanto, les consiguió víveres e incluso una mula a cambio de curar a los heridos que llegaban del norte: el castillo estaba en guerra abierta con los feudos dependientes de la ciudad de Forral. Aquellas tierras estaban, según supieron, plagadas de bandidos, guerra y hambre. En especial en Puentesucio donde uno de los mayores bandidos, un antiguo caballero, tenía su guarida: Sir Galand, le llamaban. Ilai pudo enterarse por un bardo que pasaba aquellos días en el castillo acerca de varias historias de la Estatua del Conde: años atrás los gardios habían intentado entrar en ella, sin conseguirlo. Y otro dato importante, el señor de Draco, Olivier Corbus, al parecer nació en esta región... de niño su padre era pastor cerca de la costa. Un día, estando junto a la Estatua del Conde, dicen que se metió por un agujero. Le dieron por perdido tras dos o tres días pero, una semana después, regresó del interior. Cuentan que encontró un estanque, y poco más se sabe... salvo que desde aquel día la fortuna le sonrió.

Hicieron un trato con Susan de Corney, que estaba muy interesada en investigar aquel lugar. Ella compartiría algunos conocimientos mágicos con Zoirasil y, a cambio, ellos entrarían a explorar y, del botín que encontrasen, ella podría elegir cualquier cosa, incluso si era mágica. Fue la maga Susan la que también enseñó a Zoirasil a hacer pociones alquímicas con sangre de troll y, con todas ellas, consiguieron curar las heridas del elfo Yven Lamar. También probaron la famosa leche de brezo.

 

 

Partieron a la Estatua del Conde el día 28 de Abril, un día antes de las dos lunas llenas, el que los arcanos suelen llamar Día del Tonto. Por el camino volvieron a encontrarse con más trolls, a los que dieron muerte -y se llevaron sus cabezas porque al parecer eso espanta a otros trolls que estén por la zona-. También, no muy lejos de la Estatua, vieron unas huellas muy recientes de gente, quizás tres o cuatro jinetes y más a pie...

Llegaron a la Estatua del Conde a mediodía. Les acompañaba un extraño perro que había ido con ellos desde Castillo Silar.

 

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Partida #11 "La Estatua del Conde"

Yven Lamar y Susan de Corney decidieron esperar fuera mientras el resto del grupo -los cinco elfos- bajaron por una cuerda hasta los gastados escalones en el brazo gigante de la estatua.

En el dintel de la entrada había unos signos grabados. Ilai los descifró con ayuda de Corelion: "Que el Gran Ao cuide a aquellos que entran en este Refugio con buena voluntad y que Su ira caiga sobre los enemigos de Su morada."

Empezaron a explorar el interior y muy pronto descubrieron que, como mínimo, los pasillos estaban infestados de ratas gigantes -que llegaron a atacarlos en la entrada e hirieron de cierta gravedad a Auril.

Aparte de eso encontraron, en una estancia bastante estrecha y pequeña, una especie de piedra gris, tan grande como un hombre, que flotaba. Y eso nada más entrar. no muy lejos de la entrada, de grandes murales con escenas de guerreros y navíos (en un estilo no muy diferente de los arcanos), de otra inscripción: Los Hijos de Ao llegaron a este Refugio en el Quinto Año de la Serpiente, que las estrellas alaben a los llegados a estas extrañas tierras allende los mares.

Allí abajo todo eran pasillos, puertas carcomidas, olor a salitre y estancias oscuras.

 

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Partida #12 "Las estatuas centinelas"

Los elfos continuaron explorando las estancias subterráneas. Algunos de los muros conservaban precariamente la policromía en la que algún artesano había trabajando mucho tiempo atrás. Los techos eran bajos en algunos sitios y extraordinariamente altos en otros, y empezaron a encontrar numerosas estancias que albergaban piedras oscuras como la que estaba junto a la puerta de entrada. Según iba profundizando empezaban a adivinar el uso de las distintas habitaciones, recibidores, cuartos de lectura, unos almacenes (en los que encontraron algunas armas que les parecieron interesantes y las sacaron fuera para que no se perdiesen si había que salir con prisa de allí).

Auril encontró el rastro de alguien que no hacía mucho había pasado por allí. Lo siguieron y encontraron a un pobre desgraciado que había muerto una semana atrás, más o menos, a manos de espadas bien afiladas. Por desgracia no tardaron en descubrir qué clase de criaturas habían acabado con el que seguramente era un campesino valiente: unas estatuas centinelas. Se trataba de unas figuras de piedra armadas con espadas de considerable tamaño que repentinamente cobraron vida y les atacaron. El grupo tuvo que retroceder y luchar desesperadamente en una de las estancias circulares del subterráneo. Poco faltó para que lamentasen mucho haber entrado allí pero finalmente derrotaron a los monstruosos constructos -que es como supieron más tarde que se llamaban a ese tipo de objetos animados por magia arcana-. Durante el combate Zoirasil llegó a pedir ayuda a Susan, que esperaba fuera con Yven Lamar y el extraño perro que les seguía a todas partes. Fue entonces cuando la elfa empezó a deberle otro favor a la maga (a cambio de más Especia).

Se dieron cuenta, además, que el angreal mostraba su enorme poder absorbiendo el poder de las piedras oscuras que había en el lugar.

Avanzaron bajando por unas escaleras donde Malbec juraría que escuchó ruidos en la pared. En una antesala de escribanía cercana a una especie de salón con siete tronos se encontraron con varios objetos de interés, botes de tinta, un pergamino con algo mágico inscrito en él -quizás un hechizo, quién sabe- y una capa que, misteriosamente, cambiaba de color dependiendo del lugar donde se encontrase.

Después de eso Malbec estuvo a punto de morir electrocutado abriendo unas puertas de bronce que daban a la gran sala. En el suelo había un símbolo: una espiral y una estrella de siete puntas. Nadie lo había visto jamás.
 

 

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Partida #13 "Las gárgolas"

Exploraron tras las puertas de bronce que habían estado a punto de matar a Malbec, se trataba de una estancia muy alta con siete tronos de bronce y un símbolo de una espiral y una estrella de siete puntas pintada en un suelo azul oscuro. El sitio tenía una balconada a la que se accedía por una estrecha escalera. Subieron y allí fueron atacados por unas feroces bestias mágicas a las que muchos bestiarios denominan gárgolas: feroces y aladas, con enormes fauces y garras capaces de abrir a un hombre en dos. Sin embargo ellos las derrotaron. En aquel punto empezaron a preguntarse si no era un buen momento para salir y descansar por unas horas, todos estaban malheridos y Zoirasil apenas tenía poder... 
 

 

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Partida #14 "La muerte de Yven Lamar"

Cuando iban a salir de las estancias de repente recibieron un mensaje de viento de Yven Lamar, al parecer les estaban atacando a él y a Susan de Corney. Cuando consiguieron salir de las estancias y pasadizos de la Estatua del Conde, ya era demasiado tarde: había un grupo de hombres armados que había capturado a los dos. Una voz de un joven -no les veían porque estaban en la parte superior del acantilado, mientras ellos estaban aún en las escaleras de la Estatua- les exigió que se rindiesen. En vez de eso Zoirasil les gritó que morirían todos... acto seguido -quizás como prueba de que no estaban de broma- vieron a Susan precipitarse al vacío y morir en los acantilados para luego ser engullida por el furioso mar. También pudieron escuchar los últimos gritos de dolor de Yven Lamar al que, antes de morir, rompieron las manos con una maza. Trataron de salvarlo con gran riesgo y subieron a combatir al filo del abismo, de hecho Gildor y Zoirasil estuvieron bien cerca de seguir a Susan en su macabro final. Los que sí lo hicieron fueron algunos de los hombres de armas que acaban de asesinar al elfo y la maga. Malbec hizo que alguno acabase sus días estrellado contra el acantilado... sea como fuere, eran cinco soldados y un joven caballero -que luego supieron que se llamaba Sire Guy Levre y era hijo del señor de Forral, el castillo que estaba un poco más al norte que estaba en guerra contra el feudo de Castillo Silar-, y los elfos, no sin esfuerzo, consiguieron vencerles. Cuatro de los hombres murieron allí aquella tarde, otro consiguió huir y el último, Sire Guy, consiguió rendirse a Gildor cuando ya estaba rodeado y su caballo muerto.

Regresaron con el prisionero a Castillo Silar donde Lady Lidia se hizo cargo del prisionero. Sire Carnarvon aseguró a Ilai que se respetaría a Sire Guy, por mal que le supiese a los que tenían ganas de colgarlo de un árbol bien alto. Al anochecer hicieron un funeral y quemaron los restos de Yven Lamar, muerto con 1012 años de edad.

El día siguiente, 1 de Mayo, es conocido en Akenar por ser el Día del Tonto. Esa noche hay dos lunas llenas y, según se dice, es una de las dos noches más mágicas del año. La moral del grupo estaba por los suelos pero aún así reunieron fuerzas para ponerse armaduras, cogerlo todo e irse de nuevo a la Estatua del Conde a acabar lo que habían empezado.
 

Datos de juego: el Signo de Géminis significa que una vez al día una tirada de habilidad cualquiera tiene un +1.

 

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Partida #15 "El Prisma"

Nuevamente, el Día de los Tontos, entraron en la Estatua del Conde. Esta vez exploraron el ala oeste de las ruinas donde encontraron no pocas sorpresas. Las ratas gigantes fueron el menor de los problemas puesto en unas estatuas encontraron unos pequeños compartimentos de los que, al abrirlos, salían una especie de criaturas de aire que -según Ilai- se llamaban acechadores invisibles. Fue entonces cuando a Zoirasil se le ocurrió la idea, en pleno combate, de verterles encima la tinta que habían encontrado en la sala de escribanía. Eso hizo mucho más sencillo el combate... las estatuas, por cierto, parecían ser de antiguos hombres sabios de las Islas de la Hechicería, según se enteró Zoirasil por medio del Anillo de Looke que, curiosamente, ese día era capaz de hablar. Luj, Arai, Yhan y Yek eran los nombres escritos en sus pedestales.

Tras eso siguieron indagando. Cocinas (donde se guardaron un raro polvo azul), una extraña sala de entrenamiento de armas -donde el paladín por poco muere acuchillado y donde vieron una especie de espíritu de un hombre- para finalmente encontrar un extraño jardín donde habían crecido varios arcianos y donde había un estanque de agua mágica, seguramente donde se había caído el pequeño Olivier Corbus, años atrás. Recogieron agua y regresaron atrás puesto que, según sus cálculos y lo que habían visto, les faltaba por encontrar una pasarela que les llevase al corazón de las ruinas.

Tras mucho buscar finalmente lo encontraron aunque no fue sencillo sortear a una estatua guardiana que estuvo a punto de abrasarlos a todos con su ojo de fuego. Acabaron con ella y, finalmente, en una estancia protegidísima, Malbec consiguió -escalando- robar lo que llamaron el Prisma, una especie de artefacto mágico que daba poder a todo aquel subterráneo. La propia maga al sostenerlo se notó mucho más poderosa.

Parecía que todo estaba más o menos explorado cuando empezaron a hablar si debían tomar el agua mágica o no. Podía ser peligroso pero aún así Zoirasil la probó con sus labios: todos se asustaron, en especial su hermana, cuando la maga perdió el conocimiento. Salieron del lugar y estuvieron esperando si recuperaba la consciencia bajo la atenta mirada del perro que, durante varios días, les había acompañado.

Por la tarde Zoirasil se despertó sudando. Había soñado que un ejército de norteños atacaría una ciudad de elfos próximamente y que algunos de esos hombres siniestros les buscaban a ellos por algo que no alcanzaba a recordar. Estaba asustada pero aún así habló un buen rato con su anillo. El mago Looke le pidió que le vengase: él era un mago reconocido en tiempos del Imperio Vilonio y quería que ella se enterase de quién le había matado y, a poder ser, hiciese algo al respecto. Los elfos habían oído hablar de él en alguna vieja historia de cómo los vilonios habían hecho frente a Oonegith, muchos siglos atrás. El mago dijo que tenía cuatro aprendices, Ynoth, Lucius, Eron y Vimaar; y su amada Helinna, que vivía en la ciudad de Haldheim, en Vilonia. Como avance le dio un hechizo de Bola de Fuego, para que viese qué clase de poder podría esperar de él en caso de tener éxito. Tras eso, la voz del mago se apagó.

Esperaron a la mañana pues así Ilai podría consultar con Corelion si era bueno beber el agua o no. Descansaron, aún con el disgusto de la cercana muerte de Iven Lamar, viendo el bonito reflejo de ambas lunas llenas sobre el mar.

Por la mañana Ilai lanzó sus conjuros y sus oraciones y les dijo que no había nada malo en beber el agua sino todo lo contrario, obraría cambios beneficiosos. Se turnaron para hacerlo, primero Zoirasil, Malbec y Auril. Luego Ilai y Gildor. Mientras el clérigo y el paladín estaban dormidos sucedió algo extraño: el perro que les había seguido durante aquellos días repentinamente se convirtió en un hombre, como por arte de magia: era un druida. Les dijo que se llamaba Nerak y que les había seguido esos días para ver si eran buenas personas o no. En cualquier caso él era el guardián del lugar; les contó que el Prisma que habían cogido daba poder mágico a aquel lugar y hacía que el agua que alimentaba a los árboles también fuese mágica. Si se lo llevaban los árboles morirían, especialmente por estar en un subterraneo y carecer de la energía que les daba la vida. Les pidió que le devolvieran el Prisma y ellas lo hicieron. Como agradecimiento les advirtió que diez o doce millas al norte había un grupo de hombres que les buscaban, ayudados para rastrearles por un chamán. Escapasen o no deberían librarse del brujo si querían llegar lejos. Se ofreció a ayudarles en esa tarea. Luego se fue a poner el Prisma en su sitio y fue entonces cuando Ilai y Gildor recuperaron el conocimiento... sólo pudieron ver irse al perro aunque Ilai quizás tuvo tiempo de ver el aura del animal.

Antes de salir de allí intentaron ver qué había tras el puente situado al este de los pasadizos. Encontraron un extraño navío a medio empezar en una gran cueva. Pero estaba severamente defendido por lo que optaron por salir de allí de una vez por todas. Aún tenían la Joya Verde y debían llevarla al Bosque de Ován. Tampoco sabían qué efecto había tenido en ellos el agua de la fuente mágica.

 

 

Altomago Looke de Vilonia


Luna

Seluna


Partida #16 "El Bosque de Ován"

Los elfos regresaron al Castillo Silar temiendo ser atacados por el grupo de svardos del que les había hablado Nerak. En cualquier caso el druida había dado su palabra de librarles del chamán que guiaba a los svardos por lo que supusieron que había tenido éxito cuando consiguieron llegar a mediodía al castillo sin sobresaltos. Apenas les había dado tiempo de ver a la señora del lugar, Lady Lidia, cuando desde una de las torres un soldado avistó un grupo de elfos a caballo que se aproximaba a la fortaleza. Sire Carnarvon pidió a Auril que hablase con ellos.

Los elfos habían sido enviados por la señora elfa del Bosque de Ován, llamada Aluna. Estaban dirigidos por un Alto Hechicero elfo llamado Loras que con rapidez cautivó tanto a Auril y Zoirasil debido a su buena presencia y sus modales élficos. Loras les contó que Eirina, una Tejedora de Sueños del bosque había soñado con ellos y había dicho que portaban un importante objeto sagrado. Habían sido enviados para escoltarles hasta el bosque y asegurarse que todo iba bien, pues en los últimos años aquellas tierras antaño pacíficas estaban plagadas de peligros.

Se pusieron en camino de inmediato, no sin antes despedirse de Lady Lidia y Sire Carnarvon. Los elfos traían caballos de refresco que usaron ellos en la travesía hacia el norte. Curiosamente pasaron cerca de Forral, feudo del que procedía Sire Guy, capturado unos días atrás y el hombre que había matado a Yven Lamar. El día que pasaron por allí era el Gedri'el Thal, el día élfico de la caza que aquel año y debido a la prisa de su viaje, no pudieron cumplir.

Tardaron casi una semana en llegar a las lindes del bosque de Ován, travesía en la que Loras demostró su capacidad sobrenatural para pasar inadvertido en los caminos de los hombres pues no encontraron ni un sólo problema y los viajeros apenas les saludaban o veían.

Una vez en el bosque se encontraron más cómodos aunque Loras les advirtió de la presencia nada extraña de trolls, lobos y, si la cosa se ponía muy mal, quizás bandidos.

Según se fueron internando en el bosque se fueron sintiendo más seguros. Al cabo de unos días entraron en un valle secreto en cuyo corazón se encontraba la Bóveda de Ován, un edificio que hacía de palacio y fortaleza para la mayor parte de los elfos que habitaban allí...

Entraron allí a media tarde del día 15 de Mayo.

Por el camino Loras, con su magia, había descubierto qué poderes tenían los objetos antiguos que habían sacado de la Estatua del Conde. Al llegar al bosque conocieron a Aluna, la Voz de la Bóveda, una elfa de baja talla pero muy inteligente y de modales ligeramente influenciados por los hombres. Corría el rumor de que estaba enamorada del señor de Draco, el insigne Olivier Corbus.

También conocieron a otros elfos del lugar, entre ellos Gáladen, Sumo Sacerdote de Corelion, que se encargó junto con Ilai de preparar el Templo para guardar allí la Joya Verde, un lugar mucho más apropiado que el camino y la aventura para un angreal ancestral. Zoirasil habló con Eirina, la Tejedora de Sueños, y le habló de los sueños que había tenido últimamente. De hecho previno a Aluna de un posible peligro sobre el bosque pues había soñado con un ejército svardo atacando una ciudad élfica. También estaba Eldrin, el capitán de los caballeros de Ován, muy orgulloso y que receló de ellos desde el primer momento que los vio. Y Theren, el aprendiz de Loras, de dudosos modales.

Hicieron una Asamblea Lunar aquella noche para recibirlos apropiadamente y agradecerles el enorme honor de recibir la Joya Verde. Pero tal y como acostumbran a hacer los elfos no demostraron enormes emociones al respecto, más bien un sordo bienestar.

Fue entonces cuando Aluna y Gáladen les propusieron una misión importante que llevaban un tiempo meditando y ahora que tenían más poder, sobre todo Loras, podían llevar a cabo. Les explicaron que uno de los secretos sagrados de Corelion eran las 113 profecías que marcaban el calendario élfico y que, como quizás sabían, se habían cumplido una tras otra hasta su totalidad. Aluna estaba preocupada por la crisis que podía representar para los elfos el final de los tiempos, aunque no fuese de manera literal. Decían las leyendas que en tiempos de Antigua los seguidores de Corelion tenían dos tablas de profecías. Con la caída de Antigua una de esas tablas fue al este y se guardó en Myrl, donde estaba en aquellos momentos. La segunda tabla viajó al oeste y cruzó el Mar del Olvido hasta un continente llamado Eria; al oeste del mismo los elfos fundaron un Reino llamado Myth. Y era allí donde se guardaba la segunda tabla de Corelion.

La idea era que Loras realizase un formidable hechizo que los hiciese viajar a Myth. Allí pedirían permiso a sus hermanos elfos para copiar la Tabla y traer consigo de vuelta. En principio el viaje no era peligroso pero nunca se sabía lo que podía pasar así que era mejor ir con precaución.

Así que se prepararon toda la noche para el viaje que tendría lugar al día siguiente. A Eldrin, el guerrero, no le sentó muy bien que no le pidiesen ir a él en vez de a un grupo de recién llegados, aunque estos hubiesen traído un angreal. Zoirasil aprovechó las horas antes de dormir para convocar a un hurón familiar que desde ese momento la acompañó a todas partes. Esa noche soñó cosas muy raras acerca de cuerpos gigantes en catedrales de aspecto siniestro...

Por la mañana se la veía como cansada, aunque no tanto como a Loras, que había creado una poderosa Clave para poder lanzar el conjuro que los teleportaría a Myth. Se juntaron en un círculo de polvo de plata. Desaparecieron bruscamente.

Aparecieron en lo alto de una torre con aspecto abandonado -aunque factura élfica- a medianoche. Luna llena y Seluna nueva, ósea sólo una luna en los cielos. Loras estaba en el suelo, muerto, con sangre saliendo de sus oídos. De hechos todos habían notado un agudo dolor en el pecho justo al llegar.

Bajo la torre una ciudadela oscura y silenciosa.

 

Bosque de Ován


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Partida #17 "Anochecer en Erioch"

Tras las brusca llegada a la misteriosa ciudadela élfica estuvieron un rato tratando de reanimar a Loras pero sin el menor éxito: el Alto Hechicero había muerto. La desesperación se hizo con el grupo durante un rato y luego la realidad se impuso y empezaron a intentar averiguar dónde se encontraban pues Zoirasil opinaba que algo había salido mal en el conjuro y que posiblemente no estarían en Myth, donde se supone que deberían haber aparecido. Lo que podían ver es que estaban en una torre de mármol, de factura élfica sin duda pero abandonada y con señales de haber sido atacada mucho tiempo atrás. Justo acababa de anochecer de forma que no se veía apenas lo que había en el valle alrededor aunque se oía una catarata, se entreveía un río y edificaciones y murallas... al menos se veían las siluetas bajo la luz de la Luna, que estaba llena.

Bajaron por los estrechos peldaños de la torre (donde encontraron algunos objetos olvidados como una herrumbrosa espada) y llegaron a unas estancias con altas columnas y puertas de bronce con el símbolo de Corelion -una Luna Creciente- en ellas, claramente golpeado por alguien que, tiempo atrás, quizás trató de borrarlo a golpes sin mucho tino o éxito. En el suelo había un viejo escudo decorativo con dos lunas rojas y dos águilas pero ninguno de ellos reconoció la familia noble a la que pertenecía. Por un rato barajaron la posibilidad de refugiarse en lo alto de la torre y dejar que pasase la noche, pues era más fácil de defender, pero finalmente siguieron avanzando con extrema precaución para ver qué se escondía tras las puertas labradas con la Luna Creciente. Avivó su curiosidad el hecho de que Malbec escuchó unos pasos tras la puerta.

Entraron en lo que resultó ser un templo de Corelion con su habitual planta circular, su palco para elfos insignes y muchas estatuas de ancestros iluminadas por la tenue luz de la luna que entraba por enormes cristaleras ojivales. Sin embargo todo esto había sido profanado por numerosos símbolos mágicos en círculos concéntricos al altar pintados con tinta oscura, cinco braseros de fuego frío formando un pentágono, huesos y un macabro trabajo de destrucción de las caras de todas las estatuas. Ilai pudo ver, además, que poderosos flujos de magia divina se movían en aquella estancia.

Lo que también se movía era una criatura que defendía el lugar, un terrible engendro que invocó con rapidez a numerosos muertos vivientes para defender la profanación. Con rapidez se formó una numerosa tropa de esqueletos guerreros y arqueros que atacaron sin piedad al grupo. La escaramuza fue intensa y en ella la maga Zoirasil pudo usar por primera vez el hechizo de bola de fuego que Looke le había enseñado apenas unas semanas atrás. El clérigo Ilai también hizo uso de su poder sagrado, en especial defendiendo un templo, para devolver al Más Allá a muchos de aquellos esqueletos que les habían atacado. Finalmente se impusieron en el combate sin nada más que alguna herida y moratones. Incluso el engendro había muerto en el fragor de la batalla, calcinado. Tras eso, con rapidez, usaron una cuerda para volcar uno de los braseros de fuego frío. Era muy pesado pero ellos eran cinco y finalmente lo tumbaron. El resultado fue evidente pues todos los braseros se apagaron a la vez y el poder de Magia Negra que manaba de ellos se disipó sin más, como si nunca hubiese existido.

No tuvieron mucho tiempo para congratularse de lo sucedido pues en aquel momento descubrieron que el cadáver de Loras no estaba donde lo habían dejado. Auril encontró un rastro de sangre que regresaba a la torre en la que habían aparecido y allí fueron todos salvo Malbec, que prefirió quedarse atrás, oculto en la penumbra. Subieron las escaleras de la torre. Al llegar arriba les esperaba el Alto Hehicero, la tez blanca y los ojos con mirada temblorosa.

Entretanto abajo Malbec se dio cuenta de que no estaban solos. Alguien entró en la estancia por una de las puertas con mucho sigilo. Durante un rato permanecieron a oscuras y en silencio manteniendo un duelo de tensión y nervios.

Loras estaba a punto de volverse contra ellos y en un último esfuerzo de voluntad el Alto Hechicero les pidió que le matasen antes de que se convirtiese en un no-muerto y les atacase. El lugar, sin duda, estaba maldito y eso había afectado al cadáver del elfo. El paladín, no sin cierta tristeza, le remató. Encontraron en su cuerpo una carta escrita en élfico, pociones, algo de dinero y un arma mágica de factura orca.

Abajo Malbec trató de luchar a oscuras con el intruso. Estuvieron un rato a vueltas y finalmente hablaron. El desconocido le dijo que estaba vivo y no era un enemigo. Malbec insistió en sus ataques pero finalmente se contuvo. Cuando el resto de elfos bajaron de la torre después de ver que el cuerpo de Loras se había marchitado y prácticamente desvanecido como si siempre hubiese sido un simple saco de piel seca, se encontraron con que el intruso era un trasgo. Parecía preocupado y hablaba común. Tenía aspecto de cazador experimentado, parte de la cara con una cicatriz de fuego. Runas pintadas en la piel aquí y allá. Dos dagas, arco. Dientes puntiagudos. Les dijo que había visto la luz en lo alto de la torre y que había acudido a ver qué pasaba porque no era muy normal su presencia allí. Nada normal.

Por él supieron que se encontraban en las Tierras de los Muertos, también llamados los Dominios del Nigromante, del Rey Brujo, Erioch.

 

 

Reino de Erioch


Luna

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Partida #18 "Huída"

El goblin Nigel decidió salir de allí puesto que una vez visto lo que pretencía -qué hacían unos elfos vivos en Thalanai- ya no se le había perdido nada allí. Se fue apresuradamente y ellos pensaron que podrían ir al templo de Corelion y seguir investigando, pero cuando hicieron esto descubrieron que un gran número de no-muertos se había reunido con intención de atacarles y comérselos vivos, dirigidos por una especie de mujer-engendro que resultaba repulsiva. Cuando fueron atacados sucedió con crudeza y no les quedó otra que huir del templo siguiendo los pasos del trasgo, bajando por la torre hasta las cocinas perseguidos por las huestes de no-muertos. En las estancias inferiores prácticamente se dieron por perdidos hasta que el trasgo apareció tras una trampilla secreta oculta en una chimenea y, sin duda, les salvó la vida.

La trampilla daba paso a un Refugio, un antiguo lugar élfico que tiempo atrás los habitantes de Thalanai habían construido para protegerse de los problemas que, como sabían, acabaron finalmente con aquellas tierras. El trasgo incluso tenía un mapa que no comprendía, pintado en pergamino con runas élficas con caracteres antiguos pero inteligibles. Se trataba de un lugar donde habían guardado algunos objetos y protegido a un arciano proveniente del Bosque de Dioses de la ciudad. Como bien sabían, todos los elfos de allí habían sucumbido finalmente.

Pasaron la noche junto a la reja que daba paso al refugio y luego exploraron el lugar un poco. Encontraron allí algunas cosas, entre ellos una fuente de aguas termales en cuyo fondo se guardaba un cofre metálico. Se hicieron con él y en su interior se guardaba un arco élfico de fina factura, del cual se apropió Auril. Encontraron algunas cosas más en el Refugio pero quizás lo más importante fue el arciano, un viejo árbol con el que pudieron hablar y que les habló de un gran Mal que había desolado los bosques alrededor de Thalanai, ya siglos atrás...

Salieron del Refugio pensando en salir al bosque a esconderse y decidir qué hacer. La magia de Corelion les mantendría protegidos de los no-muertos, o eso es lo que Ilai aseguró. Salieron a la luz en una de las escarpadas laderas de la muralla a medio derruir. Caminaron junto a un río hasta encontrar un puente. Aquí y allí veían no-muertos en las calles y sobre los viejos muros de la ciudad destruida, pero estos les ignoraban. No fue así cuando llegaron al puente que daba salida al bosque donde una mujer engendro les esperaba con malignas intenciones. Les atacó y a pesar de su ferocidad, el grupo consiguió derrotarla y matarla de una vez por todas... tras eso la huída al bosque...

 

 

Erioch


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Partida #19 "En el bosque del arciano"
 

Tras la huída de la ciudad de Thalanai y dar muerte al engendro en aquel puente los elfos se metieron en la espesura del que, según les había dicho el trasgo Nigel, se llamaba el Antiguo Bosque del Príncipe. Se trataba de un bosque de
aspecto siniestro y silencioso, sombrío, con apenas animales salvo unos pocos bien escurridizos. Las raíces se retorcían más de la cuenta, los ángulos de los troncos eran más pronunciados así como las espinas de las zarzas, el color de
las hojas era más oscuro del esperado... todo estaba tocado por una pátina de decadencia y perversa calma.

En cualquier caso ellos se movieron con diligencia por el bosque. Su condición de elfos les ayudó a recorrer mucha más distancia en una jornada que un grupo de hombres común, aparte de que los guiaba con habilidad extrema la exploradora Auril y, en cualquier caso, la frondosa espesura parecía facilitarles el paso, si eso fuese posible.
 

En los seis días de marcha por el bosque hasta llegar al río Gui sólo encontraron un grupo de trolls no-muertos que estuvieron a punto de dar un disgusto al grupo pues Zoirasil y Gildor salieron gravemente heridos a pesar de la magia del clérigo Ilai que evitaba que los monstruos los viesen.

Auril, durante esas jornadas, dedicaba parte de la noche a cantar y de alguna manera comunicarse con el arciano de thalanai, que les ayudó a frenar la llegada del Señor del Espanto enviado desde la Torre del Nigromante a la vieja ciudadela
élfica para, según dedujeron ellos, reparar el daño hecho al conjuro en el viejo templo de Corelion. El arciano también frenó a la horda de muertos que salió tras ellos en el bosque.

Zoirasil tuvo, esos días, terribles pesadillas. Vio lo que le pareció la Torre del Nigromante, donde según habían oído vivía el elfo llamado Ardalas. Vio también que un extraño engendro alado salía de la torre en busca de ellos. Sucedió que el primer refugio que encontraron, la primera noche de huída, fue una colina faérica donde encontraron unas misteriosas piedras, cuatro. El arciano hizo saber a Auril que muchos años atrás un druída había escondido la piedra que faltaba en un templo escondido en el bosque que no estaba muy lejos de allí... quizás aquello fuese un portal y quizás estuviese mejor cerrado, pensaron ellos.

Empezaron, poco a poco, a percibir el Velo que cubría aquellas tierras. Se trataba de una poderosa maldición que primero desmoralizaba, luego hacía enfermar y finalmente mataba y hacía regresar a la víctima de entre los muertos como un monstruo. Malbec fue el que más sufrió el efecto del Velo e incluso Ilai tuvo que intervenir con magia para evitar que la cosa acabase muy mal. Lucharon contra ello con agua bendita, magia y fuerza de voluntad pero empezaron a intuir
que su resistencia no sería eterna. Además quizás el Velo fuese a peor cuanto más pasase uno bañado en su ponzoña. O quizás había alguna forma de librarse de él puesto que algunos animales, como Bliz o algún zorro que vieron, no eran
afectados en absoluto.

Descubrieron además que los cuervos, o al menos algunos de ellos, espiaban para el Nigromante. De hecho el encuentro con los trolls quizás fue propiciado por esos pequeños y peligrosos mirones. Fuese o no cierta aquella sospecha, se dedicaron a disparar con el arco a todo aquel que tuvieron a tiro y al cabo de varios días habían dado muerte a unos cuantos.

Auril percibió de alguna manera que el monstruo alado no-muerto con el que había soñado Zoirasil les estaba acechando en las alturas pero no podía atacarles metidos en la espesura del bosque como se encontraban. El problema residía en que según el plan que ellos tenían debían cruzar el río Gui, con un cauce de unos cien metros de ancho, lo que les dejaría al descubierto por un rato. Les ayudaría, sin duda, la magia sagrada de Corelion con la que Ilai podía hacerles caminar sobre las aguas, nada más y nada menos. Así que cuando estaban en el linde del bosque con el río trataron de pasar con la mayor rapidez posible. No fue suficiente.

En efecto un enorme monstruo alado les acechaba en las alturas y en cuanto les vio pasar les atacó. Pasó volando cerca de ella y pudieron ver que se trataba de lo que parecía un dragón gigantesco pero sólo montado de huesos. Esto les llenó de terror -a todos salvo a Gildor-. El monstruo, al vuelo, les lanzó un rayo azul que alcanzó a Ilai y a Gildor y a poco estuvo de matarlos en el acto.

Por suerte el monstruo no tuvo rapidez para rematarlos en el sitio, así que antes de que regresase los elfos ya se habían escondido en la espesura del otro lado del río, con el corazón desbocado de miedo y alivio. Pero la criatura seguiría rondando en los cielos, eso estaba claro.

 

 

Reino de Erioch


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Partida #20 "El dragón esqueleto"

Durmieron en la orilla del río Gui, en una grieta de musgo que resultó ser de lo más tranquila y cómoda. Habría incluso sido una noche agradable de no ser por el sonido del viento en las copas de los árboles que todos sabían que provenía de las gigantescas alas del dragón esqueleto que les merodeaba...

Esa noche, además, sucedió algo extraño. Ilai y Gildor tenían una especie de sensación eufórica que les tenía un poco en vilo. Decidieron rezar para calmarse y estuvieron así una o dos horas, luego se fueron a descansar... a medianoche Malbec, que dormía, tuvo un sueño extrañísimo en el que se vio a si mismo en la niebla hablando con alguien a quien no veía. Ese alguien le dijo que no habían llegado allí por casualidad sino que el resto de sus compañeros tenían una misión que cumplir, destruir a los Caminantes, que eran muertos vivientes hechos con cadáveres de gigantes y que, según el ente onírico, destruirían los reinos de los hombres y los elfos más allá del Muro.

Sin embargo cuando Malbec se despertó y les contó lo que había soñado, algunos no dieron ningún crédito a su sueño, sobre todo el clérigo Ilai. Curiosamente el clérigo había percibido un sustancial y palpable aumento en su poder divino durante un rato... Por la mañana estuvieron debatiendo un rato para ver si se enfrentaban al dragón esqueleto que les merodeaba o no. Tras cierta discusión acabaron diciendo que sí lo intentarían... con el paladín como cebo.

Así fue cómo Gildor se fue al río espada en mano para enfrentarse al que podía ser el último enemigo de su vida...

El dragón atacó al paladín con rapidez. Esto era parte del plan pues en cuanto la bestia se acercó volando el grupo lanzó todo tipo de flechas, hechizos divinos y bolas de fuego al monstruo terrible. Éste lanzó un relámpago azul a Gildor, que estaba protegido por la magia de Corelion. Sin embargo al regresar volando y agarrar al paladín entre sus garras fue cuando realmente corrió peligro la vida del elfo. Sólo el feroz ataque que efectuó el grupo al completo, rompiendo los huesos del esqueleto alado, acabó por destruir la nigromancia que mantenía en vuelo al dragón, que se fue al río. La caída también estuvo cerca de matar a Gildor que, heridísimo, sobrevivió. El grupo estalló en júbilo según vieron que el dragón esqueleto había sido vencido, aunque Zoirasil tuvo la rapidez de recuperar un pequeño fragmento de dragón antes de que la fuerte corriente del río se la llevase. Tras eso, decidieron salir de allí hacia el sur. Auril se comunicaba a menudo con el arciano de modo que supo que estaban seguros en el bosque aunque el trasgo Nigel les seguía. Ignoraron al goblin y siguieron bajando y sufriendo, día tras día, los peligrosos efectos del Velo. Llegó un día en el que alcanzaron el linde del bosque y avistaron desde allí una iglesia humana en una colina alta. Alrededor de la iglesia había algunas casas, no muchas. Discutieron qué hacer, si ir a ver qué era aquel sitio o si pasar de largo...

Como Nigel les seguía aún, pensaron que sería buena idea preguntarle el motivo. Fueron Auril y Gildor mientras Malbec, Ilai y Zoirasil preparaban el campamento donde pensaban pasar la noche. Encontraron al goblin a una milla, aproximadamente. Al llamarle se acercó pero en ese momento, cuando empezaron a hablar, Gildor se mostró algo duro con el trasgo y éste se ofendió. Discutieron y el que había sido un aliado que les había salvado la vida en Thalanai se convirtió aquella noche en un enemigo. Tanto que más tarde, después de separarse, atacó el campamento donde pasaban la noche, o más bien al paladín, al que tiró un dardo envenenado con unas hierbas del bosque. Tras eso, según parece, se escapó y se perdió en la noche.

Avistaron por la mañana, en la colina de la iglesia, un grupo de tres hombres con túnicas negras típicas de los seguidores de Nerull, en Dios de los Muertos. Llevaban consigo una camilla con un hombre encima y entraron en la iglesia. Sin embargo los elfos, a pesar de la opinión de Zoirasil, decidieron salir de allí.

Cuando llevaban como media hora hacia caminando hacia el sur avistaron, en la misma dirección de donde venían, una pequeña columnas de humo, como de una fogata. Les pareció que quizás el trasgo Nigel, como último regalo de despedida, estaba avisando a los moradores de aquellas siniestras tierras del paso de los elfos. Ayudados por el arciano, apretaron el paso y decidieron pasar la noche en una cueva bajo una catarata que no se encontraba muy lejos. Tras unas horas de caminar rápido llegaron allí y descansaron, se trataba de un buen refugio natural, una cueva con agua y aire fresco y musgo.

Cuando estaba descansando, el clérigo encontró un símbolo raro en la pared. Avisó al resto y, tras retirar el musgo, vieron que había una puerta de piedra en la pared.

 

 

Reino de Erioch


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Partida #21 "El Templo del Tiempo"

Habían encontrado aquella extraña puerta cubierta de musgo en la que se veían, esculpidos en piedra de granito, unos símbolos y caracteres nunca vistos por los elfos. La extraña puerta era circular y tenía una argolla que podía facilitar su apertura desde fuera. Estuvieron valorando si abrirla o no para, finalmente, decidir que lo más sensato sería descansar hasta el amanecer y entonces quizás hacer algo. La huída por el bosque les tenía fatigados, en especial a Gildor que aún sufría los rigores del veneno del trasgo Ygor.

Descansaron pues en la cueva cubierta de musgo, el primer lugar ciertamente tranquilo que habían visto en unos días, desde que se habían alejado del Refugio en Thalanai donde se encuentra el arciano. Hicieron guardias, como de costumbre, y fue en el turno de las gemelas cuando algo sucedió: detrás de la catarata vio una gran sombra que se movía en la noche. Debía ser inmensa para ser vista a través del agua aunque el rugido del agua les impedía escuchar nada de lo que sucedía fuera. Se despertaron todos y empezaron a armarse apresuradamente, y fue entonces cuando vieron una gigantesca cabeza de entre dos y tres metros, asomarse por la gruta para mirar en el interior de la cueva, donde ellos se encontraban. Sus rasgos eran humanoides, feísimos, grotescos, pero de humanoides.

Habló con una voz profundísima y grave, altísima, y aunque todos salvo el paladín pasaron miedo, dio la impresión de no venir con malas intenciones. Quería saber qué hacían allí y quiénes eran...

Todos salvo Malbec salieron de la cueva a parlamentar con el gigante, que no se presentó. Tuvieron una extraña conversación en la que Zoirasil fue la que más habló. Pudieron deducir que el gigante se había quedado solo esos días y que buscaba a sus compañeros desaparecidos. La maga imaginó que serían los no-muertos con los que había soñado días atrás y, de ser así, se encontraban en la Torre del Nigromante, en las profundidades del Reino de Erioch... el gigante, que nos sabía ir hasta allí, se las apañó para arrancar del grupo la promesa de llevarle allí y lo antes posible. Lo más que pudieron hacer es conseguir que esperase hasta el amanecer, para que les diese tiempo a descansar del todo.

Se volvieron alterados al interior de la cueva después de que el gigante les diese bellotas e hidromiel para que bebiesen. Zoirasil también estaba un poco nerviosa porque su hurón había desaparecido, seguramente dentro de una grieta que habían encontrado.

Decidieron que sería mejor echar un vistazo tras la puerta antes de irse, que ya estaba abierta porque Zoirasil y Auril la habían abierto al ver que había un posible enemigo fuera.

Entraron por un pasillo que parecía natural. El pasillo daba a una estancia natural de la gruta por la que entraba una extraña luz cenital. Salvo un pasadizo que giraba al fondo, toda la estancia estaba visible, musgo, olor a verde, piedras extrañamente bien colocadas en el suelo y, al fondo, una estatuita de madera pintada con pan de oro.

Empezaron a explorar la sala sin encontrar nada que les llamase la atención, o al menos hasta que se acercaron a la estatua que representaba a un hombre viejo sentado con ojos rasgados. Fue Malbec el que se dio cuenta de que la estatua movía los ojos, lo cual le asustó mucho inicialmente. También hablaba. Se presentó como el Guardián del Templo del Tiempo.

Según averiguaron por la estatua animada, se encontraban en un lugar mágico que era la puerta entre dos momentos, el Pasado y el Presente. El Pasado llevaba al momento en el que el Templo había sido construido y el Presente al tiempo que corría, cambiante en cada momento. El Guardián lo que hacía era permitir a los viajeros el pasar la puertas del tiempo y luego decidir si podían regresar o no. Podían viajar al Pasado pero no podían cambiar nada. Al menos no podían cambiarlo y regresar.

Auril intentó convencerlos de que debían viajar a través del Templo y evitar, si era posible, que Aesir se convirtiese en Erioch, o quizás que el elfo Ardalas nunca llegase a ser el Nigromante... sin embargo no fue muy convincente y ni Gildor, ni Ilai ni Malbec se animaron siquiera a intentar cruzar la puerta temporal...

Sí lo hicieron Zoirasil y Auril. Las dos hermanas bebieron de la fuente que se encontraba al final del pasillo, en el Templo del Tiempo, y sufrieron un sueño poderoso que hizo que cerrasen los ojos. Al abrirlos, estaban solas allí.

Salieron al bosque que había cambiado drásticamente, no quedaba rastro del lugar gris, silencioso, sin animales, decadente y frío que habían cruzado esos días. Estaban ahora en un bosque frondoso y vivo, con sonido de pájaros y animales por doquier, fuentes, helechos, hierba, maleza, hojas...

Animadísimas por el lugar en el que se encontraban decidieron tratar de acercarse a la población que habían visto el día anterior con aquella tenebrosa iglesia, imaginando quizás que tiempo atrás también la encontrarían diferente. Sin embargo nunca llegaron. Como a una hora de camino por el bosque se toparon con un camino, y en el mismo vieron a varios jinetes que justo capturaban al que parecía un fugitivo embozado. Ellas se agazaparon para presenciar la escena sin participar puesto que no querían quedarse atrapadas en un tiempo antiguo que no les correspondía vivir.

Se trataba de tres jinetes armados con extrañas espadas de un sólo filo. Los tres tenían los rasgos rasgados, igual que la estatua, y eran seguramente de talla pequeña, incluso comparados con un arcano. Uno de ellos llevaba puesta una armadura que le daba aspecto de escarabajo. Habían rodeado al hombre que escapaba a pie de ellos y que portaba consigo un saco.

Antes de que pudiesen reaccionar, el hombre a pie había perdido la cabeza. El hombre de la armadura se la había cortado. Luego se hizo con el saco y fue entonces cuando ellas se dieron cuenta de que no era un saco sino un niño, un recién nacido seguramente. El asesino llevó al bebé a un lado del camino, asido por un pie, y lo atravesó de lado a lado con su espada.

Zoirasil prácticamente tuvo que abalanzarse sobre su hermana para que ésta no interviniese...

Los tres jinetes se fueron por el camino hacia el sur. Auril salió llorando de entre los arbustos para ver de cerca la escena y descubrió que el bebé asesinado era en realidad elfo, seguramente recién nacido. Y no estaba muerto sino agonizando en lo que serían sus últimos segundos de vida. Con la oposición de Zoirasil, Auril cogió al niño en sus brazos y trató de cerrarle la herida por la que manaba sangre de manera mortal. Trató de cortar la hemorragia y pensó que quizás las bellotas del gigante tuviesen algún efecto en el bebé, de modo que mordió una, la masticó y luego se lo dio al bebé que pareció mejorar un poco en su agonía.

Salieron corriendo de allí con el niño en brazos hacia el Templo del Tiempo. Por el camino las dos elfas pararon para que Auril reviviese al niño dos o tres veces porque, literalmente, se moría. Zoirasil no paraba de recriminar a su hermana su falta de mollera, pero a ella le importaba un bledo todo salvo salvar al niño,

Llegaron al Templo del Tiempo y el Guardián se sorprendió de su pronto retorno. Juzgó que el hecho de que salvasen al Príncipe no cambiaba nada si se lo llevaban con él; se entendió que en esa época habían dado por muerto al niño o, mejor dicho, había muerto y punto. Si lo dejaban atrás cambiarían algo y el Guardián no les permitiría regresar, así que lo llevaron con ellas.

Para Ilai, Gildor y Malbec ellas estuvieron fuera un pestañeo, o sea nada. Les impresionó que volviesen con un bebé y lo curaron mágicamente de modo que el niño dejó de agonizar y se puso a dormir pacíficamente. Discutieron entre ellos acerca de lo que hacer, pero en realidad no tenían elección, llevarían al niño con ellos.

Todos se sentían con muchas fuerzas después de tomar las bellotas del gigante. Antes de salir Ilai lanzó un hechizo que le permitía entender otros lenguajes y así pudo ver que las puertas del Templo del Tiempo no desvelaban más que su nombre. Cuando salieron de la cueva por la catarata, el gigante les esperaba impaciente. Fue entonces cuando Ilai pudo ver en el hacha mágica del gigante que las runas que tenía escritas rezaban:

"Es éste un presente
para Nanuuk
de aquellos que habitan en el Inframundo"

y en la armadura de placas del gigante se leían nombres de enemigos derrotados pintados en tinta oscura...

"Umli el Rey"
"Raktar"
"Lui el Menor"
"Semelión"
"Anthil"
"Durmas"
"Balbor"
"Raktar"
"Godofredo"
"Bombo"

Se pusieron a caminar por el bosque tratando de seguir el paso del gigante, asunto imposible.

 

Términos de juego: Zoirasil ha deducido, con sus conocimientos de alquimia y magia, que la comida del gigante tiene una poderosa influencia mágica; si uno la resiste bien (pasando una tirada de Fortaleza DC 10) aumenta de manera permanente un punto de Constitución y da, temporalmente, un +5 a las TS de Fortaleza. Dicho efecto sólo dura una semana, exactamente el tiempo que se pasa uno sin necesidad de comida. Si uno falla tres veces la TS al comer estas bellotas, muere. Obviamente el aumento de Constitución sólo sucede una vez en la vida. Es posible que la magia de las bellotas tenga otros efectos que serían desvelados con un estudio más minucioso o con conjuros. Por el momento se desconocen los efectos del hidromiel.

La proximidad con el gigante anula la capacidad para Ver Magia de los elfos puesto que su equipo tiene una magia poderosa que deslumbra todo.

 

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Partida #22 "Ataque a Ankorh"

Nanuuk y los elfos caminaron por el bosque hacia el noroeste y durante todo el martes, 3 de Junio, apenas tuvieron que parar a descansar gracias a las bellotas mágicas del gigante. El niño iba durmiendo sin hacer el menor ruido y sólo el Velo les enturbió un poco la jornada, creando un poco de misteriosa inquietud en sus corazones.

Por la noche hablaron acerca del camino a seguir, y fue entonces cuando Nanuuk les habló de un mapa que tenía consigo aunque no sabía leerlo. Al parecer se lo había dado un extraño en las cercanías de Galhalla, un lugar que, según ellos entendieron, estaba defendido por hombres vivos con los que el gigante comerciaba de vez en cuando.

Las dudas se apoderaron del grupo. No sabían si debían encaminarse hacia ese pueblo, Galhalla, o seguir la promesa que le habían hecho al gigante e ir directamente a la Torre del Nigromante. Nanuuk les dijo que había pensado que con lo débiles que eran ellos, mejor sería pasar primero por la llamada Cueva del Castigo donde, según les dijo, los seguidores del Nigromante custodiaban una serie de objetos mágicos que no habían podido corromper o destruir, por algún motivo. Dichos objetos les ayudarían en su ataque a la Torre. Sin embargo una nueva idea vino a la mente del grupo. Se encontraban muy cerca de la ciudad de Ankorh y quizás, con el poder del gigante, podrían atacar la iglesia que habían visto días atrás y destruir una de las fuentes de poder del Nigromante.

Auril, en cualquier caso, se sintió intrigada por la identidad de aquel que le había dado el mapa al gigante, sobre todo cuando éste menciono que aquel extraño hablaba el idioma del gigante y, además, le había dicho que se encontraría con un grupo de elfos unos días después, como efectivamente sucedió. El arciano del bosque, cuando fue preguntado acerca de si sabía quién era el bebé que habían rescatado, transmitió a la elfa la sensación de que no distinguía apenas la identidad de los moradores del bosque. Eso si, recordaba a Auril y Zoirasil de mucho tiempo atrás y que por aquel entonces se había armado un buen revuelo en lo frondoso del bosque porque muchos, sobre todo elfos, habían buscado a algo o alguien con una inusitada insistencia -sin éxito-. Dedujeron que se trataba del niño elfo.

El arciano también le hizo saber que un gran mal se había acercado a la ciudad  de Ankorh en aquellos días. No se trataba de uno de los Señores del Espanto sino de un vampiro, un terrible enemigo, según los escasos conocimientos de Ilai y Zoirasil al respecto. Tras pasar la noche allí, atacaron la ciudad muerta por la mañana. Encontraron oposición ya en las afueras de las ruinas, donde se produjo un combate con numerosos esqueletos y zombis. Tres de los no-muertos usaban magia y uno de ellos estuvo a punto de aniquilar al grupo invocando un poderoso relámpago que alcanzó a todos. Por suerte sobrevivieron y, de paso, vieron en batalla al gigante Nanuuk, cerca del cual no se podía estar porque blandía el temible hacha por igual contra amigos y enemigos.

También entre las ruinas encontraron los restos de un viejo templo de Corelion donde Malbec encontró un cristal de memoria élfico. No tuvieron tiempo de examinarlo mucho, en cualquier caso... Avanzaron por las casas y subieron la colina que coronaba la ciudad en ruinas. Allí se encontraba una vieja iglesia de Pelor, de planta de cruz, y muy cerca de ella una sólida torre. Alrededor todo era tierra batida como si hubiesen removido todo hasta bien profundo. Ilai dedujo que la iglesia aún seguía siendo sagrada pero que dicho sagrado había sido corrompido por algún encantamiento situado en la torre, que arrastraba la energía y con toda seguridad la encauzaba hacia la Torre del Nigromante, a muchas millas de distancia. Aquel enorme poder era el que seguramente mantenía vivo el Velo. El grupo se separó, Nanuuk empezó a romper todas las puertas y ventanas de la iglesia para asegurarse que el vampiro no estaba en el interior, si es que eso era posible -por el sagrado-. Zoirasil y Gildor se acercaron a la torre donde la maga vio a un no-muerto en uno de los ventanucos y lo reventó con una bola de fuego. Parecía que la elfa estaba bastante nerviosa.

Quizás eso explica que, cuando pudieron ver bien el interior de la iglesia, entrase junto a Gildor e Ilai un poco fuera de si. Mientras Auril y el gigante pensaban en directamente quemar la torre prendiéndole fuego -quizás el vamiro estuviese en su interior y una buena solución era que todo ardiese sin más-, Malbec se escondió fuera y el resto, en la iglesia, encontraron un enorme número de personas recientemente sacrificadas. Los cuerpos aún ensangrentados yacían en el suelo de mármol blanco. Quedaba, sobre el altar, un hombre viejo con ropas humildes. Parecía recién apuñalado en el pecho pero aún respiraba. Entonces el paladín se apresuró a curarle mientras Ilai empezaba a sospechar que todo aquello -y unos raros símbolos arcanos en el suelo- era parte de un ritual para conseguir mucho poder de manera rápida. Desconocía el entramado mágico pero se temía que podía ser un conjuro a punto de ser lanzado...

El anciano, que volvía a respirar, se giró al paladín y le dio las gracias por haberle sacado de su agonía. Luego cerró los ojos y fue en ese instante en el que Zoirasil, presa de los nervios, gritó al clérigo y al paladín que se apartasen del altar. Cuando lo hicieron, la maga lanzó una bola de fuego sobre el anciano, que murió reventando sobre el mármol níveo. En el preciso instante en el que murió, un conjuro se desató en el lugar y, por lo que Ilai pudo ver en ese momento de confusión, el gigante Nanuuk era su objetivo.

 

Pasaron unos segundos y el gigante, que estaba poniendo una puerta en el fuego de la torre, cambió su rostro y cogió su hacha.

 

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Partida #23 "La caída del vampiro Elyah"

El gigante Nanuuk empezó a tratar de entrar en el templo de Pelor de una forma que hizo sospechar a Ilai y Zoirasil que el ritual era más poderoso de lo que habían imaginado en un primer momento. De hecho todos salvo Gildor se asustaron mucho cuando Nanuuk, fuera de si, dio la primera patada al parteluz del pórtico. Fue entonces cuando Auril, desde una ventana, vio algún movimiento en la torre aledaña y le pidió a Zoirasil que hiciese algo (puesto que ya había roto el sagrado). La maga no dudó en usar su poder y lanzar otra bola de fuego a través de la ventana. Escucharon una explosión pero no supieron qué efecto había tenido realmente su ataque, así que la elfa mandó a su familiar, el pequeño Blir, a investigar. Esa sería la última vez que lo verían vivo al hurón.

Nanuuk estaba a punto de entrar y el paladín, imaginando que quizás el vampiro estaba cerca y lo controlaba desde allí, subió apresuradamente a la torre del templo. Allí en efecto descubrió más círculos pintados en sangre y símbolos en una estancia de altas columnas de madera y ventanas tapiadas. El mal rebosaba por todas partes en aquel lugar pero Gildor no se intimidó. En un pestañeo una criatura de las sombras se le abalanzó tratando de asesinarle vilmente...

Se produjo un combate a muerte entre el vampiro y Gildor. Aparecieron invocadas criaturas de la noche que rodearon al paladín mientras abajo Ilai conseguía calmar a Nanuuk con un conjuro divino. Subieron a la torre todos a combatir al no-muerto y consiguieron darle muerte definitivamente, no sin que éste antes drenase parte de vida al paladín, que se quedó realmente debilitado.

Quiso la fortuna que el conjuro que el vampiro había lanzado sobre el gigante le acompañase al más allá, de modo que indirectamente habían liberado a Nanuuk de las garras de la muerte...

El gigante, enfurecido, se hizo con el cuerpo del vampiro y lo sacó a la luz del día para que ardiese. Lo machacó con el hacha mágica y luego Zoirasil, todavía impactada por la muerte de Blir, estuvo recogiendo polvo de vampiro para sus pociones alquímicas.

Quemaron la torre sin la menor piedad sobre lo que pudiese haber dentro. De esta forma rompieron con fuerza el conjuro que mantiene levantado el Velo en todo Erioch, lo cual sin duda enfureció a muchos enemigos entre los no-muertos.

Salieron corriendo de Ankorh. Llegaron al bosque y se pararon a descansar unos minutos pero sabían que seguramente todos los enemigos en varias millas a la redonda les perseguirían a muerte. De hecho sucedió. Horas más tarde, en un claro del bosque, se encontraron rodeados por una horda de no-muertos, zombis, sombras, esqueletos, trolls esqueletos e incluso sabuesos del infierno con los que tuvieron una batalla de magia y espadas. Nanuuk demostró lo temible enemigo que podía ser en un enfrentamiento directo y él sólo mató a la mitad del ejército enemigo. La otra mitad estuvo no muy lejos de matar al grupo con bolas de fuego, hachazos y ataques de sombra. Pero el grupo de elfos sobrevivió, e incluso el bebé (que acabó agonizando, pero lo salvaron).

Parece que debían ir al norte a las Cuevas del Castigo, el gigante había dicho que allí podrían conseguir armas mágicas para combatir a Ardalas. Sin embargo Nanuuk no creía que él mismo pudiese ir a la Torre del Nigromante, otro hechizo como el que había sufrido podría ser el fin de todos.

Alquimia: el polvo de Vampiro vale para varias cosas, una Poción de Recuperación de Poder Mágico, que restablece 1d12 PP de manera instantánea, es una poción fácil de hacer, Alquimia, DC5. Más complicada la Poción de Aceleración, DC15, funciona como un hechizo de acelerar, aunque usa el doble de ceniza de vampiro (2 dosis). Y más complicada, DC30, una Poción de Alargamiento de Vida, (10 dosis) que rejuvenece en un año al que la toma. Un vampiro entero, como fue el caso, tan sólo genera 3d10 dosis de ceniza. En el caso de Zoirasil consiguió 19.

 

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Partida #24 "El origen de Loras"

Tras la batalla se encontraban extenuados por lo que apenas se apartaron varios cientos de metros para pasar el resto de la noche en un hueco de un árbol gigante que encontró Auril. A pesar de los ronquidos de Nanuuk pudieron descansar, unos mejor que otros puesto que Zoirasil soñó con un extraño y tenebroso castillo que parecía esperarles con alguien muy enfadado en su interior.

Por la mañana, a pesar de que los cuervos seguían acechando desde lo alto del bosque, emprendieron la marcha hacia el norte, no sin que antes Zoirasil y Auril (con el bebé) fuesen a revisar los restos de la batalla de la noche anterior, contra la voluntad de Nanuuk. Tuvieron la mala suerte de envenenarse con la podredumbre de los zombies muertos que aún corrompía todo cerca y la maga llegó a quedarse inconsciente. Tuvieron que usar la mitad del agua sagrada que les quedaba para que se desintoxicasen, y el niño casi muere, una vez más. El gigante, siendo preguntado por el clérigo al respecto de las Cuevas del Castigo, les contó que los seguidores de Ardalas habían ido recogiendo algunos objetos en los templos de Corelion que no podían destruir y habían decidido guardarlos en una profunda cueva, para evitar que no acabasen en malas manos -más bien en buenas-. Recuperar aquellos objetos debía ser clave para poder derrotar a Ardalas puesto que el Nigromante dominaba la magia en gran medida y sería una locura enfrentarse a él sin más.

Apretaron el paso hacia el norte todo lo que el debilitado Gildor podía aguantar, puesto que aún no se había recuperado del combate con el primer vampiro, en Ankorh. Parecía que serían unas jornadas tranquilas pues el aire era más respirable y el Velo parecía haber remitido en gran medida. Sin embargo el arciano les avisó de la presencia de una temible criatura que se aproximaba hacia ellos a través de las Ciénagas de Mil Ojos, a gran velocidad. Por el día se enterraba, por lo que se temieron que se tratase de otro vampiro. Tras la segunda jornada escapando de él, Zoirasil llegó a la conclusión de que si no escapaban a pesar de la noche, éste les alcanzaría. Le hicieron caso a la maga a pesar del castigo que le habían impuesto el resto de seguidores de Corelion por sus continuas faltas y en efecto su consejo se probó útil: al amanecer el vampiro casi les había alcanzado. Se le ocurrió entonces al clérigo que en vez de aprovechar el día para huir del monstruo impío, debían retroceder y buscar su escondite y, con la ventaja de la luz del sol, atacarle. Eso hicieron y aunque corrieron algunos riesgos, funcionó. El vampiro, una vez desenterrado, ardió como si el infierno se lo llevase, quizás ayudado por unos flechazos, espadazos y bolas de fuego.

Victoriosos, cruzaron el río y descansaron unas horas para luego virar al oeste otra jornada. Fue esa noche cuando recordaron el cristal de memoria que habían encontrado en Ankorh y el clérigo Ilai lo usó para leer lo que decía en su interior.

Lo que vio puede leerse aquí.

Quedaron impresionados al saber la historia de lo sucedido. Al llegar la mañana no dudaron en hacer un Rito de Nombre para el bebé puesto que aún no tenía uno. Le llamaron Loras, en recuerdo al Alto Hechicero que los había traído aquí, quizás por error, y había muerto al cruzar el Velo.

Dos días después llegaron a las cercanías de las Cuevas del Castigo, donde Nanuuk decidió despedirse de ellos. Ilai le incitó a ir a atacar, mientras ellos asaltaban la Torre del Nigromante, los otros cuatro centros de poder que mantenían el Velo, o sea Thalanai, la Torre de los Muertos, la Torre de Tortura y la Ciudadela de Piedra. El gigante pareció aceptar la idea y les dijo que les volvería a ver en Galhalla, el único pueblo donde aún quedaban hombres vivos en todo Erioch.

Auril y Malbec se acercaron a explorar las cercanías de las cuevas, sobre todo el elfo que ayudado de su capa mágica pudo acercarse mucho más. Divisó dos casas fuera de una empalizada de madera, vieron a un elfo con una túnica en una de las casas y luego otro en una de las atalayas de madera. Había también una especie de foso que no acabó de gustarle a Malbec, así que salió de allí.

Al volver estuvieron haciendo planes para atacar el sitio al día siguiente, pero esa noche Zoirasil tuvo sueños raros. Soñó que se acercaban muchos esqueletos, y con unos subterráneos en las cuevas con muertos colgando del techo, y con un pozo donde guardaban los objetos sagrados vigilado por una criatura deforme y obesa... Antes de poder dar sentido a sus sueños se despertó y alertó a todos. En efecto casi un centenar de no-muertos se aproximaba al campamento.

 

 

 

 

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Partida #25 "Magia de Sangre"

Los elfos se encontraban en realidad rodeados por muertos vivientes y al darse cuenta de ello Zoirasil, Auril (con Loras) y Malbec se subieron a copas de los árboles. Ilai y Gildor se quedaron abajo, esperando enfrentarse a los numerosos enemigos que estaban por llegar.

Con los muertos venía un clérigo de Nerull, el Dios de la Muerte, cuyo máximo seguidor en Akenar es el Rey Demonio llamado Oonegith. Algún tipo de conjuro divino hizo que Ilai cegase al clérigo enemigo, mientras las hordas de esqueletos accedían a la colina incluso usando poderosa magia contra ellos.

A pesar del alto riesgo, los elfos se impusieron en la batalla gracias a las expulsiones sagradas y las bolas de fuego de Zoirasil, que destrozaron decenas de enemigos. Y cuando acabaron con los muertos persiguieron y dieron caza al clérigo elfo, que les maldijo antes de morir.

Exhaustos por el combate, buscaron otro refugio. Fue allí donde Malbec estuvo tratando de descubrir qué le pasaba pues en ocasiones sentía cierto cosquilleo en los dedos. Estuvo probando y descubrió horrorizado que podía romper una piedra concentrándose, pero le dolía mucho el pecho al hacerlo. Asustado, fue a preguntar a Ilai y Zoirasil de qué se trataba aquello.

Los elfos pensaron que podía tratarse de Magia de Sangre, una antigua y tenebrosa disciplina mágica que usaba la fuerza vital de uno mismo para extraer de ella un poder inusitadamente fuerte y violento. Era peligrosa, desde luego, tanto para él mismo como para los demás. Algo asustado, Malbec pareció decidir evitar usar aquel nuevo talento que quizás le venía dado por el Agua de Vida que había probado en la Estatua del Conde, mucho tiempo atrás.

El clérigo Ilai se quedó pensativo acerca de aquello, tratando de deducir cómo el Agua de Vida le había afectado a él mismo.

Esa noche Zoirasil notó que el anillo de Zhor estaba especialmente entusiasmado por el éxito de la magia en la última batalla y otorgó un conjuro nuevo a la maga.

Fue por la mañana cuando llegó el Cuervo. Ya desde lejos parecía ligeramente diferente del resto y se fue acercando hasta que llamó la atención de Auril. La elfa lo fue llamando -al contrario de lo que hacían con otros cuervos a los que abatían con flechas en cuanto estaban a tiro- y el animal acabó por posarse en ella. Era mágico, por lo que parecía algo que seguramente no era. Además se comunicaba en cierta forma, demostrando inteligencia. Les hizo saber que antes era un hombre. Por culpa del cuervo acabaron discutiendo un poco entre ellos, Auril lo veía como un poderoso aliado, mientras que Ilai, Malbec y Gildor veían que era un peligro pues no sabían de dónde había salido y si era un espía del Nigromante.

Y es que, como ellos se temían, si Ardalas era el enemigo inteligente y poderoso, los peligros y la muerte podrían llegar de muchas formas. Como todos sabían, un hechicero no sólo tiene la magia consigo sino una poderosa mente maligna con la que enredar, dañar, corromper, desesperar, humillar y derrotar a sus enemigos. Y eso es lo que debían esperar del Nigromante.

Se dirigieron a las Cuevas del Castigo.

 

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Partida #26 "Ataque a las cuevas"

Se acercaron con cautela a las cercanías de las cuevas donde habían avistado algún vigía apostado en la muralla de madera que cerraba el recinto. Fuera de la muralla había dos casas de piedra y un extraño foso donde Malbec había visto que arrojaban restos de comida.

El inicio del ataque fue más caótico de lo esperado. Asaltaron una de las casas de piedra sin demasiadas sutilezas y allí dieron muerte a una elfa con aspecta de clériga de Nerull. Sin embargo sólo la rapidez de Malbec evitó que los elfos que guardaban la muralla cerrasen el portón. Hubo un combate duro donde perdieron la vida los defensores.

De la zanja salieron un montón de tumularios, muertos vivientes que posiblemente estaban bajo el ferreo control de la clériga y que, una vez liberados por la muerte de ésta, salieron a matar y saciar su hambre eterna. Sus desgracias acabaron bruscamente a manos de la maga Zoirasil y varias bolas de fuego que limpiaron el camino.

Tomada la entrada de las cuevas todo parecía haber empezado con buen pie. Zoirasil econtró en el campamento que había dentro de la empalizada un pequeño recinto donde con toda seguridad alguien practicaba la alquimia. Botes, calentadores, tubos, decantadores y demás instrumentos que la maga empezó a usar para preparar algunas pócimas.

Entretanto Gildor encontró a una mujer desnuda atada en una de las tiendas. Sin embargo no tuvo tiempo de hablar con ella. Cuando estaba a punto, una oscuridad insondable llenó el campamento y supieron que estaban siendo atacados por otro seguidor de Nerull que, entre otras cosas, había silenciado a Ilai

 

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Partida #27 "Dentro de las Cuevas del Castigo"

Al entrar en las cuevas a buscar al clérigo de Nerull vieron que se trataba de otra elfa. Quizás los estuviese conduciendo a drede a una trampa que se encontraba en la boca de la cueva porque más de uno de ellos casi pierde la vida allí mismo.

Entonces una horda de muertos vivientes se abalanzó sobre ellos mientras la clériga huía. Tuvieron que avanzar por la cueva combatiendo hasta llegar a una gran estancia con clavos metálicos gigantes saliendo del suelo. Allí, en unas escaleras, la alcanzaron y le dieron muerte. Pero antes de morir, la elfa consiguó lanzar una maldición sobre Ilai. El elfo apenas podía mantener la atención sobre las cosas y ocasionalmente se quedaba mirando al techo atontado.

Luego les atacó un troll no-muerto al que igualmente derrotaron.

No les quedaba más remedio que salir de la cueva, perder el factor sorpresa totalmente, y esperar en la empalizada hasta el día siguiente cuando Ilai podía esperar la bendición de Corelion para quitarse la maldición. Afortunadamente el poder que le había sido concedido le permitía curarse.

Así que salieron, Ilai, Zoirasil, Malbec, Gildor, Auril y el pequeño Loras, a esperar al amanecer de un nuevo día.

 

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Partida #28 "La maldición de Nerull"

Mientras esperaban al amanecer, Gildor fue a revisar las tiendas para ver quien era la mujer prisionera que había visto un rato antes, pero allí ya no había nadie.

Zoirasil se puso a hacer pociones de esencia de vampiro, para alargar su magia; entretanto Auril y Malbec, vigilaban. Ilai intentaba descansar, maldito.

Esperaban un ataque de las Cuevas, pero éste nunca sucedió. Eso si, uno de los clérigos que se escondían en el interior de las grutas se acercó a tratar de amedrentarlos con amenazas y a hablarles del funesto final que les aguardaba. Fue el paladín el que lidió con él. Luego salió de la cueva un esqueleto flamígero, supusieron que para explorar. Y otro. Y otro. A cada uno que salía lo mataban.

Finalmente amaneció e Ilai pudo quitarse la maldición de encima. No sólo eso, gracias al poder de Corelion había de conseguir que los muertos no pudiesen verlos y fue así como entraron por segunda vez en las Cuevas del Castigo.

Cruzaron estancias y pasadizos oscuros. Había no-muertos por doquier, patrullas, guardias, prácticamente una horda. Esqueletos, zombis y criaturas mucho más siniestras y oscuras. Pero no podían verles. Sorteando los peligros, llegaron a una estancia con una gran caída y una especie de artilugio elevador activado por cadenas. Muchos metros abajo había un centenar de no-muertos con varios acólitos de Nerull haciendo un ritual. Una extraña luz iluminaba la plaza cavernosa proveniente de un conjuro. Aparte de eso, las paredes tenían llagas de fuego y toda la sala brillaba en rojo incandescente. Les pareció que, de alguna forma, los elfos intentaban ponerse en contacto con Ardalas, el Nigromante.

Fue entonces cuando los elfos atacaron a los seguidores de Nerull y su horda desde las alturas de la cueva. Llovió fuego y flechas y piedras. Los de abajo también tenían magia de forma que hubo un fuerte combate. Todos se fijaron en que cuando un conjuro alcanzaba a Auril siempre salía como rebotado hacia su lanzador...

Finalmente se impusieron y acabaron por matar a todo lo que tenían cerca, incluídos los esqueletos hechiceros y los flamígeros. Sin embargo algunos acólitos de Nerull habían conseguido escapar, de forma que decidieron perseguirlos. Confiaron en Zoirasil y su magia, saltando por el abismo y esperando que ella detuviese la caída. Así lo hizo, por eso consiguieron llegar abajo tan rápido.

Había dos pasadizos. Eligieron el de la izquierda, con el techo altísimo, y llegaron a la estancia que Zoirasil había soñado, días atrás. Una estancia de muros labrados, con un pozo de fuego líquido que calentaba el aire haciéndolo difícil de respirar. Columnas con cadenas y rejas en el suelo en las que Gildor vio algo raro, pero sólo él.

Entraron cruzando un puente de piedra. Cuando estaban entrando en e círculo, escucharon un fuerte rugido tras ellos. Se trataba del demonio que guardaba los objetos sagrados de Corelion que habían venido a buscar.

 

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Partida #29 "El demonio de las Cuevas del Castigo"

Apenas tuvieron tiempo a reaccionar cuando apareció un gigantesco demonio de piel rojiza oscura, de más de tres metros de altura, cuernos, alas y un gigantesco hacha. Su mirada maligna les seguía mientras empezó a invocar más demonios aliados que le ayudasen en la batalla contra los elfos.

El anillo de Zhor de la maga empezó a hablar sin cesar durante todo el combate, súbitamente despierto. Zoirasil no paró de combatir mágicamente al demonio protegiendo a todos de los conjuros malvados que la bestia intentaba entramar contra ellos. Al mismo tiempo, Gildor se plantó delante e hizo frente a pesar del riesgo. Ilai consiguió cegar a la criatura que, pese a ello, siguió combatiéndolos. Auril no paró un instante de hostigarle a flechazos usando su arco sagrado. Incluso Malbec mató a numerosos demonios invocados y, cuando las fuerzas estaban faltando y el demonio estaba a punto de imponerse sobre ellos matando a Gildor y haciendo que lluvias de fuego consumiesen todo, fue el pícaro el que remató de un flechazo en la frente al vástago infernal.

La bestia estalló en mil pedazos que casi mataron a Malbec. El resto, protegido por conjuros, sobrevivió, incluso el pequeño Loras.

Ilai entonces se vio lleno de poder divino que, como recompensa por la misión cumplida, Corelion le otorgaba.

Habían conseguido matar al demonio pero estaban exhaustos...

Juego: en términos de juego, aquellos bañados por la sangre letal del demonio efectivamente suben 1 punto de constitución, pero esto sólo se aplica al pícaro que, por otro lado, no recibirá Xps por la partida.

Comerse el corazón de un demonio mayor recién derrotado otorga a un mago un rasgo de magia negra, lo cual le da un aura maligna aunque el personaje no lo sea y hace que todos sus conjuros de ataque hagan 1d6 de daño adicional hasta el fin de sus días.

El resto de los personajes, sin contar Malbec, reciben 1 punto de confianza extra salvo el paladín y el clérigo que reciben 1d6 al tratarse de un enemigo mayor de su religión.

Ilai cae en la cuenta de que el demonio no se trata de otro que Orboroth, uno de los legendarios Guardianes Negros de Nerull

 

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Partida #30 "Los objetos sagrados"

Tras la muerte del demonio Orboroth, aún tardaron un rato en reponerse del combate. Entretanto Zoirasil parecía dudar con algún tipo de lucha interna, mientras recogía restos del monstruo para sus pociones alquímicas y demás.

Los objetos sagrados que habían venido a buscar estaban en una especie de cámara cerrada por unas puertas de reja. Abrirlas no era demasiado complicado pero Gildor -y nadie más- veía sobre ellas una especie de aura azul que les pareció algún tipo de protección. Se dieron cuenta de que dicha protección guardaba el lugar contra las cosas y personas buenas o sagradas, por lo que ningún objeto sagrado podría atravesarla, ni tampoco el paladín o el clérigo. Tardaron un buen rato pero finalmente, con la ayuda de Malbec, acabaron por conseguir entrar en la cámara. En ella había diez pedestales con objetos sagrados que, usando el cinturón mágico de Malbec, pudieron sacar en su mayoría. Se percataron, además, de que nadie les había dicho que estos objetos serían de Corelion, como habían asumido.

Aceite de Erewyn (Pelor), cura toda las heridas 1/día.

Símbolo Sagrado Magistral (Pelor) +3PPs.

Estandarte de la Victoria (Heironeuss) +1 TS, +4 TS contra miedo, +1 Ataque y daño para todos los aliados luchando a menos de 50m.

Frasco de Luz Diurna (Pelor), alcanza a 20m, 10m de penumbra.

Capa del Curandero (Pelor), cura una enfermedad 1/día.

Pendientes de las Vírgenes de Corelion (Corelion), +1 Car

Gran Símbolo Sagrado Celestial (Corelion) +1PP y tiras dos veces en expulsión y eliges la mejor

Lagandrel, Espada Vengadora (Gah), espada larga +2 alineada con el bien (+2d6 daño contra mal); cura al portador 1PV cada vez que saca un crítico.

Cofre de los Buenos Deseos (Pelor), otorga un Deseo una vez por siglo.

Collar del Infante (Corelion) +2TS

Tras hacerse con los objetos se decidieron a salir de la cueva, y en ese momento fue cuando Zoirasil empezó a actuar de forma extraña. Avanzaron hasta el ascensor mecánico y allí la maga besó a Ilai, para sorpresa de todos. Una vez arriba, ofreció el corazón del demonio Orborth a Malbec, que se negó a participar en nada que la maga se trajese entre manos. Cuando el pícaro se negó, ella se enfureció. Auril también se puso algo nerviosa con el comportamiento de su hermana, que no harías más que empeorar en las siguientes horas, preocupando a todo el grupo.

Cuando salieron al exterior parecía que hacía mil años desde que habían entrado en las cuevas. Decidieron alejarse de allí y dirigirse a su destino final, la Torre del Nigromante, al oeste. Sin embargo una gran sorpresa les esperaba por el camino: el Guardián del Templo del Tiempo. Cuando caía la noche se apareció una figura brillante de la nada, y era el hombrecillo que habían conocido semanas atrás en las Cavernas del Tiempo. Les dijo que veía a por el pequeño Loras pues si continuaban -y lo harían- su presencia aquí cambiaría el rumbo natural de los acontecimientos. A pesar de que les aseguró que Loras crecería seguro y lejos de allí, Auril se negó a entregárselo como una simple mercancía. Al parecer la elfa sufrió un poderoso encantamiento que la hizo cambiar de parecer, aunque horas más tarde se sentiría fatal por haber sucumbido. El Guardián del Tiempo se fue con el niño...

Zoirasil, soñando más tarde mientras trataban de descansar, se dio cuenta de que en realidad ya habían conocido a Loras de mayor, pues era el hechicero elfo que los trajo a Erioch. También se percató de que una Sombra les ácechaba en el campamento por lo que se levantó y plantaron el Frasco de Luz Diurna en el medio y medio del lugar, mientras esperaban a la mañana...

 

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Partida #31 "La caída del Nigromante Ardalas"

El grupo de elfos sospechaba que una Sombra acechaba el campamento donde pasaron la noche, de modo que no les quedço otra que sacar el Frasco de Luz Diurna para mantener un perímetro en el que el monstruo no pudiese entrar... el asunto pareció funcionar.

Entretanto, en la tensa espera al amanecer, pudieron reflexionar acerca de lo que había salido a la luz, que el infante Loras y el mago elfo eran en realidad la misma persona. Investigaron en las pertenencias del hechicero y encontraron que uno de los pergaminos que creían vacíos en realidad contenía un mensaje que se podía leer al acercar el pergamino a una llama. Se leía lo siguiente:

"Estimados amigos, ha sido duro no ser honesto con vosotros a pesar de vuestras buenas acciones y espero que en efecto algún día encontréis las Profecías de Corelion, nuestro Señor. Me ví obligado a interrumpir vuestro camino con la esperanza de superar el Velo y ayudaros a derrotar a Ardalas el Nigromante, mi padre. El reino del terror que él y su macabro señor Erioch extendieron manchará para siempre la historia de los elfos en este mundo, por eso era nuestro más que de nadie el deber y tarea de recobrar el honor perdido. Mi padre posee el Corazón Negro de Nerull, su espada maldita, que le protege de casi cualquier magia arcana, así que tenedlo en cuenta al enfrentaros a él. Además, tratará de confundiros y de atraeros bajo su terrible influencia, sed fuertes. Su guardia personal son tres Señores Vampiros, unos seres malévolos de oscura presencia que os atacarán en lo oscuro y no os darán tregua. Desconfiad también de los fuegos fatuos que rodean su morada, de sus numerosos acólitos, aunque de elfos se trate, y naturalmente de sus legiones de no muertos. Mi padre tiene un sirviente cuervo llamado Uriol, culpable de muchas derrotas de grandes héroes del pasado, ni por asomo os fiéis de ninguna de sus tretas. Combatid durante el día, pues la noche es el momento de poder de todos ellos. Os pido disculpas por esta tarea que os he impuesto. No me queda más que añadir salvo que he esperado todos estos años para conoceros, en especial a Auril, sin cuya piedad y bondad yo no habría disfrutado de esta larga y feliz vida que Corelion me otorgó. Sea bendita su Casa para siempre y los suyos, incluso más allá de su Plácido Sueño, por los siglos de los siglos.

Suerte y honor, amigos míos.

Loras"

Impactados por tales palabras y apesumbrados por la enorme tarea que se les había adjudicado -la de matar al Nigromante-, se dejaron llevar por el desánimo y hubo un instante en el que hablaron de ir a la costa, escapar al sur o buscar el Muro de los reinos de los hombres, según salía en los mapas... Malbec, sobre todo, no quería tener nada que ver con heroicos asaltos a fortalezas de no-muertos... ...fue entonces cuando al paladín Gildor se le ocurrió la idea de usar el objeto sagrado de Pelor, el Cofre de los Buenos Deseos, para evitar tener que atacar la Torre del Nigromante y, simplemente, transportarse mágicamente al lado del temible enemigo, y por sorpresa. Tras meditarlo un rato, les pareció que era un buen plan. Evitaban así desgastarse contra la infinita cantidad de esbirros de Ardalas y, si lo conseguían, llegar debilitados contra el que sería el mayor oponente de sus vidas... Se prepararon largamente. Conjuros, armas, rezos. Tanto Gildor como Ilai hablaron con todo el grupo para asegurarse de que todos eran conscientes de que podía ser lo último que hiciesen, los peligros y el honor que representaba aquel ataque. Zoirasil, por su parte, se disculpó por su actitud de los días anteriores. Cuando llegó el momento, fue Ilai el que formuló el deseo al Dios Pelor.

El objeto sagrado, en efecto, los trasnportó junto a Ardalas, el Nigromante, que en aquellos momentos se ecnontraba en una estancia -quizás de su torre- junto a una chimenea, quizás meditando. Y a pesar de todo no consiguieron pillar por sorpresa al elfo, que combatió con fiereza contra todos ellos a la vez, usando su espada impía, el Corazón Negro de Nerull, y toda la magia que fue capaz de usar.

Zoirasil, la maga, murió en el combate a manos de Ardalas.

Sin embargo el Nigromante no pudo contra todo el grupo de elfos al mismo tiempo, a pesar de que trató de desintegrar a Gildor y su armadura de fuego frío causaba terribles heridas en todos ellos... finalmente fue derrotado. Gildor le cortó la cabeza al Nigromante y la arrojó al fuego. Entretanto, en medio de los llantos de Auril, Ilai encontró por fin el Poder que el Agua de Vida le había otorgado, meses atrás, en las estancias junto al mar donde sus compañeros habían bebido con él... le había sido otorgado el don de traer a una persona de entre los muertos sin que esto rompiese las rigurosas leyes de los Dioses. Al darse cuenta de esto, el clérigo decidió usar su Don con la maga Zoirasil, que regresó del lugar maldito del que nadie había regresado nunca tras ser asesinado por la impía espada de Nerull.

Notas de Juego: Al regresar de entre los muertos, Zoirasil gana 1 punto de sabiduría. Como jamás en la historia de los tiempos nadie había conseguido regresar del Séptimo Infierno de Nerull, el personaje gana un Protección contra el Mal permanente y un +5 a las tiradas de salvación contra cualquier efecto demoníaco. Ilai, por su parte, ganará un bono +1 permanente a Saber (Religión) por haber presenciado este Milagro. Todo el grupo gana 1d10 de Puntos de Confianza por matar a Ardalas el Nigromante.

 

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Partida #32 "En la Torre del Nigromante"

Tras la muerte de Ardalas y el regreso de Zoirasil del Séptimo Infierno de Nerull, el júbilo se hizo con el grupo por unos instantes. A pesar de eso nadie olvidó que se encontraban, probablemente, en la Torre del Nigromante, en medio de un sinfín de peligros. El bien que buscaban ya estaba hecho, ahora debían ingeniárselas para salir de allí con vida.

Inspeccionaron el cadáver del Nigromante elfo y encontraron en él varias cosas, un pergamino, un pequeño libro, un anillo sagrado, un manojo de llaves, un medallón sagrado, la armadura negra de mallas que portaba -con un vaho azulado-, una daga de aspecto siniestro y la terrible espada el Corazón Negro de Nerull, que a poco estuvo de matar a Gildor cuando el paladín trató de levantarla con la capa de por medio. Ilai se dio cuenta del terrible mal que albergaba el arma y decidió no esperar y realizar un ritual para romper el objeto. Entretanto los demás inspeccionaron la habitación donde había un perturbador cuadro de una mujer. Auril se asustó mucho cuando se dio cuenta de que los ojos del cuadro se movían.

 

Aparte de eso, en la estancia había una biblioteca, que Zoirasil e Ilai -cuando acabó el ritual- inspeccionaron someramente. La maga trató de hablar con Malbec para que guardase en su cinturón mágico algunos libros pero el elfo parecía resentido por el trato que la elfa le había dado el día anterior. Auril encontró, además, una estancia secreta tras el fuego. Entraron y había un foso oscuro que olía a rancio, y no se atrevieron a inspeccionarlo.

Fue entonces cuando una de las puertas de la habitación se abrió y cerró bruscamente. Malbec se acercó a la puerta con la intención de cerrarla con las llaves del Nigromante, y cuando lo estaba haciendo alguien le atacó desde el otro lado de la puerta con una fuerza sobrehumana. Fue de un espadazo que atravesó la madera y empaló al elfo hasta casi matarlo. Tras eso, una mano humeante atravesó la puerta y trató de raptarle. Malbec se libró por poco entre gritos de miedo y consiguió recular protegido por la Luz Diurna, que llevaban atada al Estandarte de la Victoria.

 

 Por la fuerza del atacante sólo podía tratarse de uno de los tres Señores Vampiros siervos de Ardalas, quizás el ancestral Eddon, un vampiro de siglos de longevidad de años responsable de muertes y guerras por doquier. Fuese como fuese, Auril se apresuró a lanzar un flechazo por el escaso agujero de la puerta que había abierto la malvada criatura. Apenas pudo ver que el vampiro estaba apartándose de la Luz Diurna y que le acertó en la cabeza con la flecha. Escuchó un ruido y su intuición de arquera le dijo que había matado al ser de un flechazo legendario.

 

Salieron a ver qué había pasado y entonces un acólito mago les atacó en el pasillo con fuego. Tras eso, unos esqueletos fuera de control se afanaban en destruir todo y fueron reducidos a las cenizas por Ilai. Sin encontrar descanso, fueron atacados por otro de los Señores Vampiros -uno de los que se vale del sigilo y la astucia- cerca de unas grandes escaleras de caracol. Auril estuvo cerca de repetir su hazaña arquera pero en esa ocasión no fue suficiente. Lobos, gárgolas, el combate fue feroz y finalmente el vampiro logró escapar. Decidieron recular a la habitación de Ardalas para pensar un poco en cómo salir de allí. La estancia olía horriblemente al cuerpo del elfo quemado en su chimenea. Su armadura, sin embargo, permanecía intacta entre las brasas.

Juego: matar a un Señor Vampiro en solitario otorga la dote de Matademonios con el tipo "vampiro". Podemos interpretar -sin temor a equivocarnos- que Auril cumple este requisito.

 

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Partida #33 "El príncipe Juvens"

Malbec cerró todas las puertas de la estancia de Ardalas usando el manojo de llaves que había cogido del cadáver del Nigromante mientras Ilai preparaba otro ritual para destruir los objetos impíos que habían dejado ardiendo con el cuerpo del elfo. Entretanto, Gildor se metió en la habitación secreta tras la chimenea para ver qué demonios había allí, Auril vigilaba y Zoirasil investigaba el cuadro ilusorio en la pared. Fue entonces cuando Ilai recibió el ataque de un asesino fantasmal, un poderoso conjuro que podría haberle matado, pero resistió. Tras eso, una nube de niebla apestosa les atacó. Parecía que estaban sufriendo ataques mágicos llegados de algún lugar, y cuando Gildor regresó a la habitación -diciendo que había encontrado a un prisionero humano desequilibrado- se dieron cuenta de que estaban siendo escrutados y que alguien, desde un punto concreto de la estancia, los estaba atacando con magia. Cegaron el escrutinio lo mejor que pudieron y pareció funcionar...

Se quedaron nerviosos por la posibilidad de un nuevo ataque, que por el momento no llegó. Fue entonces cuando el paladín les dijo que había encontrado a un muchacho con armadura en la habitación secreta. Al parecer había sido torturado numerosas veces y quizás no estaba en sus cabales. Auril y el propio Ilai fueron allí y, no sin resistencia, sacaron al joven de la celda, que parecía una especie de lugar especialmente oscuro -hacían dormir al caballero en un arcón-. El joven erio -que parecía arcano- dijo llamarse Juvens y estaba realmente demacrado, desnutrido y con el cuerpo lleno de golpes, a pesar de que lucía patéticamente una sucia armadura que olía a sus propios orines. A pesar de su deplorable estado, el erio les agradeció el haber matado al enemigo jurado de su reino y trató de hacerles prometer que no arriesgarían sus vidas por él, en el estado en el que se encontraba. Gildor se lo prometió y luego le dejó el Estandarte de Heironeuss para que lo portase.

 

Ilai volvió a sus rituales de ruptura de los objetos impíos de Ardalas mientras el resto hablaba un poco con el caballero, que dijo ser un paladín de Pelor, aunque por algún motivo no había podido usar sus poderes mientras estaba cautivo. Zoirasil, que rebuscó por todas partes en la habitación menos en los libros -que no volvió a mirarlos-, encontró entonces detrás de uno de los cojines una carta que quizás el Nigromante estuviese escribiendo un rato antes del ataque:

"Del Altísimo Ardalas

al Vasallo Lavareth Vlaar.

Tras haber consultado al Oráculo y observado las estrellas, es nuestro parecer que la caída del Velo fue causada por la ruptura de nuestro conjuro, primero sobre el templo de Ankorh y , más recientemente , por la quema y arrase del santuario de Thalanai. La captura de prisioneros para reponer estos conjuros será nuestra prioridad inmediata una vez acabemos con el grupo de enemigos que desde hace semanas hostigan nuestras fuerzas. Acabaron con varios de mis más cercanos sirvientes y nos tememos que incluso alcanzasen las Cuevas del Castigo. Precisamente por eso, he enviado al propio Uriol a desbaratar la trama del enemigo y muy posiblemente ese sea el fin de nuestros problemas. Habríamos preferido hacer prisioneros a esos elfos, o al menos conseguir sus cadáveres frescos, pero el estado actual de los acontecimientos no nos permitirá tales lujos y su desaparición la damos como buena. Por supuesto, era de esperar que estando tan cerca de la victoria final el desgraciado Corelion hiciese un último, patético y desesperado intento por evitar su execración.

Malditos sean sus vástagos. Pronto, estimado Lavareth, beberemos los vinos de la victoria paseando por las ruinas del Muro y brindaremos sobre los devastados despojos de las Tierras de los Hombres.

En cuanto al conjuro que mencionasteis en vuestra última..."

Evidentemente ellos eran los responsables de la caída del templo en Ankorh, pero seguramente el gigante Nanuuk era el que había causado el "recientemente (...) quema y arrase del santuario de Thalanai", pues es allí donde se dirió el gigante cuando se despidieron, días atrás. También pensaron que los gigantes no-muertos podían ser la causa de que el Nigromante pensase que la victoria estaba cerca...

Poco antes de que el clérigo acabase con los rituales, Auril vio una luz en el pasillo por el que acababan de encontrase con el segundo Señor Vampiro. Al acercarse a mirar acabó por darse cuenta de que podía tratarse de un fuego fatuo, una poderosa ánima en pena. En las estancias inferiores del castillo parecía oírse un gran estruendo y gritos y rugidos, como si un centenar de zombis combatiesen entre si. Imaginaron que estos eran los primeros efectos de la liberación de los muertos vivientes y que esas salas debían ser un verdadero infierno en aquellos momentos.

Decidieron intentar encontrar otro camino y el primero que eligieron, la puerta noroeste, se abría a unas escaleras de caracol donde encontraron a una hechicera elfa que les estaba esperando con cara de odio. Trató de sorprenderlos con fuego y magia, pero poco le duró. Avezados en el combate como estaban, apenas tardaron unos instantes en darle muerte y descartar aquel camino. Zoirasil, con sus conocimientos de arquitectura, supuso que eso llevaba o bien a las mazmorras o a algún lugar peor, de modo que pensaron que sería mejor idea ir por otro camino. En ese momento, hablando de los objetos que llevaban con ellos, se mencionó el Aceite de Erewyn, uno de los objetos sagrados de los seguidores de Pelor. Juvens, emocionado, les pidió que le dejasen beberlo y cuando lo hizo su aspecto cambió bruscamente a mejor. Su piel recuperó el color normal y la fuerza regresó a sus brazos. Tras eso, Auril le prestó su propia espada.

Abrieron las puertas dobles al oeste de la estancia. Daban a lo que imaginaron era el dormitorio de Ardalas, con una cama en el centro cubierta por doseles de seda blanca. Unas vidrieras de colores daban un aspecto especialmente extraño al lugar. Malben saqueó el baúl de ropa del Nigromante y encontró un libro de cuero sencillo. Ilai lo examinó y vio que se trataba de un fino papel; encontró en él una nota de pergamino.

"De Su Majestad Onaris I, Rey de Eria

Desconozco si esta carta llegará a vuestras manos o no, pero ruego a Gah que lo haga, pues es un dios justo.

Recientemente mi hijo y paladín, de nombre Juvens fue capturado por sus esbirros en las cercanías del Muro que linda con las tierras que domináis de forma tenebrosa y oscura. No soy un hombre dado a albergar falsas esperanzas: ni yo ni mi amada Reina esperamos verle con vida de nuevo, y de hecho hemos oficiado los rituales fúnebres que merecen los justos.

Habéis de saber que si ya antes éramos enemigos jurados, ahora no descansaré hasta ver arruinado vuestro reino de terror y maldad sobre las tierras del este. Así tenga que acabar con mis propias manos con vos, juro por Síllevan que lo último que verán vuestros ojos será el brillo de mi espada atravesando vuestro corazón.

Todos mis rezos estarán dedicados desde hoy a desearos la mayor de las ruinas.

Onaris"

Así fue cómo se enteraron de la identidad del paladín humano, que admitió ser él y se excusó diciendo que había preferido no revelarlo para que nadie le diese más valor del debido.

Entretanto Auril había roto una de las ventanas (armando cierto ruido, a decir verdad) para comprobar qué había detrás. Un pasillo tapiado y oscuro. Estaba en esta guisa cuando Ilai se percató de la existencia de una puerta secreta. La abrieron y encontraron tras ella una estancia de paredes lisas en cuyo centro había un gran atril de madera cantada sobre el que descansaba lo que parecía un gran libro de magia. Zoirasil se puso nerviosa -sobre todo al oír los consejos del Anillo de Zhor-, y Gildor la advirtió de ciertos peligros que por algún motivo él podía ver y nadie más.

Fue entonces cuando un hombre entró en la habitación desde donde habían venido ellos. Les dijo que venía a hacer un trato e Ilai dedujo con rapidez que se trataba de Uriol, el malévolo sirviente de Ardalas. Le atacaron, en contra de lo que Auril opinaba, y a pesar de que el esbirro trató de hablar le dieron muerte sin escuchar sus palabras. 

 

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Partida #34 "Los Cinco Espejos"

Fue entonces cuando el cuerpo de Uriol se desvaneció y se dieron cuenta de que estaban ante una poderosa ilusión. De hecho, el hombre volvió a salir de otra puerta tratando de hablar con ellos y volvieron a darle muerte con idéntico resultado. Dedujeron que el sirviente de Ardalas era a su vez un poderoso ilusionista, de modo que regresaron a las estancias del Nigromante, donde Zoirasil vio que se abría sola una de las puertas y se asustó. Escucharon pasos sobre la alfombra pero sin ver nada, hasta que Gildor entró en el cuarto y vio con claridad una figura azul brillante que trataba de acceder a la habitación secreta donde Ardalas guardaba su libro de magia. La maga arrancó las sábanas de la cama y las lanzó al área y así pudieron percatarse de que efectivamente una figura invisible trataba de colarse entre ellos. Dicha figura pareció asustarse y salió corriendo, aunque sólo el paladín pudo seguirla pues la veía con total claridad. Corriendo, cruzaron una estancia con una mesa espejo bastante grande frente a la que había cinco espejos de pared. La figura desapareció tras una puerta junto a un vestidor.

Abajo parecía que el ejército de muertos vivientes que se había liberado tras la muerte de Ardalas estaba empezando a causar estragos. Es escucharon incluso explosiones y combates, gritos, alaridos, destrozos de todo tipo. Lo malo es que la horda descontrolada de zombis, esqueletos y tumularios llegó a las estancias en las que se encontraban ellos y empezaron a tirar las puertas y romper con todo. Ellos cerraron el portón que daba a la habitación del Nigromante, y mientras Zoirasil trataba de hacerse con el libro de magia, Ilai investigó esos cinco espejos que, sin duda, se trataban de un objeto de poder.

Tras un rato estudiando la urdimbre mágica de los espejos, el clérigo acabó por darse cuenta de estaban vinculados a cinco criaturas a través de las que el Nigromante no sólo podía escuchar sino además lanzar conjuros. El poderoso objeto permitió a Ilai ver que seguramente el primer espejo estaba vinculado al señor vampiro Eddar, muerto minutos atrás a manos de Auril. El segundo espejo parecía vinculado a otro señor vampiro, uno del que no tenían noticias pero que, al menos sus garras, tenía aspecto de demonio y estaba comiendo muertos en algún lugar quizás cercano. El tercero fue más perturbador, dedujeron que podía ser Nacra, el tercer señor vampiro, al que Auril había malherido un rato atrás. El monstruo estaba vigilando la ventana de la estancia en la que se encontraban para luego correr por los pasillos y subir por unas escaleras en espiral. El cuarto espejo estaba vinculado a una criatura de gran altura que se encontraba en una estancia gigantesca, con la que Zoirasil había soñado semanas atrás, seguramente uno de los gigantes no-muertos. El quinto espejo fue más perturbador pues estaba vinculado a Juvens, el paladín de Pelor, que se alteró notablemente al descubrir que seguramente pensaban hacer de él un sirviente vampiro o algo peor...

Zoirasil, a su vez, trató de agarrar el libro de Ardalas sin contar con una trampa mecánica, pues el libro estaba anclado a una cadena que disparaba unas lanzas sobre el que lo levantase. A poco y empalan a la maga, que salió viva por un golpe de suerte, pero feliz de haberse hecho con el libro (para alegría, además, del Anillo de Zhor).

El clérigo llamó a la maga y mientras los demás vigilaban pensaron que quizás podían acabar con el tercer señor vampiro con conjuros a través del espejo. No tenían mucho tiempo porque las puertas del cuarto empezaban a ceder con los golpes de los no muertos descontrolados, así que visualizaron que Nacra estaba en una estancia redonda con numerosos ataúdes. Imaginaron que pretendería recuperarse del certero flechazo o bien durmiendo o bien bebiendo sangre de alguna víctima esclavizada. La maga le envió una bola de fuego a través del espejo, que milagrosamente el vampiro pudo esquivar, pero se puso notablemente nervioso pues seguramente sabía perfectamente lo que estaba sucediendo. Trató de comer de un durmiente de uno de los ataúdes pero Ilai no le dio tregua, invocó la espada de Corelion y le atravesó el corazón con ella. Eso apagó el espejo y, seguramente, fue el fin de Nacra.

Fue entonces cuando los muertos atravesaron las puertas de la habitación contigua y entraron arrasando con todo. Antes de huir, rompieron el espejo en mil pedazos y tuvieron que salir corriendo por varias estancias e incluso tuvieron que llegar a combatir para salvar sus vidas. Al llegar a unas escaleras, Malbec tuvo que elegir entre subir o bajar, decidió que arriba seguramente habría menos enemigos.

En la planta superior se encontraron una antesala de piedra y azulejos azules y más escaleras. El lugar se encontraba protegido por dos fieras gárgolas que les atacaron en cuando aparecieron ellos, pero hubo suerte y las despacharon rápido, a pesar de la dureza de su piel y de sus poderosas garras y fauces. Abrieron la puerta de la estancia guardada por las gárgolas y vieron lo que parecía un estudio con una ventana abierta a través de la que entraba luz del día...

 

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Partida #35 "Huída de la Torre del Nigromante"

La habitación parecía un cuarto de lectura, la única que habían visto con ventanas en todo el castillo. Paredes de piedra fría, estanterías de roble, sillones de madera cantada y muchos libros en élfico y común. Por la ventana vieron los tejados del castillo, realmente pronunciados, guardados por enormes gárgolas de piedra que -imaginaron- serían algo más que estatuas. Escaleras abajo se escuchaba un tumulto enorme y algún grito aislado. Muebles rompiéndose, puertas viniendo abajo, quizás incluso alas enteras del castillo en llamas por culpa de antorchas o chimeneas sin control. Parecía difícil de creer el control que Ardalas había tenido sobre aquella inmensa horda de muertos vivientes.

El caso es que no tardaron en aparecer por las escaleras en espiral. Y no sólo esqueletos sino también tumularios y espectros hechiceros, entre otras cosas. Ilai les había protegido contra ellos, de forma que pasarían desapercibidos a los no-muertos. Sin embargo Gildor, a pesar de su templanza de paladín, cerró la puerta de la estancia a los no-muertos. Sin duda esto llamó la atención de algunos de ellos que al tratar de abrirla y encontrar resistencia, se obsesionaron con la tarea, como era habitual en este tipo de engendros.

Entretanto, los elfos exploraron el cuarto aledaño al estudio, un dormitorio tal vez, en el que encontraron un frasco mágico verde con una nube en su interior en constante movimiento. Sin miramientos, Zoirasil se lo guardó en el zurrón. Aparte de eso, capas negras y ropa de cama.

Los no-muertos empezaron a usar magia para quemar la puerta. Gildor, con su fuerza increíble, parapetó la entrada apilando en ella todas las estanterías, asientos y hasta la mesita de madera, pero el fuego no tardó en ahumarlos de forma que no les quedó otra que abrir la ventana. La duda era si salir por los tejados y enfrentarse a las bestias mágicas o quedarse y enfrentarse a la horda de muertos. No se sabe cómo, se las apañaron para tener que hacer ambas cosas, de forma que abatieron a las gárgolas a flechazos y, cuando trataron de entrar en la estancia por las ventanas, a espadazos (y dagazos de Malbec). Tras eso, los muertos consiguieron romper el parapeto y entraron a saco, lo cual desencadenó un infierno de fuego y chispas evocado por Zoirasil. Los efectos del Agua de Vida en Auril devolvieron la magia a los espectros hechizeros, que se dieron muerte a si mismos sin pretenderlo. Acabada la magia, espada y sangre, pero resultaba evidente que tarde o temprano alguno de los elfos moriría si seguían en esa guisa, así que decidieron retirarse escapando por las ventanas, bajo las cuales yacían los cadáveres de las abatidas gárgolas. Gildor fue el último en saltar por la ventana, perseguido por una horda de esqueletos que se quedaron apelotonados en la estancia sin entender que quizás podían saltar tras los elfos.

Ellos corrieron por los tejados, algunos malheridos, como Ilai, que había recibido de lleno una bola de fuego y sus ropajes estaban medio calcinados. Al llegar al borde observaron que la mayor parte de la impresionante fortaleza tenía las ventanas cegadas. Si había guardias en las murallas, habían abandonado su puesto, lo cual era probable tanto si eran no-muertos como si no, por distintos motivos. El propio patio de armas que conducía a la salida estaba vacío. Eso si, en el interior de la fortaleza se escuchaba una batalla. Tendieron una cuerda con rapidez y se pusieron a bajar. Cuando estaban en ello vieron que de la puerta principal del castillo salía corriendo un elfo con una túnica oscura y abandonaba la fortaleza. De lejos parecía o bien un clérigo o algún tipo de hechicero.

Otra cosa que les sorprendió fue que desde las colinas escarpadas que rodeaban la Torre del Nigromante, vieron aparecer un corcel blanco con crines doradas, magnífico. Al verlo de lejos, bañado por el sol, desde los tenebrosos tejados de aquel lugar maldito, Ilai reconoció uno de los corceles con los que Corelion, en contadas ocasiones, obsequia a sus paladines más distinguidos. El animal llegó hasta donde estaban bajando con la cuerda y esperó allí como si ya conociese a Gildor de toda la vida. El paladín, también sin mostrar la menor sorpresa, se subió a él y ayudó a Zoirasil a subir con él. Tras eso, los cinco elfos y el erio Juvens, mirando más atrás que delante de ellos, corrieron hasta el portón de la fortaleza, que se encontraba vacío y abierto. Lo cruzaron sabiendo que quedaba mucho por delante si querían huir de allí.

En el cielo unas extrañas y amenzadoras nubes negras se empezaban a arremolinar sobre la Torre del Nigromante. 

 

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Partida #36 "El ángel de la muerte"

Mientras huían de la Torre del Nigromante la maga Zoirasil empezó a preguntarse qué eran aquellas nubes que se arremolinaban sobre el terrible castillo. Incluso sobre el caballo de Gildor pudo examinarlas con un poco más de detenimiento para
llegar a la conclusión de que se había desencadenado un poderoso hechizo de archimagia tras la muerte de Ardalas: se trataba de una maldición muy poderosa que desde la tumba vengaría al Nigromante, un portal abierto a algún infierno sin nombre desde el que llegarían unos entes -ella les llamó ángeles de la muerte, para desesperación de todos- que no reposarían hasta vengarse.

Como no tenían mucho tiempo corrieron como locos alejándose de la fortaleza, que en algunos lugares empezaba a arder incluso. Llegaron a las colinas yermas y continuaron rumbo sur, sólo deteniéndose para dejarle a Auril el caballo y que se fuese a explorar con rapidez con la esperanza de que encontrase una cueva o un refugio en condiciones.

Al caer la noche regresó la elfa diciendo que había avistado unas ruinas en un altozano pero que parecía que había alguien allí. Como Juvens llevaba la Luz del Día de Pelor, se les vería a mucha distancia alrededor, pero no les quedaba otra
que llamar la atención o estarían desprotegidos contra las Sombras o el mismo Señor Vampiro que seguía vivo.

Llegaron a las ruinas donde efectivamente se veía luz de una fogata. Cuando Malbec se acercó a explorar fueron víctimas de una emboscada, un elfo hechicero que les bañó literalmente en bolas de fuego, sin mucho éxito puesto que la protección de Auril y algo de magia de Ilai acabaron con él sin miramientos. Luego el paladín, para sorpresa de todos, arrastró el cuerpo hasta donde se encontraban, dando un trato poco esperado a un elfo caído, incluso tratándose de un enemigo jurado. Les dio la impresión de que el hechicero se encontraba de viaje pues junto a su campamento encontraron un caballo cuyas alforjas se encontraban repletas de unas extrañas hierbas a las que nadie prestó la menor atención, pues el interés estaba en salvarse de los ángeles de la muerte que podían caer sobre ellos en cualquier instante. De hecho Auril juraba haber visto algo volando entre las nubes. Ilai encontró entre las ruinas unas tumbas profanadas pero imaginó que el suelo podía seguir siendo sagrado, así que hicieron noche allí.

 

Fuese o no cierto lo del sagrado, la noche pasó sin peligros. Por la mañana tras los rezos se encararon nuevamente al sur, llevándose el corcel del hechicero elfo. Todos sentían una extraña tensión en el aire, como de cierta crispación o nerviosismo que no podían explicar. Además el día anterior habían avistado numerosos cuervos revoloteando en las cercanías y aquella mañana no se veía un sólo alma en el cielo. Fue al mediodía cuando el Ángel de la Muerte les atacó. El ente terrible era
negro como el carbón y le rodeaba una espantosa aura de sombra. Llevaba una gigantesca guadaña negra y alas horribles. Sus heridas no podían ser curadas, habían dicho.

Se enfrentaron a él con todo. Magia, espadas, flechas. Al atacar, inopinadamente, Ilai fue presa del pánico, la primera vez que el enemigo conseguía romper al clérigo. Sin embargo los demás se bastaron para derrotar al terrible ente, que tras malherir a Gildor se desvaneció como una sombra...

Fue entonces cuando Zoirasil les contó que el ángel no había sido derrotado sino que sólo había regresado a su infierno. Volvería al día siguiente, y al siguiente, y así -con heridas que no podían ser curadas- acabaría por matarlos a todos. Sólo la magia bendita de Ilai podría salvarles de aquella maldición, aunque para eso tendría que esperar al día siguiente.

Pensado que el cementerio donde habían pasado la noche era el lugar más seguro que encontrarían, regresaron sobre sus pasos y volvieron a la ruina. Descansaron del susto mientras el clérigo y Zoirasil trataban de retirar las protecciones
sobre el libro de Ardalas, puesto que la maga pensaba en regresar a la Torre para cumplir su promesa de averiguar qué había pasado con los gigantes -se la había hecho a Nanuuk-, aunque casi todos estaban en contra de esa idea que consideraban suicida. Quizás el libro tuviese alguna clave que le ahorraría tamaño peligro.

(nota: la armadura del Señor Vampiro Eddon tiene 2 puntos de daño que se llevó con la hostiaka de Auril)

 

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Partida #37 "La emboscada de Uriol"

Ilai advirtió horas antes de que sucediese: se encontraban demasiado cerca de la Torre del Nigromante como para que el esbirro Uriol no intentase nada contra ellos. Ya en la fortaleza había arriesgado para tratar de hacerse con el libro de conjuros de su amo, de forma que ahora que estaban en campo abierto no había motivo para que los dejase escapar sin más.

Al caer la noche discutieron largamente sobre qué hacer con el libro. Finalmente Ilai se puso a mirarlo a ver si encontraba algo que les desvelase qué había pasado a los gigantes. Encontró unos pergaminos metidos en el grimorio que contaban una extraña historia.

"No se pueden erigir muros contra lo que ha sido olvidado.

La ciudadela de Thalanai sucumbió en plena Invasión. Pero ningún ejercito de los Pueblos del Mar ascendió por sus murallas. Ningún dragón de corazón ígneo derribó sus poderosas puertas. Thalanai era el refugio secreto de los Grandes Reyes élficos, y nadie, ni siquiera el No Dios podía cercar un secreto.

Meses antes, Islamalael Graendal II habia huido a Thalanai con lo que quedaba de su corte. Desde los muros, los centinelas observaban, meditabundos, los bosques que tenían debajo, con el pensamiento acongojado por el recuerdo de ciudades que ardían y multitudes que gemían. Cuando el viento ululaba, se agarraban a la indiferente piedra de Thalanai y rememoraban los cuernos de los Pueblos del Mar. Intercambiaban entrecortados comentarios tranquilizadores. ¿Acaso no habían escapado de sus perseguidores? ¿Acaso las murallas de Thalanai no eran resistentes? ¡En qué otro lugar podía un elfo sobrevivir al fin del mundo!

La peste se llevó en primer lugar al Gran Rey, como tal vez fuera de esperar: Graendal no había hecho mas que llorar en Thalanai, encolerizado como sólo un emperador de la nada puede encolerizarse. La noche siguiente los miembros de la corte bajaron el féretro a los bosques. Advirtieron los ojos de los lobos reflejados en la luz de la pira. No hubo cantos fúnebres, y solo entonaron unas cuantas oraciones apáticas.

Antes de que la brisa matinal pudiera llevarse sus cenizas, la peste había acabado con otros dos: la concubina de Graendal y su hija. Como si siguiera el rastro de su sangre hasta el ultimo vestigio, atacó a los miembros de la corte. Los centinelas apostados en las murallas fueron cada vez menos, y a pesar de que escudriñaban el montañoso horizonte, veían poco. Los gritos de los moribundos poblaban sus mentes de un horror excesivo.

Pronto, incluso los centinelas desaparecieron. Los cinco Caballeros de la Mano Blanca, que habían rescatado a Graendal después de la catástrofe de los Campos de Jumara, yacían inmóviles en sus camas. El Gran Visir, con los dorados ropajes manchados con la sangre de sus entrañas, había caído entre sus textos de hechicería. El tío de Graendal, que había liderado el desgarrador asalto a las puertas de Altiis en los primeros días de la Invasión, colgaba de una cuerda en sus aposentos y, mecido por el aire, daba vueltas lentamente. La Reina miraba para siempre con fijeza a través de sábanas purulentas.

De todos los que habían huido a Thalanai, sólo el hijo bastardo de Graeldal y el bardo humano habían sobrevivido.

Aterrorizado por las extrañas formas del bardo y su ojo blanco, el muchacho se escondió, y sólo se atrevía a salir cuando el hambre le resultaba insoportable. El viejo bardo lo buscaba constantemente, cantando viejas canciones de amor y de guerra, pero profanando, a la vez, las palabras con blasfemias.

-¿Por qué no te muestras, niño? -Gritaba mientras daba tumbos por las galerías-. Déjame que te cante, que te atraiga con canciones secretas. ¡Déjame compartir contigo la gloria de lo que un día fue!

Una noche el bardo cogió al niño. Primero le acarició la mejilla y después el muslo.

-Discúlpame-susurraba una y otra vez, pero las lágrimas sólo manaban de su ojo ciego-. No hay crímenes -susurraría después- cuando nadie queda vivo.

Pero el niño sobrevivió. Cinco noches más tarde, atrajo al hombre bardo a lo alto de las inmensas murallas. Cuando el hombre llegó arrastrando los pies a causa de su ebriedad, lo empujó desde las alturas. Permaneció un rato largo acuclillado al borde del abismo, contemplando a través de la oscuridad el cadáver desmembrado del bardo. "Sólo se distingue a los demás -pensó- en que sigue húmedo." ¿Acaso se trataba de un asesinato si nadie más quedaba vivo?

El invierno añadió su frío al vacío de Thalanai. Apoyado en las almenas, el niño escuchaba cómo los lobos cantaban y se peleaban en los oscuros bosques. Sacaba los brazos de las mangas y se abrazaba el cuerpo para protegerse del frío, susurrando las canciones que le había enseñado su madre mientras saboreaba la mordedura del viento en las mejillas. Corría a través de los patios, respondía a los lobos con gritos guerreros konios y blandía armas que le hacían tambalearse por su peso. Y de vez en cuando, con los ojos bien abiertos, llenos de esperanza y un terror supersticioso, toqueteaba los muertos con la espada de su padre."

Empezaron a dormir en el cementerio pues sabían que estaban más seguros. Sin embargo Malbec escuchó un ruido al cabo de un rato y se pusieron en guardia: estaban rodeados por un pequeño ejército de esqueletos y zombis. Incluso una Sombra venía con los atacantes y estuvo a punto de agarrar a Gildor.

Se produjo una sangrienta refriega en las ruinas. Volaron bolas de fuego y flechas de hueso mientras el clérigo y los paladines Juvens y Gildor usaban sus poderes para repeler a los no-muertos... sin embargo, en el fragor del combate, desde una esquina oculto, apareció Uriol y envolvió a todos con una poderosa bola de fuego.

No esperaba el hechicero-cuervo que la magia de la Fuente de Vida de Auril le devolviese su conjuro, que junto a más magia de Zoirasil y un flechazo certero, acabaron con la vida del malvado esbirro. Para asegurarse, la maga reventó su cuerpo nuevamente con magia.

Vencidos todos los no-muertos salvo la Sombra (que a buen seguro estaría oculta en las cercanías esperando agazapada) se acercaron al supuesto cadáver de Uriol. Ilai conocía un conjuro que le permitía hablar con los muertos, de forma que
interrogaron al malvado. Así supieron que efectivamente era Uriol y que de varios gigantes capturados y muertos sólo habían conseguido levantar a dos (a tres, pero se habían peleado y quedaban sólo dos) que ahora eran muertos vivientes y estaban en las estancias bajas de la Torre del Nigromante.

En el cadáver encontraron un anillo de hierro negro que Zoirasil se guardó. Al parecer era un objeto malvado, pero querían averiguar qué hacía igualmente puesto que parecía tener un aura de transmutación. Tras eso, la maga estuvo indagando qué era la armadura fría de Ardalas y las hierbas que portaba el hechicero elfo que se habían encontrado allí la noche anterior. Parecían un remedio contra la jaqueca que, a buen seguro, no creía en aquellas tierras castigadas por el Velo. Pasó la noche y por la mañana Ilai hizo unos pequeños rituales sagrados para quitarles la maldición de Ardalas a todos y cada uno de ellos...

Tras eso, se fueron al sur.

 

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Partida #38 "El Brujo"

El camino hacia el sur no iba a ser sencillo. Según abandonaron las viejas ruinas donde habían dado muerte al esbirro Uriol se encontraron con el yermo desolado que eran las lomas alrededor de la Torre del Nigromante donde no crecían ni las malas hierbas. Durante horas, con un sol pálido, avanzaron al paso de Juvens y su armadura gastada. Llevaban con ellos el caballo del elfo derrotado y el propio corcel de Gildor.

Después del mediodía empezaron a acercarse a una misteriosa niebla. No les gustaba entrar en ella sin más de modo que trataron de rodearla lo mejor posible por el campo abierto, sin éxito. Pronto empezaron a dejar de ver a unos pocos metros así que acabaron por recular hasta el camino. Cuando llevaban un rato sumergidos en la niebla se escuchó un sonido de un caballo. Los elfos desenfundaron las espadas y se pusieron en círculo esperando lo peor que, de hecho sucedió, pues un grupo de tumularios no-muertos les atacó. Con ellos, un caballero fantasmal envuelto en llamas. Fue un ataque fiero y rápido en el que todos acabaron malheridos por el fuego. Sin embargo acabaron derrotando a los muertos vivientes.

A las pocas horas salieron de la niebla y continuaron su travesía. A caer la noche, Zoirasil empezó a leer el libro de magia de Ardalas para descubrir que el Nigromante poseía los más macabros y poderosos conjuros.

Al día siguiente no sufrieron contratiempos hasta la noche, cuando un espectro atacó el campamento. En esta ocasión fue Auril la que dio cuenta de él con un afortunado flechazo.

Al día siguiente divisaron unas ruinas de un castillo que decidieron ignorar. Tras el castillo había una colina con una gigantesca estatua...

Volvieron a hacer noche sin contratiempos y fue al día siguiente cuando se encontraron al brujo. Fue al amanecer cuando divisaron un esqueleto animado que venía por el camino. El no-muerto portaba una bandera blanca, lo cual confundió a los elfos. Malbec era partidario de destruirlo pero los demás decidieron ver qué pasaba allí. Se adelantó el paladín Gildor para averiguar algo más. Cuando gritó, de la espesura -pues ya habían llegado a una zona donde había vegetación, escuálida pero vegetación- salió un hombre con una túnica negra, un cayado y varias calaveras y huesos colgando de sus zurrones. Se presentó como el Brujo.

El Brujo era uno de los lacayos de Ardalas. Había sido capturado de niño, según contó, y adiestrado en la magia negra y los actos malvados. Sin sentir especial inclinación a ello, mató a muchos por órdenes de su Señor. Si no lo hacía habría engrosado los poblados ejércitos de no muertos. Incluso el elfo había abusado de él de muchas formas.

Ahora, caído su Señor, tenía un sentimiento ambiguo pues estaba agradecido con ellos y los odiaba a la vez. Pensaba que podía abandonar la senda del mal y había acudido a ellos para que le ayudaran, aunque no le sería fácil. Tenía con él -dijo- un grupo de prisioneros que liberaría si ellos le ayudaban a olvidar sus años de malvado. También les ofreció libre paso por las tierras de Erioch, amparados por él.

Si bien Gildor empezó la negociación, pronto todo el grupo se acercó. Juvens tenía que aguantarse para respetar la bandera blanca pues aquel hombre había asesinado a muchos de los suyos y encima ahora trataba de chantajear al grupo con esos prisioneros y un supuesto arrepentimiento. Ilai, además, creía que el Brujo en realidad quería robarles el Libro de Ardalas.

No aceptaron. El Brujo les dijo que para que se lo pensasen mejor, les protegería una semana en su camino al sur y volverían a hablar. A pesar de eso Gildor lo percibió como un enemigo antes de que el hombre se marchase junto a su esqueleto y su bandera blanca.

Se quedaron en silencio por un rato mientras el hombre se internaba en el bosque sin mirar atrás.

 

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Partida #39 "La semana de tregua"

La travesía por el antiguo y yermo camino real en Erioch se hizo un poco más llevadera durante esa semana de respiro que el Brujo les dio, aunque bien es cierto que ni los elfos ni Juvens confiaban demasiado en el humano aquel. Pasaban los días idénticos unos a otros con la salvedad de que se encontraban distintos rotos en el camino, ahora una posada abandonada -en el cruce-, ahora un arroyo de escasas aguas, todo siempre rodeado por un paisaje castigado por el Velo y arrasada la vida en él.

 

Encontraron, eso si, algunos lugares que les llamaron la atención, especialmente a Zoirasil que tuvo que ser convencida de no curiosear donde nada la llamaba más que su natural deseo de conocimiento, muy propio de su condición de maga. Así Juvens tuvo que charlar con ella cuando avistaron unas misteriosas piedras con runas azules como a una milla al este del camino, y luego tuvo que hacer lo mismo cuando avistaron las ruinas del antiguo burgo conocido como Campoariete, si es que su mapa no los engañaba. Unos de esos días, por cierto, se tomaron un rato para destruir el anillo maldito con el que Uriol se convertía en cuervo.

Zoirasil -y todos- se temían que el Brujo les estuviese espiando de alguna forma y que en realidad el hechicero codiciase el libro de conjuros del Nigromante caído, por eso en toda la semana la maga se limitó a la lectura de las historias de Caronte, un personaje mitológico sirviente del dios Pelor que se encargaba de cruzar a sus muertos a las Tierras del Más Allá. Estaba escrito en Lengua Común y lo había encontrado en la propia biblioteca de Ardalas. Las hojas estaban repletas de notas del Nigromante que revelaban una letra nerviosa, incluso desquiciada por momentos, pero meticulosa y con aplomo en otros.

Siendo jueves, 25 de Junio (aunque ellos ya habían perdido la noción del tiempo allí), llegaron a las cercanías de la Ciudadela de Piedra. Pasaron la noche no muy lejos de las ruinas de la que había sido una ciudad, según indicaba el mapa. Por la mañana se encontraron un prisionero liberado en el camino, que cojeaba corriendo hacia ellos. Venía demacrado, sucio, maloliente pero vivo; se trataba de un erio de unos treinta años, muy alto y que había sido muy fuerte semanas -o meses- atrás. Se llamaba Gárgamon, y era uno de los caballeros de la Casa Wark, los nobles erios que vigilaban el muro desde la ciudad de Minas Ator. Su emblema, sucio a más no poder en el tabardo, era un castillo. Los elfos acabaron dándole una espada y Auril le dio una de las preciadas bellotas de gigante para que se repusiese. Hablando de ella, la elfa llevaba días tratando de acostumbrar al caballo que habían capturado a su voz y su olor. La bellota, cómo no, pareció funcionar muy bien en el humano, que se recuperó con rapidez increíble.

Al poco, como si aquello hubiese sido un preludio especial, apareció un esqueleto con una bandera de tregua. Ellos lo respetaron y no tardó en aparecer el Brujo montado en un siniestro corcel de huesos.

Se acercó a ellos y hablaron por un rato. Él había cumplido su palabra de respetar sus días e incluso había encontrado una forma de sortear los campos de muertos y cruzar las montañas. Sabía que en las montañas de oeste había unas ruinas llamadas Guiva. Desde ellas se podía acceder a la Puerta del Este, la entrada del antiguo y extinto Reino Enano de Ukmar. Sabía que Uriol no siempre cruzaba en forma de cuervo las montañas, en ocasiones usaba un camino secreto por estos túneles y él, el Brujo, había descubierto dicho secreto. Por algún motivo -que no precisó- les necesitaba para entrar en Ukmar. Pareció entenderse que él sólo no podía entrar...

(versión grande)

En la charla con el Brujo -que llevaban Gildor e Ilai- pareció durante un instante que el paladín estaba convencido de dar una oportunidad a aquel desgraciado, pero el clérigo fue inflexible. Incluso el resto de elfos empezaron a dudar un poco del criterio del clérigo y se acercaron a discutir frente al Brujo. Ilai siguió en sus trece pues veía una falta de honor considerable el ser ayudados por aquel asesino e incluso se negó a aceptar el mapa de Ukmar -que recogió Gildor posteriormente-. Entre sies y noes llegó un momento en el que se le acabó la paciencia al Brujo -que vio claro que el clérigo jamás le perdonaría- y empezaron las amenazas. Ahí se acabó la negociación. El Brujo les dijo que mientras le quedasen prisioneros se encontrarían uno muerto en el camino cada día de viaje. Dieron por finalizada la tregua y el hechicero se fue, bajo la atenta mirada de Gildor. El humano se refugió en las ruinas de la ciudadela.

El grupo se paró un rato a discutir qué hacer. Estaba la opción de salir de allí y la otra, más arriesgada, de tratar de salvar a los prisioneros erios que muy probablemente se encontraban tras las murallas. Sería peligroso pero debían hacerlo, así que se prepararon para una batalla y se pusieron en marcha. Evitaron, gracias a la magia de Ilai, al primer destacamento de esqueletos guerreros que no tardaron en encontrarse en las inmediaciones de la muralla. Desde lejos vieron que en apenas unos minutos el Brujo había dado la orden de colgar a dos de los prisioneros y cortarle la cabeza a un tercero, frente a las puertas de la ciudad.

Se acercaron con precauión mientras Malbec se separó de ellos para tratar de escalar la muralla agrietada.

 

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Partida #40 "Asalto a la Ciudadela de Piedra"

El asalto a la ciudad discurrió por dos frentes, por una parte Malbec subiendo la muralla y por otro Ilai, Zoirasil, Auril y Gildor, y junto a ellos los dos humanos Juvens y el recuperado Gárgamon. Al llegar al portón de la ciudad no sufrieron ataque alguno pues Ilai había obrado un milagro sobre ellos que evitaba que los esqueletos les viesen. En el portón pudieron ver que los esqueletos habían hecho barricadas de muebles y madera y habían llenado el primer patio de brea. En el centro de dicho patio se encontraba un prisionero gimiendo, atado a un poste sobre leña, como si lo fuesen a quemar.

Mientras, Malbec había llegado a lo alto del muro y se las apañó (saltando) para evitar una zona de enredaderas asesinas. Había una enorme maraña de plantas peligrosas y el elfo las fue evitando hasta llegar al suelo y entrar por un callejón. Tuvo la suerte de escuchar que alguien corría por el suelo empedrado de la ciudad y se escondió.

Consiguieron abrir el portón -en el otro lado- y entrar en la plaza cubierta de brea. Ilai les dijo que se quedasen atrás pero al final entraron casi todos. Al intentar rescatar al humano uno de los no-muertos hechiceros que se escondía en una esquina lanzó una bola de fuego y de repente la plaza se convirtió en un verdadero infierno en el que por poco muere el caballo de Auril. Consiguieron salir vivos del fuego como pudieron.

En ese momento Malbec, que se había dado cuenta de que era el mismísimo brujo el que pasaba apresuradamente por la calle y entraba en una casa, siguió al hombre y llegó a ver que estaba en una estancia con varios no-muertos. En el suelo había una trampilla y uno de los no-muertos hechiceros, por orden del Brujo, empezó a abrasar a los prisioneros que se encontraban abajo. Malbec no resistió la tentación de matar al Brujo, así que entró corriendo en la estancia y le atravesó la nuca con una daga, rompiendo el conjuro de protección que Ilai les había puesto.

Entonces empezó la batalla.

 

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Partida #41 "El Espejo de Almas"

Prosiguió el combate en la entrada de la Ciudadela de Piedra, por un lado, y de Malbec por el otro mientras trataba de salvar a los prisioneros erios. Salían de las murallas decenas de muertos vivientes con arcos de hueso y esqueletos con cimitarras y clavas, pero los elfos fueron dando cuenta de ellos poco a poco, aunque no sin pérdidas. Gárgamon pereció en las puertas de la ciudadela, y también sucumbió el corcel de Auril bajo las flechas de los no-muertos. A pesar de ello pronto habían tomado el lugar y ayudaron a los erios a salir del agujero en el que estaban siendo ejecutados en el momento en el que Malbec mató al Brujo.

Mientras respiraban unos segundos tras la batalla, Malbec, que había agarrado el báculo del Brujo, tuvo una aparición de unos fantasmas. Aunque al principio se asustó mucho, pronto se enteró de que los espíritus no traían malas intenciones. Se trataba de tres hechiceros ancestrales llamados Khaas, Erral y Lot.
 


Pronto todos se acercaron a ver qué pasaba y si había peligro,

Los hechiceros les contaron que habían sido grandes magos (o nigromantes, quizás) en el pasado, pero habían sido engañados por Ardalas y asesinados. Sus cuerpos habían sido guardados en un lugar secreto para poder usar su poder aún después de muertos. Con poderosos encantamientos estaban obligados a comandar una legión de fantasmas y espíritus a las órdenes del elfo Ardalas, que había dejado al Brujo en la Ciudadela de Piedra para encargarse del tedioso trabajo de vigilar todo. Pero eran ellos tres los que realmente ordenaban a los espíritus lo que hacer. Estaban, sin embargo, obligados a obedecer lo que el Brujo determinaba y, por extensión, lo que el Nigromante Ardalas quería.

Pero ambos estaban muertos ahora y ellos estaban dispuestos a mostrarse muy agradecidos por ello. Estaban dispuestos a llevarse a todos los fantasmas de Erioch, que no era poco. Pero para ello los elfos debían ayudarles a ellos. Como sus cuerpos estaban prisioneros, debían destruirlos. Si lo lograban, les darían descanso por fin. Si fallaban, estaban condenados a ser fantasmas eternamente y se vengarían...

Ante aquella extraña negociación, los elfos accedieron a ayudarles al día siguiente, así que descansaron esa noche en las escuetas estancias del Brujo, mientras Zoirasil hacía pociones y los erios rezaban a Pelor dando las gracias por la segunda oportunidad que les había sido dada.

Ardalas -según les había contado Khaas- era muy orgulloso y pensaba que era más inteligente que nadie, por eso había caído en la tentación de poner unos guardianes en la tumba de los tres hechiceros en vez de cerrarla de forma imposible. Había creado un espejo ilusorio llamado Espejo de Almas, que al tocarlo te transportaba a un lugar extraño en el Otro Lado. Allí estaban las tres tumbas, pero antes de llegar a ellas había siete salas en las que siete guardianes pondrían acertijos que Ardalas había preparado contra los intrusos. Si fallaban deberían luchar contra los terribles enemigos que allí aguardaban.

Así que por la mañana, al amanecer, bajaron a los subterráneos de la Ciudadela de Piedra donde había un extraño espejo azul en el medio de una estancia de techo altísimo. Al tocarlo, entraron en el Espejo de Almas.

 Dentro del espejo había una estancia de paredes de basalto con forma de caverna. A un lado había unas escaleras que bajaban, a otro una fuente de agua cristalina y de frente una puerta de madera oscura con unas runas encima. Los hechiceros les habían dicho que ignorasen todo salvo los acertijos, o sería su ruina, así que aunque Malbec inspeccionó la fuente y Gildor las escaleras, no tocaron nada ni se alejaron. Ilai les dijo que las runas eran mágicas y que eran parte del conjuro de ilusión del lugar, igual que otras runas que encontraron más adelante.

 



Avanzaron, elfos y erios juntos, y entraron en la primera estancia donde les esperaba un monstruo gordo de casi tres metros de altura con un hacha gigante. Estaba rodeado de siete columnas de basalto, en una estancia grande con otra puerta doble al fondo. El monstruo les habló y les puso un acertijo:

"Un enano barquero quiere cruzar un río con un lobo, un gato y un pájaro. En la barca sólo le cabe un animal, pero si deja solos al lobo y el gato, el lobo se lo come. Y si deja solo al gato con el pájaro, el gato se lo come. ¿Cómo ha de hacer el enano para cruzar?"

Tras un corto debate, Auril respondió que pasaría con el gato y lo dejaría allí, dejando solos al lobo y el pájaro. Dejaría al gato y volvería a por el lobo. Cuando tuviese en la otra orilla al lobo y el gato, regresaría con el gato y le dejaría allí, llevándose al pájaro. Al llegar, dejaría el pájaro con el lobo y regresaría a por el gato. Al volver ya habría cruzado a los tres.

El gordo les dejó pasar.

En la segunda sala se encontraron a un demonio de cuchillas en las manos. Éste les preguntó:

"¿En qué lugar del mundo el cielo no tiene más que tres yardas de ancho?"

Tras un debate largo, Gildor respondió "en el reflejo de un charco". Como no era la respuesta tuvieron que combatir al monstruo. Fue una lucha dura en la que murieron varios erios, o más bien fueron expulsados del Espejo de Almas. Si todos resultaban expulsados les habían dicho que no podrían regresar. Finalmente dieron muerte al demonio gracias a todos pero especialmente a Malbec y su kukri gardio.

En la tercera sala había un pequeño animal de menos de un pie de alto parecido a una ardilla de ojos grandes. Se veían como pequeños arcos de electricidad que de vez en cuando chispeaban alrededor de la criatura.

El bicho les habló con voz aguda, y les dijo:

"Hay dos guardianes de dos puertas, una buena y una mala. De los guardianes uno siempre miente y otro siempre dice la verdad. Le puedes hacer una pregunta a uno para ver por donde pasar. ¿Cuál es la pregunta?"

Tras debatir un rato, Ilai respondió que le diría a cualquiera de ambos: "Si le dijera a tu compañero que me señalase la puerta buena, ¿qué me contestaría? Y elegiría la otra."

El monstruo les dejó pasar.

En la cuarta estancia había una tenebrosa figura de sombras que les susurró:

"¿Qué es aquello que si lo nombras lo destruyes?"

Malbec, sin esperar por nadie, respondió "El silencio".

El guardián les dejó pasar mientras miraban molestos a Malbec por haber sido tan impulsivo, a pesar de tener éxito.

En la quinta estancia había un gigantesco cíclope con un martillo increíble. Les preguntó:

"Larga es mi lengua, fuerte mi aliento,
más ningún conflicto engendro.
Oyes mi voz tan cerca como lejos
más ninguna vida tengo".


Debatieron largo rato y acabaron respondiendo a través de Gildor: "el viento". Como esa no era la respuesta, el cíclope les atacó y antes de caer mató al resto de erios e hirió a varios elfos.

En la siguiente sala les esperaba un golem de piedra. Era la penúltima estancia.

"Si cavo una zanja de 10 pies por 10 pies por 10 pies, ¿cuánta tierra tengo dentro?".

Debatieron y cuando Auril respondió "no tienes ninguna porque no hay tierra sino un hueco" el golem de piedra les dejó pasar.

Así llegaron a la última sala donde les esperaba una figura encapuchada que les ofreció que se fuesen y les daría lo que quisieran. Se lo pensaron y decidieron no aceptar la oferta. Tras eso la figura oscura les preguntó:

"Si trazo una línea en el medio de la estancia y tengo tres monedas de oro, ¿cómo hago para tener en un lado de la línea dos caras y en el otro dos cruces?"

Ilai tenía una respuesta preparada y Auril otra distinta. Discutieron un rato y a todos les gustó más la de Auril, así que acabaron respondiendo: "pongo una moneda de cara en un lado y una de cruz en otro, y sobre la línea pongo una de canto con la cara mirando al primero y la cruz al segundo".

La figura, con gran pesar, les dejó pasar.

Así es como consiguieron superar las siete pruebas del Espejo de Almas. Encontraron las tres tumbas de Khaas, Erral y Lot y les dieron un entierro al estilo de Corelion, quemándolos y recitando unas plegarias. En la tumba de Erral, Malbec encontró un ojo de cristal que se guardó. Antes de terminar una voz -seguramente la del propio Ardalas- les avisó que regresasen por donde habían entrado... pensaron que seguramente sería un desesperado último recurso pensado para amedrentar a algún incauto.

 



Al acabar, el Espejo de Almas perdió su poder y regresaron a los subterráneos de la Ciudadela de Piedra, donde les esperaban los erios (con Juvens) caídos en combate.

Los tres hechiceros aparecieron por última vez. Les dijeron que "alguien" les había enviado a despedirse y ofrecer un regalo por el valor mostrado en los últimos meses. Les devolverían -ni más ni menos- al lugar que eligiesen en el Orbe. Los hechiceros, por su parte, se llevarían consigo a todos los fantasmas y espíritus errantes de Erioch, lo que daría fin a siglos de terror en aquellas tierras.

Tras un corto debate eligieron regresar a las cercanías del Muro, a Minas Ator. Juvens les dijo que ellos podrían regresar a Akenar a través de Warvik o Eriador, a través de uno de los Portales de la Orden de Viajeros de St. Cutbert (que es el nombre que dan a Gah en esas tierras).

Los hechiceros desparecieron en un inmenso remolino de viento y almas. Tras eso se hizo la oscuridad y cuando volvieron a abrir los ojos estaban en un torreón de vigilancia en Minas Ator, tanto ellos como Juvens y el resto de los erios liberados.

Un vigía que estaba allí se desmayó al ver aparecer a un grupo de elfos y humanos armados hasta los dientes, maltrechos, con los ropajes sucios y deshilachados, con el hijo del Rey entre ellos, portando un brillante estandarte sagrado de Heironeuss perdido siglos atrás en la Batalla del Paso.

 

 

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Partida #42 "El Reino de Eria"


El grupo de elfos llegó a la ciudad eria de Minas Ator el último día de la primavera (28 de Junio) del año arcano de 1081 DS, que se correspondía con el año 3507 según el cómputo erio que usaban en esas tierras. La llegada de los elfos causó un júbilo fuera de lo común entre las gentes de la ciudad, es su mayor parte hombres y enanos, desde el momento en el que se extendieron las noticias de que el príncipe Juvens estaba con vida y, sobre todo, que el Nigromante había sido derrotado y su reino de terror había llegado a su fin, después de medio milenio de existencia. Miles y miles de erios habían muerto defendiendo el Muro por no hablar de las incontables batallas, los cientos de incursiones, sitios, maldiciones y terribles horrores que los defensores de los reinos de los hombres habían tenido que sufrir; todo eso se había acabado gracias a aquel grupo de elfos.



La otra cara de la moneda es que el Rey Onaris, ya anciano, había muerto unos días antes en la corte del reino, Eriador, sumido en una gran tristeza por la muerte de Juvens. Toda la ciudad estaba de luto, y a pesar de las nuevas noticias aún debían dejar pasar siete días de duelo por el monarca antes de poder celebrar nada. De hecho Juvens se separó del grupo y se fue a la catedral de Heironeuss a rezar por el alma de su padre durante tres días de velar armas.

Así fue como los elfos, después de semanas a la intemperie, sufriendo todo tipo de horrores, se encontraron en unas ricas estancias con la mejor comida y vino que podía conseguirse en el sur de Eria, bañándose en agua limpia con aroma de flores y descansando como verdaderos héroes del reino. Conocieron a varias personas de la ciudad, la primera de todas a la única elfa de toda la ciudad, Lady Ylissa, esposa del Senescal del Reino, el anciano Lord Pierre. La elfa tuvo la amabilidad de explicarles un poco cómo eran las cosas en las tierras del sur de Eria: el monarca Onaris había llegado de allende los mares años atrás y había resucitado el Reino cuando éste se encontraba en una situación muy precaria. Durante sus largos años de reinado Eria había vivido una nueva primavera, especialmente buena por la caída del Gran Rey Amón de Akgard, que había representado una seria amenaza en el oeste. Ni siquiera en aquellos años de paz Era había conseguido ningún avance en su guerra contra Erioch, de modo que se dedicaban a defender el Muro y poco más. El rey Onaris y su mujer Oriana habían tardado muchos años en concebir un heredero, el príncipe Juvens. Tiempo después nacería su hermano Dalos y la reina Oriana moriría en el parto. El príncipe Dalos había estado a punto de convertirse en Rey, pues tras los días de duelo sería coronado. Ahora, al regresar Juvens, eso nunca sucedería.

 

Lord Pierre, el Senescal y líder de los seguidores de Heironeuss, era el protector del sur y señor de los condados de Wark y la ciudad fortaleza de Minas Ator. Según escucharon, Lord Pierre había sido un valiente aventurero en sus años mozos y había viajado por medio mundo. Y fue en uno de esos viajes en los que conoció a la elfa Ylissa y se enamoraron.

 

También tuvieron la oportunidad de conocer a un gran mago que residía en Minas Ator, el famoso Otiluke, que pareció más preocupado por la comida que por ellos. El mago les hizo algunas preguntas sobre Ardalas, pero no las que alguien podía esperar. Malbec no perdió ni medio día y acabó acostándose con una de las doncellas humanas, Alaria. Zoirasil consiguió que le permitiesen curiosear libremente por la biblioteca del Etum Palatinae, la escuela de la ciudad. Auril se fue con el capitán de la guardia, Sire Thomas, a visitar las murallas. Ilai y Gildor se dedicaron un poco a descansar y a empezar a pensar cómo devolverían los objetos sagrados que habían rescatado en las Cuevas del Castigo.



 

 

Hubo, eso sí, un banquete nocturno para dar la bienvenida a los héroes. Sire Pierre les prometió que el Reino de Eria les recompensaría con creces. Allí pudieron hablar con el famosísimo herrero Nett que prometió arreglar personalmente las armaduras de los elfos. También conocieron a un clérigo sillenita, que en esos lares llaman de St. Cuthbert, un hombre misterioso llamado Raemon el Tartamudo. El clérigo les dijo que visitaran, en las afueras de la ciudad, la Catarata Blanca al amanecer del día siguiente. Alguien les estaría esperando.

 

 

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Partida #43 "La visita anónima"


Al día siguiente del regreso de los elfos de las siniestras tierras de Erioch empezaba el verano en Minas Ator. Muy temprano Auril se reunió con Sire Thomas para irse a dar un paseo por los alrededores de la ciudad. El viejo capitán le traía una caballo blanco formidable, como regalo de la ciudad a la elfa que, de inmediato, se enamoró del corcel. Sólo el caballo de Gildor era más magnífico. Se perdieron ambos jinetes en las tierras al oeste de la ciudad, con el alba aún en las montañas más allá del Muro.

Ilai y Gildor, como representantes de Corelion, cumplieron la tarea de devolver los objetos sagrados rescatados en las Cuevas del Castigo por ellos mismos. Primero en el mismo castillo donde devolvieron la espada sagrada sillenita a Maese Raemon, y luego en el Templo de Pelor, donde llevaron todo lo demás, entre ellos el Cofre de los Deseos, que tanto les había ayudado. Los objetos de Heironeuss estaban ya en la catedral pues los había llevado Juvens, que cumpliría hoy su segundo día de velar armas por su padre, el fallecido Rey Onaris.

Zoirasil, que había soñado con unas montañas lejanas y una escena borrosa de un jinete y alguien caminando a pié, estuvo dibujando lo que recordaba y pidió que le permitiesen desayunar en una plaza de la ciudad, tranquilamente. Para ello, los erios tuvieron que cerrar la plaza del mercado y dejaron que la elfa se despejase allí. Luego, a petición de ella, llamaron al explorador más experto de la ciudad, un gnoling llamado Grass, viejo compañero de aventuras del Senescal. El pequeño Grass no reconoció las montañas del dibujo de Zoirasil, pero al menos le pareció que no eran las Montañas del Oro, a cuyos pies estaban en aquellos instantes, pues sus cimas eran mucho más viejas y redondeadas.

 



Malbec, tras despedirse de la fogosa Alaria, la doncella con la que había pasado la noche, se fue caminando a la Catarata Blanca donde se suponía que tendrían que encontrarse con alguien, según Raemon el Tartamudo había predicho la noche anterior. Llegó al lugar, una gran catarata que salía de los ojos de una gigantesca estatua en la montaña. Cruzó uno de los resbaladizos puentes y, en efecto, se encontró con un elfo misterioso que le esperaba allí.

El elfo, que nunca reveló ni su nombre ni el de su señor- le agradeció a Malbec que hubiese aparecido allí para verle. También le agradeció los esfuerzos del grupo para acabar con el Nigromante y todo lo que este había creado allá en las tierras de Erioch. Pese a la insistencia de Malbec, el elfo no reveló su identidad, pero por su forma de hablar resultaba evidente que estaba muy enterado de los andares del grupo. Es más, le dijo a Malbec que ya habían hablado en una ocasión. También le insinuó que era mejor que fuese él el que hablase en vez del grupo entero y vagamente se refirió a ciertas reglas y leyes. En cualquier caso le dijo a Malbec que si tenían intención de cumplir lo que habían venido a hacer, tenían dos caminos posibles. El primero era el común, caminando y a caballo, atravesar el Reino de Eria por el sur y llegar a las praderas de Kan, con sus jinetes, y atravesarlas también hasta llegar al Reino Faérico de Myth. Este camino albergaba grandes peligros. La segunda opción era esperar en Minas Ator al Añonuevo, día en el que un Atajo de los Antiguos se abría justo allí en la cueva de la Catarata Blanca, y se mantenía abierto por todo el día. Desde el Atajo se accedía a un lugar llamado Laberinto, y desde allí de nuevo al Reino Faérico de Myth. Existía, además, una tercera opción que complacería a su Señor y no era otra que intentar recuperar la legendaria Estrella de los Elfos, perdida en Elwyn. Ellos, aunque lo habían ignorado, poseían un mapa que les indicaba dónde se encontraba Elwyn. Tras esos crípticos mensajes, el elfo indicó a malbec cómo encontrar un tesoro a los pies de la catarata que había pertenecido a un viejo mercader sin herederos. Le regalaban esa información como premio por su inestimable ayuda.

Tras eso, el elfo dejó de estar allí en un simple parpadeo de Malbec.

 



Impresionado por el encuentro, salió de la cueva y allí se encontró a Auril, que había regresado de su paseo con Sire Thomas. De hecho Gildor, Ilai y Zoirasil también acababan de llegar. Malbec les pidió que regresasen a las estancias que el Senescal les había cedido en el castillo y les dijo que allí les contaría lo que acababa de pasar.

Una vez de vuelta en las estancias, les contó la charla. Surgieron dudas y discutieron, no muy acaloradamente, acerca del significado de todo aquello. Ilai no las tenía todas consigo. Se habló del Laberinto pues el clérigo y la maga sabían lo que era: en tiempos de los Antiguos estos habían creado los llamados Atajos, que eran unos caminos por los que se podía viajar entre grandes distancias con apenas unos pasos. Por un Atajo, se podía ir de un reino a otro en cuestión de minutos. Fueron los Gardios durante la Guerra de Sangre los que, para destruir la capacidad de viaje de los Antiguos, crearon sobre los atajos un semiplano maldito llamado Laberinto, lleno de peligros y confusiones. Desde aquella el Laberinto es un lugar lleno de puertas que conducen a los lugares más inesperados, pero también lleno de trampas y monstruos de otros tiempos. Eso sí, los Atajos siguen en él. Sabiendo eso, a Ilai no le pareció buena idea usar el Laberinto y le pareció que atravesar a caballo las 2500 millas hasta Myth sería mucho más seguro.

Después de la charla, en la que no quedó clara la opinión general, Gildor y Malbec se fueron a la herrería de Nett. El renombrado enano les recibió bien y escuchó las peticiones de los elfos. Malbec quería una armadura ligera y Gildor un yelmo. Nett prometió a los elfos una armadura de mithril y un buen yelmo a medida.

Auril e Ilai caminaron por la ciudad hasta la torre de Otiluke, que justo salía a comprar el pan. Le estuvieron preguntando por las tierras de Kan, ya que él había viajado mucho. Les contó que allí vivían los drunos, unos pueblos nómadas que siempre iban a caballo y que hacía siglos que guerreaban con los elfos de Myth, por lo que sería complicado cruzar aquellas tierras, sin duda. Cuando le preguntaron si sería más seguro ir por el Laberinto, al mago le sorprendió la pregunta. Al parecer no sabía que había un Atajo allí. Luego les dijo que el Laberinto no era seguro en absoluto. El evocador se quedó comprando en el mercado, los elfos pasaron por la forja de Nett y el enano les regaló un arco largo, un casco y un yelmo de factura enana muy bonito.

Entretanto, Zoirasil fue llamada por el Senescal. La mujer de Lord Pierre, lady Ylissa, le dijo que la habían echado de menos en el banquete anterior. Zoirasil parecía algo desanimada, incluso llegó a negar ante el señor de la ciudad que hubiese sido de ayuda en Erioch. El Senescal se la llevó aparte y tuvo unas palabras con ella para animarla. Además le dijo que la ciudad le permitía pasar el siguiente sabbat en la isla del Templo Cerrado, en el lago al oeste de la ciudad. Allí era donde la antigua reina, Lady Oriana, había dejado un preciado objeto del Reino, el Cuerno Dorado del Unicornio. Por lo que entendió, debía ser capaz de pasar la noche en la isla para pasar "la prueba" y merecer el Cuerno. Lord Pierre le mencionó que el propio Otiluke llevaba años haciendo méritos para que le dejasen hacer la prueba, pero por el momento el mago no lo había conseguido. Lord Pierre le dijo que se pensase esa noche si quería aceptar y se lo comunicase. Sobra decir que el anillo de Locke estuvo especialmente activo toda la tarde, insistiendo en la importancia de aquel objeto para la maga.

Tras eso, Zoirasil se encontró con su hermana y decidieron pasar la tarde hasta el anochecer dando una vuelta a caballo. En un descanso, cuando estaban fuera de la ciudad, Zoirasil le dijo a Auril que los demás del grupo no se fiaban de ella y que quizás la necesitase aquel sabbat para pasar "la prueba". Auril intentó quitarle hierro al asunto diciendo que debían confiar unos en otros, y que Ilai solía tener razón al ser consultado. La maga, aparte de la prueba, pensaba en los libros de conjuros de Ardalas, que quería seguir leyendo. También pensaba que el elfo sin nombre era un enviado de Corelion que precisamente hablaba con Malbec pues los dioses del Orbe, según dicen las leyendas, tienen pactado no ayudar nunca directamente a sus fieles.

Gildor, Malbec e Ilai, entretanto, decidieron hablar con Raemon el Tartamudo. Cuando se disponían a salir de las estancias el clérigo apareció por sí mismo, pues al parecer había sabido que le buscarían. Sorprendidos, le preguntaron por las dudas que el misterioso elfo anónimo había dejado en el aire. El clérigo de St.Cuthbert les hizo prometer que no desvelarían nada que lo que les dijese, y cuando ellos lo hicieron les dijo que ir tras la Estrella de los Elfos era en vano pues cuatro personas de Akenar la destruirían en poco más de un año y era inevitable. Por otro lado, si intentaban ir a Myth por tierra descubrirían un problema que aún no podían imaginar: el Príncipe Dalos se negaría a aceptar el regreso de su hermano Juvens y pronto estallaría un conflicto entre ambos por la corona de Eria. Los seguidores de Dalos tendrían la orden de llevar a los elfos al príncipe, vivos o muertos. De esa forma, cruzar el Reino de Eria sería mucho más duro de lo esperado. Raemon dijo que, de todos modos, uno de los elfos rompería la promesa de no hablar de aquello. Ilai, al escuchar eso, miró con dureza a Malbec, lo cual no acabó de gustarle a éste.

Cuando regresaron Zoirasil y Auril, y una vez Maese Raemon se había marchado, el clérigo Ilai compartió con ellos la información sobre la guerra que se avecinaba en Eria. Creía, además, que sería mejor cruzar por el Laberinto y pareció que todos estuvieron de acuerdo. Para eso tendrían que esperar medio año allí y esperar a que el conflicto entre hermanos no les afectase. En realidad no lo veían como su problema a pesar de haber compartido semanas con el príncipe Juvens ya haber sido ellos los que le habían rescatado de las mazmorras de Ardalas. Y hablando del Nigromante, Zoirasil estuvo discutiendo con ellos para que le dejasen mirar el libro de conjuros robado. El único que se opuso frontalmente fue Malbec. Ilai comentó que lo podía mirar incluso él en vez de la maga para inspeccionar si albergaba algún peligro...

Malbec, antes de que todos se fuesen a dormir, les dijo que necesitaría ayuda la mañana siguiente para recuperar el tesoro mencionado por el elfo sin nombre.

 

 

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Partida #44 "El libro de Ardalas"


El martes día 2 de Julio del año arcano de 1081 DS (el año erio de 3507) hacía ya un par de jornadas desde que los elfos habían regresado de las tenebrosas tierras de Erioch. Esa mañana salieron de la ciudad de Minas Ator acompañados de un mulero erio llamado Thom. Fueron juntos a la Catarata Blanca y allí se pasaron un buen rato; el paladín Gildor estuvo nadando en las frías aguas del lago Anwyn y acabaron por sacar de la base de la catarata un cofre metálico que entraría, sin duda, en todas las historias de posada de los siguientes meses en la ciudad y varias millas de alrededor. Las gentes imaginarían un cofre lleno de oro y gemas de valor incalculable y no estarían muy lejos de la realidad. El tesoro generó ciertas fricciones en el grupo. Si bien Malbec era el que había desvelado el paradero del oro (la información se la había dado el misterioso elfo que habí a hablado con él el día anterior), Iali se había hecho la idea de construir un Bosque de Dioses en aquella ciudad enana que recordase para siempre que habían sido elfos los que no sólo habían roto el Velo sino que habían acabado con el Nigromante Ardalas, sus lugarteniente Uriol, el Brujo, dos Señores Vampiros (Nacra, muerto por Ilai, y Eddon, caído por un legendario flechazo de Auril; sólo uno escapó, Ragost, aunque vivo no es el término), su dragolich y el demonio Orboroth (en las Cuevas del Castigo). Sólo les había faltado ir a matar al mismísimo príncipe Aesir, más conocido como Erioch o el Lich, que reside -según dicen- en la Torre de los Mil Cuervos desde hace cinco siglos. Malbec, a pesar de ser amigo de Ilai, no era adorador de Corelion y tampoco le veía especial sentido a tirar el oro en eso.

El propio Otiluke estuvo interesado en el tesoro, visitó a Malbec y lo intentó comprar con la Moneda Increíble de Otiluke. El elfo, educadamente, denegó la generosa oferta.

Sin embargo aunque eso les trajo alguna que otra discusión lo que realmente ocupó la mente de todos durante el día fue el libro de conjuros del Nigromante. Zoirasil no había parado de insistir para que le dejasen estudiar el libro de una vez por todas pero como había roto el sagrado hacía unas semanas apenas y se había portado de forma muy irregular, todos estaban en contra de que la maga estuviese curioseando ese libro potencialmente peligroso. Curiosamente fue Malbec el que más se opuso a usar el libro en provecho propio. Ilai consideró que él podía echar un vistazo y dar su permiso posteriormente a Zoirasil para que estudiase lo que el considerase correcto. El elfo parecía no haber aprendido que los poderes oscuros son raramente controlables y estuvo a punto de salirle caro: empezó a leer el libro y al poco rato, entre otros conjuros aparentemente normales, encontró escrito un horrible hechizo perdido de Antigua, maldito, escrito para causar dolor, desollamiento y muerte en un humano. Sólo leer los caracteres impíos le sentó mal al clérigo al que sólo la protección del Agua de Vida salvó de consecuencias más graves que un fuerte malestar.

Tras eso explotó la discusión y el libro de Ardalas acabó en el fuego. Zoirasil estuvo cerca de acabar a golpes con todos y le tuvieron que arrancar el libro de las manos. Los ruegos de la elfa hicieron que al menos le dejasen las primeras hojas, arrancadas sin más.

Auril, que regresó de cabalgar con su nuevo caballo, estuvo consolando a Zoirasil. El ambiente estuvo más bien turbio tras el evento del libro, de modo que más tarde la maga se fue a cenar con Otiluke, que fue muy amable con ella aunque se preocupó un poco por las hojas del libro de Ardalas.

Antes del atardecer la elfa Auril, que había salido a despejarse dando una vuelta, fue perseguida por el mismo Otiluke que, bajo amenaza de muerte, le quitó las hojas del libro de Ardalas y las quemó allí mismo. Le dijo que él pertenecía al Círculo de los Ocho y que no podía permitir que ese libro deambulase por ahí. También añadió que quizás el anillo de Zhor estaba alterando un poco a su hermana. Auril regresó al castillo de Minas Ator realmente asustada. Fue precisamente por esto por lo que Gildor, Malbec e Ilai se fueron a la torre del mago enfadados a mostrarle su disconformidad con lo sucedido.

Juvens, ya entrada la noche, pasó a despedirse de ellos. El paladín había cumplido el tiempo de velar armas por su padre Onaris y marchaba al norte para ser coronado en Eriador, donde le esperaba su hermano el príncipe Dalos. Ofreció a los elfos que le acompañasen pero ellos (con la profecía de Raemon en mente) no aceptaron la invitación. Si bien sabía que Juvens no moriría en el viaje, estaban seguros de que el resultado del mismo sería cuando menos doloroso. Sin embargo no dijeron nada.

Zoirasil empezó a plantearse si debía tratar de pasar la prueba del Templo Cerrado el sabbat o esperar unos días a estar más tranquila.

A la mañana siguiente, el mércades, el príncipe Juvens partió de la ciudad. El Senescal Pierre y su mujer Lady Ylissa fueron a despedirle, aunque antes de eso Auril habló en provado con el príncipe.

Ilai siguió recibiendo noticias de su tierra, la lejana Yvonesse, que estaba sufriendo ataques de bandas de humanoides cada vez más serios. Tampoco podía hacer nada el clérigo más que rezar por los suyos.

 

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Partida #45 "La afrenta a Zoirasil"


La noche del mércades, 4 de Julio del año 1081 DS, Eireen visitó las estancias del joven príncipe Juvens para revelarle las profecías del clérigo Raemon el Tartamudo. Se lo contó todo, la traición de su hermano y la guerra civil que se avecinaba. Juvens escuchó la noticia con horror contenido pero hizo gala de una gran fortaleza. Agradeció a la elfa su sinceridad y dijo que no podía evitar su destino, debía partir al norte a la mañana siguiente, y así fue.

Malbec, Ilai y Gildor habían ido a visitar el Muro que protegía el Reino de Eria de las tierras de los muertos. La que se había quedado en la ciudad era Zoirasil pues estaba realizando unos conjuros para crear su Clave de Mago, nada más y nada menos que sobre el Anillo de Zhor. Varias veces le habían aconsejado que no usase ese objeto así que la tarde del jueves se lo dio a su hermana Auril, que lo guardó desde entonces.

Pasaron los días mientras esperaban a que las armaduras fuesen creadas y reparadas. Entretanto Gildor fue de viaje con Lord Pierre al Castillo de Gilliard donde fue recibido como un héroe.

Unos días después, el día 25 de ese mes, Ilai tuvo malas noticias de su familia en Yvonesse, que no compartió con sus compañeros. El Rey Demonio Oonegith inició un ataque sobre la ciudad del Rey, Iliya, con un ejército norteño de svardos, osgos y trasgos. La ciudad elfa no poseía murallas como las ciudades de los hombres y sin duda habría muchas pérdidas. Ilai confiaba que si bien el Rey Tanis era un anciano y ya no podía luchar, al menos el Príncipe Aram podría liderar a los suyos y derrotar al Rey Demonio, aunque algo le decía a Ilai que serían unas jornadas oscuras para los suyos.

El viernes 26 de Julio, a pesar de su secreta preocupación por su Reino y sus familiares, Ilai acudió al Consejo de Minas Ator y consiguió que éste aprobase la cesión de un pequeño terreno en la muralla donde se edificaría un futuro Bosque de Dioses en memoria de la Gesta de Erioch, que era como llamaban ya los erios a las aventuras de los elfos en las tierras de los muertos y a la derrota de Ardalas. El bardo enano Zygmunt empezó a componer una balada, según dicen.

El último día del mes, el dóminus 28 de Julio, el Gran Nett acabó su última obra maestra, una armadura de mithril hecha para Malbec. Para recibirla el elfo se acercó a la forja del enano y tomaron vino y pan juntos.

Todo parecía ir bien para el grupo de elfos hasta esa noche nefasta. Las desgracias comenzaron cuando la joven Zoirasil se acercó a la torre de Otiluke para hablar con el mago. En vez de él encontró a otro hombre, alto y apuesto, de unos cincuenta años, con una intensa mirada. El hombre hizo pasar a la elfa a la torre y, tras cerrar la puerta, la elfa no supo contar muy bien qué sucedió, pues se sintió fascinadísima por el hombre y tras un rato de charla delirante acabó por acostarse con él. Pasó varias horas en la torre, y no fue hasta salir de allí que se percató de que había sido encantada y violada por aquel mago de nombre Tenser.

Al volver al castillo la noticia fue como un jarro de agua fría en la cara de los elfos. Zoirasil había sido privada de su honor y, como adoradores de Corelion, era una afrenta que era totalmente imposible ignorar. Debía correr la sangre aquella noche. Incluso Gildor, al notar que algún problema había en la ciudad, había regresado en mitad de la noche de su viaje al sur.

Cuando se preparaban para ir a asaltar la torre de Otiluke y matar a Tenser, un viejo humano les sorprendió llamando a la puerta. Estaban todos un poco nerviosos de forma que cuando el hombre entró y se vio su barba blanca y su túnica de mago, el paladín no dudó en atacarle.

El mago no era otro que Rary el Traidor, uno de los magos más poderosos del Orbe. Cuando consiguió que le dejasen hablar les explicó que sabía lo que había pasado pero que de ninguna forma podían ir a vengarse o morirían todos.

Rary pertenecía a Círculo de los Ocho, que estaba formado por los magos más poderosos de los Mares Tranquilos y quizás del mundo entero. Cada cierto número de años el Círculo se reunía para compartir historias y tomar algunas decisiones y resultaba que esa reunión estaba teniendo lugar en aquellos momentos en la torre de Otiluke, que era otro de los componentes del Círculo.

-Rary, al que llamaban también el Guardián del Tomo, había nacido bajo la profecía de que un día traicionaría a los suyos. Abjurador.

-Otiluke era el mago evocador más poderoso que existía, amante del vino y la comida pero un formidable enemigo en batalla e incansable buscador de tesoros.

-Tenser, el de mayor voluntad entre los Ocho, era un maestro del encantamiento.

-Leomund era un mago arcano de inmenso talento pero había sido pobre toda su vida. Cuando sus poderes medraron se hizo rico y se cambió el nombre por Ranh. No tardó en comprar un título y apellido nombre en Akenar, los Merion. Bajo el nombe de Rahn Merion se erigió como Archimago de la Orden de Magia tras muchos años de estudio y hechicería, se dice que dominaba todas las artes arcanas con maestría única.

-Mordenkainen, quizás el más famoso de todos los magos vivos, conjurador. Dicen que aspiraba a ser el Archimago pero Rahn Merion le batió en combate singular en las Pruebas de Archimagia, lo cual le denegó el puesto. A pesar de sus grandes poderes se le conoce por su legendaria inteligencia más que por su magia.

-Nystul, mago alino adorador de Istus, Diosa del Destino. Utilizaba sus dotes de adivino para predecir acontecimientos. Reyes y Príncipes se disputaban sus servicios.

-Melf, ilusionista ilko, solía residir en la ciudad de Tyrus, en el Principado de las Islas. Muchos le llamaban "el Comerciante" por su obsesión por los negocios y las apuestas.

-Bigby, transmutador de la Orden de Magia, residía en Agon, en Vúlpara. Se hablaba de su costumbre de convertirse en mujer, bajo el nombre de Ágata. Estaba obsesionado con el arte y el teatro.

Y esos eran los Ocho.

Pues bien, los elfos se enteraron entonces que las páginas del libro de Ardalas que Otiluke había destruido en realidad no estaban perdidas. Parece que el mago, presa de la curiosidad, las había recompuesto con su magia y las había leido. Algo maligno que se escondía en aquellas páginas había corrompido la mente de Otiluke y lo había envilecido, convirtiéndolo en malvado. Luego, en la reunión del Círculo, Otiluke había compartido el Libro de Ardalas con los ocho magos. Desastre total.

Así que siete de los ocho estaban aquella noche con Otiluke. Simplemente era imposible ir allí y sobrevivir a ello.

Rary, sin embargo, tenía un hijo. De alguna forma aquello le había ayudado a no caer bajo la influencia del mal. Debía regresar a Akenar y conocía una isla donde esconderse, pero antes encargaría algo a los elfos: el Círculo estaría unos días en Minas Ator pero luego se disolvería. Sólo Gah sabía el daño que podían hacer siete magos malvados, pero ellos podía al menos neutralizar a Otiluke. Rary no quería que lo matasen porque a fin de cuentas Otiluke era víctima de un mal, no el mal en si mismo, pero Rary sabía lo que podían hacer: en unas ruinas llamadas Sadgeton, al oeste de Minas Ator, cerca del Bosque de Quinavel en el centro de Eria, residía un extraño monstruo de origen diabólico. Aquel monstruo escupía un veneno al que los alquimistas erios llamaban "baba de sueños" que sólo con el contacto te dormía. Por fortuna los elfos y gente de sangre faérica eran inmunes a dicho sueño, de modo que ellos eran el grupo perfecto para adentrarse allí y conseguir el preciado líquido. Con él podrían fácilmente dormir a Otiluke. Sólo un druida conocía la receta para despertar a los durmientes de aquel veneno. Mientras a Rary se le ocurriese cómo solucionar el mal hecho por el Libro de Ardalas, podrían tener dormido a Otiluke.

Los elfos aceptaron la misión.

 



Partieron al oeste al día siguiente, por los caminos del sur. Empezaba aquel día el Annahai, el tiempo sagrado de Corelion. Abandonaron Minas Ator a caballo y cabalgaron todo el día hasta hacer noche en Gilliard. Durante toda la jornada Zoirasil fue en silencio. Tras eso hicieron varias paradas los días posteriores, en el castillo de Wark, en la fortaleza de Turmarat (donde Simon Wark les habló un poco mal, quizás por su antipatía por el príncipe Juvens). Luego cruzaron el valle rocoso del Río Rojo, donde se encontraron una pareja de pastores gigantes de árboles -llamados Ygrool por los elfos de Eria-. El viernes, tras cinco días de cabalgata, su campamento fue atacado por una incursión de orcos. Ilai resultó malherido pero consiguieron vencer.

La noche siguiente llegaron al al feudo de Tain, donde sabían que el señor era un elfo, como ellos.

 

Minas Ator


Luna

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Partida #46 "En Tain"
 

El viernes 8 de agosto del año 1081 dS el grupo de elfos llegó a Tain, una próspera ciudad del sur de Eria con buenas murallas y un castillo de altas torres que se divisaba desde varias millas a la redonda. La noticia de la caída de Ardalas había precedido a los héroes y en cuando alguien entre los paisanos que entraban por el portón del sur se dio cuenta de quiénes eran se montó un verdadero tumulto. Un capitán, Sire Adrian, tuvo que sacarlos de allí como pudo y los llevó al castillo de los Ewan, según supieron el único feudo con un señor elfo del Reino, vasallos desde largo tiempo atrás y una de las familias más poderosas de toda Eria.

Conocieron pues al lord Gael Ewan, un elfo que rondaría el medio milenio de edad, maduro pero no viejo. También conocieron a su misteriosa hermana Alisa y, más tarde, a Astyr, un alto elfo de Myth que se presentó como el mejor bardo de todos los tiempos. Arden d'Lui, un erio mayordomo del castillo, les preparó unas habitaciones magníficas con bonitas vistas del río y la ciudad. Antes de un buen baño, les anunció un banquete en su honor aquella misma noche. Tras eso empezaron los enredos pues Ilai, en el Bosque de Dioses, tuvo una interesante entrevista con Alisa (y con el bardo Astyr). Luego Gildor tuvo sus más y sus menos con el bardo. De una forma u otra Ilai acabó en la alcoba de Alisa (que se bañó con él). Por la noche la elfa noble se las apañó para tener amoríos con Malbec en la cripta familiar y, al mismo tiempo, desbaratar los avances corteses del bardo Astyr sobre Auril. Zoirasil, ensimismada en sus lecturas, se enteró de poco. Alisa fue pródiga con la hidromiel que ella misma hacía (o decía hacer, pues es poco frecuente que una noble se dedique a tales menesteres). El banquete fue largo y aburrido pues muchos burgueses y notables de la ciudad habían venido a ver a los héroes que habían matado a Ardalas. Tuvieron que contar la misma historia como una docena de veces.

Por la noche Astyr, como en los cuentos de posada, visitó por la ventana a Auril y la previno contra Alisa. La elfa despertó a su hermana y le dijo que estaban en peligro y no volvieron a pegar ojo. Despertaron al resto para avisarles del peligro pero Auril no fue muy clara en sus advertencias de modo que todo quedó en que estaba nerviosa y poco más.

 



A pesar de que Malbec quería quedarse un par de días más, decidieron continuar por la mañana sin perder tiempo en Tain. Ilai había recibido un mensaje privado de Lady Alisa y antes de partir fue a despedirse. Tras él fue un poco más tarde Malbec que también se despidió pero de otra manera (mucho más erótica) aunque a mitad de romance parece ser que el conde Gael acudió a ver a su hermana enojado y Malbec tuvo que huir con los pantalones en la mano por la ventana, también como en los cuentos de trovar dignos de posada. El conde, antes de irse, les había ofrecido los servicios de Erewyn, una elfa exploradora que conocía bien las tierras.

Salieron pues todos a caballo de la ciudad guiados por Erewyn. No habían desvelado que viajaban a Sadgeton pues consideraron más seguro no mencionar sus intenciones pero la exploradora les habló de un monstruo, una quimera, que habitaba por aquella zona cerca del bosque de Quinavel. Era una bestia peligrosa y debían andar con cuidado.

A mediodía del lunes día 8, tras un par de jornadas viajando por campos deshabitados, la elfa les informó que habían llegado a los límites del feudo y que debía regresar a Tain. Se despidieron y ellos continuaron hasta que Auril se paró un rato a indagar lo que les esperaba en Sadgeton. Buscó un zorrito y susurró unas palabras élficas antiguas y pareció que se entendía con el animal. Hablaron un rato en susurros y tras eso les contó al resto que, por lo que ella había entendido, había dos monstruos: el primero y más peligroso era un tal "hombre gris" que habitaba las ruinas de un monasterio ubicado en la ladera de un monte y que sólo salía por las noches, el segundo era la quimera, un monstruo alado mezcla de cabra, león y dragón que era la mascota del "hombre gris" y que vigilaba los alrededores de las ruinas por el día. En el bosque cercano había numerosos trasgos y era peligroso aunque el "hombre gris" también los mataba.

Parlamentaron brevemente y decidieron que lo mejor sería ir por el día así que avanzaron. A las tres o cuatro horas, después de aguantar un calor veraniego poco común para ellos, divisaron en el cielo a un monstruo alado, la quimera, que los había encontrado. Auril se bajó del caballo mientras los demás se prepararon para un combate. La elfa arquera castigó con frialdad al monstruo una y otra vez antes de que llegase a ellos. La bestia les atacó con fiereza y fuego pero a pesar de todo acabó por sucumbir a los ataques del grupo. Murió erizada de flechas élficas, incapaz de volar o retener aliento.

Ilai recibió un mensaje de viento de sus padres en la lejana ciudad de Iliya, en Yvonesse. Se habían refugiado en el Templo de Corelion donde se guardaba la Luna de Plata. Un ejército svardo liderado por Oonegith atacaba la ciudad. Querían que rezase por ellos.

 

Tain


Luna

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Partida #47 "El retorno a Minas Ator"
 

Aquella noche del 8 de agosto del año 1081 dS. tras matar a la quimera decidieron hacer noche en las cercanías del Bosque de Quinavel, famoso por la cantidad de trasgos que habitan en él. Tuvieron buen cuidado de no estar a tiro de flecha de los árboles y lo cierto es que eso les valió de gran ayuda pues a medianoche una horda de enemigos atacó el campamento. Para elfos de Draak resultó incluso pintoresco que los trasgos tratasen de negociar pues ni en las Tierras Alures ni en Yvonesse se ve jamás tal cosa. De todos modos los elfos rechazaron el intento y, tras eso, fueron atacados por decenas de flechas. El uso de magia por parte del grupo disuadió con rapidez a la banda de goblings que, tras sufrir cuantiosas pérdidas, se retiró. En apenas un minuto el campamento parecía un erial arrasado por el fuego y la muerte.

Les pareció sensato dormir lejos de allí y caminaron por las colinas iluminados únicamente por la Luna, que estaba creciente, y por una tenue Seluna, menguante. A eso de una milla encontraron un terraplén de hierba donde seguir pasando la noche y eso hicieron. A las dos o tres horas un rugido en la distancia les despertó, algún monstruo voraz estaba dando cuenta de los cadáveres de los trasgos chamuscados. Por cierto Malbec entre ellos había encontrado un extraño objeto, una especie de vara de madera, que se guardó para sí. Más tarde se la dejó a Zoirasil.

Al amanecer empezaba de nuevo el calor que azotaba la región en esa época del año. Iban a ponerse en marcha camino a Sadgeton cuando a la maga se le ocurrió una idea: quizás fuese el "hombre gris" el monstruo carroñero que había rondado los cadáveres de los trasgos. Y quizás sería posible encontrar "baba de sueño" entre los restos de la carnicería. Sabían que no sería agradable pero se decidieron a desandar el camino que habían hecho a oscuras, por la noche. No tardaron mucho en encontrar el campamento arrasado y, en efecto, Zoirasil encontró baba entre los despojos de carne. Ellos se suponía que serían inmunes pero querían ver si funcionaba -sin ser con un caballo- así que cazaron un topito y se la pusieron en la nariz: el animal se rindió al sueño. De esta forma consiguieron lo que buscaban sin arriesgar la vida.

Decidieron regresar a Minas Ator para encargarse de Otiluke o intentar contactar con Rary, de alguna forma. Cabalgaron por los llanos erios con algo de prisa y fué aquel mismo día cuando Zoirasil y Auril iban hablando del Anillo de Zhor. Hacía bastantes días que Auril guardaba el objeto mágico para proteger a su hermana pero Zoirasil quería asegurarse de tenerlo en su poder en tres semanas, el día 1 de Spetiembre, el día de la fiesta pagana de Midsummer. Ella sabía que los días con las dos lunas llenas el anillo recobraba del todo la cordura. Auril, para probar si era buena idea devolverle el anillo a su hermana, se lo puso. Eso no acabó de la forma que ella esperaba pues pudo dialogar con el alma atada al anillo y el hechicero vilonio Zhor le dijo que él no tenía nada que ver con los desvaríos y errores de Zoirasil la cual, sin duda, había interpretado sus palabras de forma extraña y errónea. Luego el poderoso objeto se adueñó del cuerpo de Auril para explicarle a los demás que el Nigromante había usado magia de Antigua para matar humanos y que al haber rescatado aquellos escritos malditos habían ocasionado un gran mal (como de hecho ellos ya sabían bien). Tras eso le dijo que sólo la maga podía llevar el anillo puesto pues era la única capaz de imponerse a su voluntad. Dicho eso, liberó a Auril para demostrar que no era un objeto malvado.

El regreso a Minas Ator fue más o menos tranquilo y caluroso. Malbec pagó en las cercanías de Tain por un par de caballos nuevos y discutieron un poco sobre si parar en la ciudad a saludar a Alisa Ewan, la hermana del señor, que por cierto se comunicó alguna vez con Ilai por mensajes de viento... al igual que sus padres, que estaban aterrados ante los ataques de las tropas de Oonegith en Iliya, la capital de Yvonesse que acabó por caer aunque la ciudad -contrariamente a lo esperado- no fue destruida ni casi saqueada: los invasores, eso sí, robaron la Luna de Plata, el mayor tesoro de los seguidores de Corelion...

Tras pernoctar en varios castillos de camino a la ciudad, los elfos llegaron a Minas Ator el mércades 17 de agosto, antes del atardecer. Los recibió el Senescal, Sire Pierre Gauntlet y su esposa la elfa Ylissa Gauntlet y como era de esperar les acogieron como huéspedes del castillo de Ator, una vez más. Estaban fatigados del camino y los caballos así que decidieron declinar la invitación a la cena y dormir y planear qué hacer con la baba de sueño y Otiluke. De Rary no había noticias.

 

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Partida #48 "La muerte de Otiluke" (13/03/2016)
 

Los elfos habían regresado a Minas Ator la noche del mércades día 17 de agosto del año 1081 dS., algo más de mes y medio tras su salida del reino muerto de Erioch. Portaban con ellos la "baba de sueño" que Rary les había pedido para poder dormir a Otiluke, y durante la noche discutieron distintos modos de engañar al gran mago. Zoirasil, mientras los demás descansaban, estuvo revolviendo en las estancias y lo que podría haber sido un tema sencillo la maga lo convirtió en una odisea: podría haber mezclado el veneno con una mermelada de mora (como la que suelen preparar los enanos de las montañas en Eria, que era excelente) pero en vez de eso estuvo moliendo frutos secos hasta altas horas de madrugada y por la mañana, viento que un laboratorio de alquimia y una cocina no eran lo mismo, se marchó a las cocinas. El revuelo que levantó fue poco menos que mayúsculo con excusas extrañas y recetas de pastel de limón. De forma inexplicable consiguió volver sin que nadie se intoxicase con el veneno y dos tartas.

Ilai, mientras desayunaba, recibió un aviso de Lady Alisa Ewan que le advertía de que el mago de la ciudad podía estar espiándolos. Supuso que la elfa noble hablaba de Otiluke y el cómo ella tenía tal información no lo supo. Descubrió -junto con Gildor- a un muchacho humano curioseando en las estancias y le mandó un claro aviso de meterse en sus asuntos que el chico -ayudante del techero- pareció captar con claridad.

Estando todos juntos, poco antes del mediodía, recibieron la visita de Raemon el Tartamudo. El clérigo sillenita, famoso por su milagrosa capacidad de ver el futuro, les vino a decir que si esperaban a Rary era en vano pues el mago no se pondría en contacto con ellos. Es más, llegado el momento caería prisionero en una isla lejana, no dijo de quién. Les contó también que si bien el Círculo de los Ocho había sido corrompido por los pergaminos de Antigua que llegaron en el libro de Ardalas, pronto uno de ellos dejaría de ser un peligro. Ahora mismo había siete magos corruptos: Otiluke, Leomund, Mordenkainen, Tenser, Nystul, Melf y Bygby. No sabían mucho de ellos pero Raemon les contó una historia: Leomund ahora era conocido bajo el nombre de Ranh Merion. Era un mago arcano de inmenso talento pero había sido pobre toda su vida. Cuando sus poderes medraron se hizo rico y se cambió el nombre por Ranh. No tardó en comprar un título y apellido nombre en Akenar, los Merion. Bajo el nombre de Rahn Merion se erigió como Archimago de la Orden de Magia tras muchos años de estudio y hechicería, se dice que dominaba todas las artes arcanas con maestría única. Líder de la Orden de Magia, quizás sabía que siendo malvado no duraría mucho en Azur así que eligió transportarse a la costa desde Minas Ator y regresar en un navío elfo cruzando el Gran Océano mientras planeaba algo. En el viaje se le ocurrió ir la Torre del Dominio y fingir su muerte para librarse de la Orden de Magia y los otros Ocho. Raemon predijo que el Archimago eligiría al aprendiz Enoch para tomar su cuerpo pero el plan le saldría mal y su alma quedaría congelada dentro de una joya que el joven mago llevaría en su zurrón mágico.

La historia alivió un poco el corazón de los elfos pues se trataba de un poderoso mal que no tendrían que combatir.

Raemon salió por la puerta de atrás pues supo que Otiluke venía. Con él fueron Gildor e Ilai que pensaron que engañar al mago estaba por encima de sus capacidades. El pastel de Zoirasil estaba sobre la mesa, a medio empezar. Ella se puso el anillo de Zhor pero el extraño objeto le indicó que era muy mala idea que Otiluke lo viese.

Fue así como Zoirasil, Auril y Malbec se enfrentaron con una tarta al mayor evocador de la historia del Orbe. Lo que contaron más tarde fue que el mago entró por la puerta poco menos que amenazando. Quería que la maga hiciese la prueba del Templo Cerrado de una vez. Su paciencia estaba por acabarse, quería el Cuerno de Unicornio de una vez y si no se lo conseguía mataría a sus amigos... para demostrarlo congeló a Auril -Malbec escapó-. Por suerte, entre amenaza y amenaza, Otiluke no pudo resistir el comer un poco de pastel y beber un par de copas de vino. Parecía especialmente furioso y dispuesto a reventar a la elfa Auril para demostrar lo que era capaz de hacer cuando el veneno de sueño hizo su efecto y el mago legendario se fue al suelo. Entonces Malbec, mientras Zoirasil trataba de liberar a su hermana de un cubo de hielo que Otiluke había creado a su alrededor, fue corriendo hasta el cuerpo del mago durmiente y le cortó el cuello.

El sonido de las explosiones de fuego que necesitó Zoirasil para librar a su hermana del hielo levantaron un gran revuelo en el castillo. Sire Thomas acudió alarmado pero Malbec le explicó que un experimento de alquimia había salido mal y eso calmó un poco las aguas. Regresaron Ilai y Gildor y vieron al mago muerto. Auril fue por fin liberada. Sin perder la compostura el clérigo decidió que quizás era su responsabilidad revisar la torre de Otiluke para buscar los pergaminos de Antigua y quemarlos. Con prudencia y en silencio libró una última batalla de conjuros con el cadáver del mago; fue duro pero se impuso y pudo por fin registrar el cuerpo sin vida.

 

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Partida #49 "En la torre del mago"

Ilai se pasó un buen rato examinando el cuerpo de Otiluke y tratando de sortear cualquier protección mágica que permaneciese sobre él. Pareció que sus conjuros funcionaron tras numerosos intentos pues la magia de Otiluke no era fácil de desencantar. Malbec vigilaba con cautela y tuvo que hablar con Sire Thomas (el capitán de la guardia) y explicarle que no pasaba nada, que las explosiones que habían escuchado sólo se trataban de un loco experimento alquímico de Zoirasil.

Gildor, al que no le gustaba el subterfugio, salió de la estancia y se dirigió por el castillo en busca del Senescal, Sire Pierre Gauntlet. Bajó por las escalinatas de piedra hasta la planta baja de la fortaleza y encontró al Señor junto al patio donde crecía un gran tilo. Al verle agitado Sire Pierre se detuvo a hablar con el paladín. Gildor decidió sincerarse con el anciano caballero humano y tuvo una larga charla en la que le contó todas las cosas que les habían pasado desde que abandonaron el Bosque De Ován en mayo de aquel año de 1081 AD. Estaban a finales de agosto de modo habían pasado poco menos de tres meses pero se hacían sentir como años de vida. Le habló de la búsqueda de la Segunda Tabla de las Profecías de Corelion, de lo sucedido en Erioch con Lloras, del Bosque del Príncipe, de los no-muertos, del dragon-lich, del demonio Orboroth y de cómo dueron muerte a Ardalas y salvaron al Príncipe Juvens y, tiempo después, cuando encontraron al Brujo. Le contó sobre el Espejo de Almas y los tres espíritus de los hechiceros Khaas, Erral y Lot. Pero sobre todo le contó lo que había pasado con el libro de magia del Nigromante Ardalas y la corrupción de los Ocho (en realidad de siete de ellos que ahora serían seis). El Senescal se mostró muy preocupado e instó al paladín a no detenerse hasta no reparar el daño que habían hecho: debían detener al Círculo de los Ocho a toda costa o una desgracia incluso mayor que la de Erioch o el velo caería con fuerza implacable y terrible sobre los reinos de los hombres en el Orbe.

Malbec e Ilai registraron el cuerpo de Otiluke. Zoirasil se mostró extrañamente desconfiada con el primero pensando quizás que se quería quedar con cosas del mago como si el pícaro no acabara de ayudar a salvar a su hermana Auril y a ella misma de un poderoso enemigo. Encontraron en el mago algunos objetos, entre ellos una bolsa mágica, una llave de hierro colgada del cuello y una moneda de oro separada de su bolsa.

De tanto en tanto Ilai recibía un mensaje de viento de Alisa Ewan, desde la lejana ciudad de Tain. La elfa parecía seguir al momento cada acción del grupo y el clérigo acabó por pensar que debía contar con una bola de cristal mágica, un objeto de extraordinario poder que podría ser de muy buena utilidad usado con algo más de sabiduría. También dedujo que Alisa se aburría terriblemente y no sería sencillo librarse de su inoportuna mirada (a pesar del amor que le había demostrado semanas atrás).

Tras un largo rato de espera en el que Zoirasil estuvo dudando su usar el Anillo de Zhor y finalmente se decidió por mirar la bolsa mágica de Otiluke lo cual por poco le cuesta la vida. Al meter la mano en ella, una fuerza increíble tiró de ella y se libró por los pelos de ser succionada dentro del zurrón. Auril e Ilai la ayudaron para luego descubrir que de un objeto maldito (probablemente una Bolsa de Devorar). Tras el susto, el Senescal envió a un grupo de Monjes Silenciosos del Templo de Pelor que se encargarían de las exequias por Otiluke. Retiraron el cadáver y limpiaron la estancia a conciencia. El grupo decidió esperar mientras realizaban esta tarea y al regreso de Gildor debatieron qué era lo más conveniente. Decidieron descansar y luego ir a la torre de Otiluke a ver si encontraban los pergaminos malditos de Antigua, así que meditaron por unas horas, se armaron y salieron. Ya había caído la noche.

Las calles de Minas Ator estaban casi vacías y mal iluminadas. A pesar del calor del verano muy pocas personas salían por la noche y los pocos con los que se cruzaron eran enanos o gnolings o algún sereno con su lanza y una lámpara haciendo ronda. Subieron por la cuesta arriba de la calle donde vivía el mago y llegaron hasta la torre cuadrada. Se trataba de un edificio alto, de unos tres pisos, de buena piedra cubierta de cal en la parte superior. Como el techo de la caverna natural en la que se encontraba la mitad de la ciudad estaba a varias decenas de metros, la torre tenía un remate cuadrado -no necesitaba tejas-. Se veían dos ventanucos sin luz.

La puerta tenía un encantamiento de abjuración, seguramente una alarma mágica o algo así. Probaron la llave que el difunto mago tenía colgada del cuello y la puerta se abrió sin más.

Ya conocían la antesala a la que daba paso la entrada. Se trataba de una estancia de techo alto y refuerzos de madera en las paredes con dos o tres estanterías, una lámpara de velas y tres puertas. En el centro había una buena mesa de roble y sobre ésta había una extraña caja cúbica de metal con una nota a un lado. Al entrar Auril susurró unas palabras que le permitirían encontrar un rastro seguro hacia los pergaminos que buscaban pero su conjuro no funcionó, no supo si porque los papeles no se encontraban allí o porque estaban protegidos u ocultos de alguna forma. Alisa, que seguía escudriñando a Ilai, le dijo que no podía verle dentro de la torre así que como mínimo sabían que algún encantamiento no particularmente sutil obstaculizaba las adivinaciones.

La caja que estaba en medio de la habitación era de metal, de hecho parecía que pesaba mucho y seguramente llevase plomo. Todos los que tenían conocimientos mágicos sabían que el plomo es un obstáculo para la detección de forma que allí dentro podría haber cualquier cosa y no había manera de saber qué. En la nota se podía leer.

"Amigo, aquí te he dejado lo que me has pedido"

Fdo: Mordenkainen


Resultaba perturbador que se escuchasen pequeños ruidos dentro de la caja, como si algo se moviese. Dudaron si abrirla o no y tras deliberar un rato acordaron esperar a ver el resto de la torre para tomar una decisión. Entraron pues en una estancia a la izquierda de la puerta que resultó ser una biblioteca absurdamente inmensa, la mayor que habían visto en toda su vida. Zoirasil incluso se puso nerviosa pero también pensaron que les llevaría meses revisar cada libro así que continuaron avanzando.

 

 

Gildor exploró unas escaleras laterales y el resto entró en lo que parecía una mezcla entre cocina y laboratorio de alquimia. Conociendo los gustos y costumbres de Otiluke, podían ser ambas. Entró Ilai primero y sin proponérselo detectó un aura mágica en uno de los cofres que tenía cerca. Se acercó a mirar sin plantearse que podía ser peligroso -y lo era, pues se trataba de un mímico-. No era un cofre sino un horrible monstruo cambiaformas que intentó comerse al clérigo sin dudar. Y luego resultó que eran dos, no uno, así que hubo que combatir con dureza para acabar con las monstruosidades. Parecían poca cosa pero Ilai acabó ensangrentado con los brazos lacerados y la espalda dolorida. Y quedaba todo por explorar.

 


 

 

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Partida #50 "La morada del mago glotón"

Tras el ataque del mimeto en la cocina continuaron explorando la base de la torre donde había unas escaleras que bajaban, una puerta pequeña, una cuadra (de la que salió un gato) y unas escaleras de subidas cubiertas por una alfombra roja. Auril estuvo examinando al minino para ver si se trataba de algo más que un animal pero no pareció ser el caso. Malbec subió con Gildor por las escaleras para llegar a un corredor con tres puertas de madera noble, una de ellas muy usada, otra muy poco usada. Fue entonces cuando descubrieron de mala manera que Otiluke tenía algunas guardas mágicas pues Gildor trató de abrir la puerta gastada y una explosión de electricidad afectó a todos aunque por fortuna no mató a nadie. Desde ese momento fueron más cautelosos.

Parecía que lo que guardaba la puerta gastada era la propia habitación del mago con una rica cama, muebles caros, un gran espejo y cosas por doquier, muchas de ellas mágicas. Sobre la cama había una carta que probablemente Otiluke había leído recientemente:


Estimado Otiluke. Lamento nuestra discusión de anoche y haberme marchado sin despedirme de vos de forma apropiada. Sólo quiero aclarar que no es que le cogiese cariño a esa elfa Zoirasil sino que mi enojo era precisamente conmigo mismo ¿cómo pude enterarme de forma tan tardía que contaba con una hermana gemela? cierto es que con magia podemos hacer cualquier cosa pero la realidad tangible tiene un sabor a verdad que es difícilmente igualable. No es lo mismo un vino añejo que una ilusión de vino añejo ¿se entiende? por uno han pasado los lustros, los inviernos, los incendios en el castillo, las muertes en la bodega, la proximidad de las ratas, el dulce roce de unas manos de doncella inventariando la cosecha y un sinfín de etcéteras; sin embargo el otro es eso, una ilusión.

Por tanto os ruego que si como decís ya estáis harto de ese grupo de mequetrefes, no las matéis a ellas. Guardádmelas como un presente y tendré a bien pagaros con extraordinaria generosidad. A los otros los podéis reventar o hacer con ellos lo que os plazca. Pero ellas no (os lo ruego). Eso si, andaos con cuidado porque sean una basura o fruto de la casualidad, ese grupo de lelos mató al nigromante Ardalas al que el propio Rahn Merion no pudo hacer demasiado en aquella ocasión en la que tratamos de romper el Velo. Sólo dijo que ojo.

Tenser


La habitación sin apenas uso pareció ser un cuarto de invitados y la puerta central daba a un salón de lectura donde también encontraron numerosos objetos mágicos, pociones, pergaminos, libros y un corredor que se abría a otras estancias. Sin embargo otra alfombra mimeto acechaba en el suelo y no les quedó otra que atacar al monstruo con el riesgo de que mordiese a alguien. Fueron rápidos y no hubo problema. Continuaron registrando y entonces llegaron a una puerta con una pequeña cara mágica con forma de cabra que se puso a hablar como una loca y advirtió al que parecía ser guardián de la torre, un golem de piedra, que salió tras una esquina y les atacó con una fuerza descomunal. Aunque lo derrotaron, no fue antes de que moliese a golpes a Gildor y le rompiese un brazo que Ilai hubo de curar con magia de Corelion. El propio clérigo por poco no acaba con la crisma rota. El pasillo alfombrado era ahora un desastre calcinado de estatuillas rotas, madera quemada y piedra tostada.

La sala guardada por la cabra era rectangular pero estaba flanqueada por espejos. En el centro había un atril con un libro. Al ver esa sala el Anillo de Zhor, que hasta entonces se había mostrado bastante errático, se puso como loco a molestar a Zoirasil y decirle que se hiciese con el libro.

Auril lanzó un conjuro animista que le permitiese hablar con el gato que les seguía a todas partes. Le preguntó por escondites secretos pues a fin de cuentas lo que buscaban eran los pergaminos malditos de Antigua que Otiluke debía tener en algún sitio. El gato le reveló que había una estancia abajo en las cocinas y ahí fueron todos corriendo. Una vez abajo el animal les enseñó una puerta doble tras una cocina de hierro que Malbec consiguió abrir. Entretanto Ilai había encontrado algunas joyas de Otiluke que seguramente usaba para sus trabajos alquímicos y decidió quedárselas.

El cuarto en efecto parecía un almacén secreto de objetos mágicos, pergaminos, varas, una lámpara, algún anillo y muchas otras cosas (aunque ningún arma, para decepción de Gildor) que Malbec fue guardando en el cinturón de forma meticulosa. Eso le llevó un buen rato incluso con la ayuda de Zoirasil. Entretanto Auril, Gildor e Ilai subieron al segundo piso. El paladín, con su Don otorgado por el Agua de Vida, descubrió una pared ilusoria con un cuarto donde seguramente solía estar el golem de piedra que habían destruido minutos atrás. Casi al lado había otra puerta que abrieron brevemente, daba paso a una sala ricamente ornamentada con cuadros en la pared y una mesa octogonal, sin duda un lugar de reunión de los Ocho.

Cerraron la puerta y esperaron a estar todos juntos para seguir explorando. Como habían dejado atrás la sala de los espejos, retrocedieron y Auril los rompió a flechazos desde la puerta. Cuando acabó con todos Gildor bajó las escaleras de la entrada y se acercó al libro. Al levantarlo una luz centelleante impactó en el pecho del elfo y por poco lo mata en el acto. Acudieron en su ayuda. Respiraba.

 

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Partida #51 "El mensaje de Nystul"

 

Sacaron al paladín de la sala para poder curarle pero los daños eran tan severos que tuvieron que esperar varias horas para recuperar la magia. Fue así como, por las ventanas, pudieron ver como la luz del día se extinguía en la ciudad que ya de por si no era muy luminosa pues aquella parte de Minas Ator se encontraba cubierta por la montaña en su lado noreste de forma que únicamente la bañaba el sol al atardecer y en algunas épocas del año.

 

Tras el descanso comieron algo, un poco cansados de pasar las horas en aquella estancia aledaña al pasillo con el gato de Otiluke como única distracción. En auqella ocasión fue Auril la que se armó de valor y entró a por el libro para poder ser si los Pergaminos de Antigua se encontraban entre sus hojas. De nuevo tocó el volumen y de nuevo saltó otra trampa mágica, en aquella ocasión diferente: unos campos de fuerza mágica cerraron bruscamente todas y cada una de las puertas de la torre. Fue tan repentino y tan poderoso que uno de estos campos cortó en dos al pobre gato que murió al instante. Así fue como se quedaron aislados por un lado Malbec en el pasillo, por otro Ilai y Auril en la estancia del libro y en el salón quedaron atrapados Zoirasil y Gildor.

 

A pesar de la desgracia del gato habían tenido suerte y estaban todos vivos. Pronto Ilai se dio cuenta que su poder le permitía cancelar uno de aquellos campos de fuerza mágica aunque a un coste de cansancio importante. La cosa se tradujo en larguísimas horas de espera mientras el elfo consiguió primero juntar al grupo de nuevo y luego seguir explorando la torre. De hecho en tal guisa volvieron a descansar, amaneció y pasó el mediodía entre conjuros y meditaciones para recuperarse.

 

Fue así como penosamente llegaron a una rica sala de reuniones recubierta de maderas barnizadas con una mesa octogonal y un tapiz con las caras de los Ocho. Unas escaleras ascendían desde allí a la corona de la torre. Sobre la mesa encontraron una carta que decía lo siguiente:

"Apreciado Bigby, todos en el Círculo lamentamos que tuvieses que abandonar el cónclave de forma prematura por un asunto tan desagradable. En fin, no tengo dudas de que pronto te repondrás del daño causado por el traidor Rary al que un día llegué a llamar amigo, espero que las secuelas sean mínimas.
No sin cierto pesar hemos decidido condenar a muerte a Rary por su traición. Imagino que nadie más que tú estará contento con tal decisión. Sin embargo te escribo para que precisamente seáis vos el que retengáis vuestra mano y vuestros conjuros pues antes de acabar con su persona hemos considerado oportuno averiguar finalmente qué es lo que que guarda con tanto esmero desde hace siglos. Yo tengo mis ideas al respecto y tienen que ver con que, de todos nosotros, Rary es el más longevo y me parece sospechar que ya estaba vivo en tiempos de la llegada de los arcanos a Akenar. Por lo que me parece, de hecho, vino con ellos aunque si atendemos al famoso Códice Sagrado en el Segundo Libro, el del Arca, no aparece mencionado en ninguna parte. ¿O sería una omisión consciente del tembloroso Rey Darion? En fin, solo es una sospecha y si resulta ser cierta es posible que nuestro Rary tenga en su poder algún tipo de Artefacto, Angreal o sabe dios qué mierda poderosa que traían consigo los malditos arcanos santurrones. Sea lo que sea queremos sacárselo junto con la piel a tiras de modo que si le encuentras por favor no le mates, captúralo, nos convocas , y entre los siete ya se nos ocurrirá algo satisfactorio.

Venga, un abrazo. Recupérate y a ver si la próxima vez vienes como Ágata que tengo muy gratos recuerdos de aquella noche en Vúlpara."

 

Tras leer el pergamino subieron las escaleras y allí vieron que los campos de fuerza no habían sido eliminados del todo. Ilai tuvo que deshacerlos y eso les dio paso a una especie de descansillo en el que había varias puertas, una extraña lámpara y tres estatuas de los Hados, que eran unas divinidades a veces veneradas por los magos. Cuando Gildor entró en la sala unas criaturas demoníacas de piel parda con pintas oscuras, grimosos, con púas por todas partes y vomitando fuego, aparecieron invocados como de la nada.

 

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Partida #52 "La torre en llamas"

Si bien al principio pareció que derrotarían a aquellas criaturas demoníacas sin el menor problema, pronto se vio que no sería el caso. Las bestias expulsaban fuego de forma demencial y causaron grandes daños a los elfos aunque en efecto estos acabaron por imponerse. En el fragor del combate habían retrocedido hasta la sala de reuniones que sufrió también daños por doquier: la mesa se quemó, el tapiz se fue al suelo y las sillas acabaron reventadas. Exhaustos, se hicieron fuertes en aquella estancia y decidieron esperar a la noche meditando para poder recuperarse. Mientras hacían aquello Malbec aprovechó para revisar la estancia de forma algo más meticulosa y fue así como encontró una misteriosa carta escondida bajo una silla:
 

Muy buenas, señores elfos, héroes renombrados.
Les agradezco su esfuerzo ilimitado por detener los actos de maldad que han sido planeados en esta torre en las últimas noches; lamento informarles de su llegada tardía. Aunque ciertamente para mi representa un riesgo enorme escribir estas letras y por encima de todo odio hacerlo y nada me resultaría más gozoso que verles explotar con la torre (pues me he enterado que hay un mecanismo terrible oculto en algún lugar, una especie de broma de Otiluke por si los planes salen mal) no puedo sino negarme en redondo a ser un mero peón de un destino absurdo y superar mis deseos más íntimos para intentar librarme de esta compulsión que me obliga a ser malvado. Antes de que me arrepienta les diré que cada uno de los seis magos del Círculo os ha dejado un regalito mortal en la torre, puesto que Nystul, que es el mayor adivino que existe salvo el tarado del Raemon que no sabe ni hablar, predijo que acabaríais con la vida de nuestro anfitrión. Como adorador de Istus, el alino no tuvo a cuenta advertir al gordo así que en esas estamos. Yo mismo os dejé un peligroso presente, por supuesto de cara a la galería, quizás incluso el más peligroso, todo por aparentar crueldad -que no es apariencia sino real, pero -cosas mías- la contengo-.

Imagino que buscan ustedes los Pergaminos de Antigua. Se encuentran arriba, en una caja fuerte, cuyo código es el número trece pronunciado en vilonio antiguo, que el Hado me proteja si entiendo a los magos, el número de la mala suerte.
Háganme un último favor, informen a mi mayor enemigo, Sire Mortimer (en Tréveris) que planeo hacerme con el Cuerno de los Dragones. Que ¡por el Hado! me detenga. Según escribo esto y antes de arrepentirme, conjuraré un olvido sobre mi persona.

Que el Hado les proteja de mi.
Un saludo nada cordial.
Mordenkainen, Archimago.


...sorprendidos por aquella extraña carta pero conscientes de que los pergaminos se encontraban allí, ganaron la determinación de avanzar. De modo que subieron las escaleras y empezaron a explorar el último piso de la torre. Había varias puertas allí, una de ellas parecía llevar a una sala con jaulas de todo tipo. Otra puerta, doble, era la que llevaba al taller del mago y fue allí donde otra trampa estuvo por matar a Gildor y a parte del grupo, un poderoso conjuro de protección. Una vez superada entraron en una estancia repleta de cosas con mesas, baúles, artilugios de todo tipo y especie. Sobre un pedestal había unos orbes que rotaban solos y en otro lado había un golem a medio construir. En la revisión de la sala notaron que había numerosos objetos mágicos y algunas notas, como la que sigue:

 

Aún no sé cómo llamar a mi nueva creación. Es mi segundo golem y tardé casi cien años en encontrar un nombre que me gustase para el otro, el bueno de Mármol. Por supuesto aún no funciona y tengo meses de trabajo por delante pero el conseguir una espada mágica verdadera me ha animado bastante pues no tiene nada que ver esta creación con armas comunes comparada con los grandes destrozos que ocasionaremos con ella en las filas de los no-Muertos de Erioch. Quien sabe, algún día si funciona como espero podría incluso intentar dar muerte al Lich aunque eso son palabras mayores. Necesitaría un escudo antimagia o algo así, he de visitar la biblioteca de Akenar o pedir acceso a Azur a ver qué encuentro al respecto. Le puedo preguntar a Rary cómo lo haría él que para eso es el experto.

De este modo comprobaron de forma un poco agria que antes de ser corrompido por los pergaminos, Otiluke no era malvado. Y hablando de los pergaminos, encontraron una de las hojas en el bloc de apuntes del mago. No dudaron en quemarla pero les puso nerviosos el no encontrar el resto. Recordaron entonces las palabras de Mordenkainen y fueron al fondo de la sala donde había una puerta reforzada, lo que parecía una cámara o algo así. Al decir "trece" la puerta se abrió.


Habían entrado en la última y más segura de las cámaras de la torre de Otiluke y allí encontraron varias cosas de interés. Había un pedestal con un orbe. Sobre una mesita, el resto de los Pergaminos de Antigua. También había dos barricas de vino erio de calidad excepcional.

Decidieron destruir los Pergaminos de Antigua allí mismo sin dilación. Ilai comprobó que estaban todos al completo y les prendieron fuego. El daño estaba hecho pero al menos no se expandiría aún más. Tras eso elevaron una plegaria a Corelion.

Todo pareció acabar bien pero fue entonces cuando Malbec entró en la estancia e intentó llevarse el orbe. Al tocarlo desapareció, lo cual asustó a todos mucho.

 

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Partida #53 "La espera hasta Añonuevo"

Cuando Malbec desapareció tras tocar el orbe lo que en realidad sucedió es que se vio teleportado a un cuarto privado de "La Rana Verde", la posada favorita de Otiluke donde el mago había adquirido el derecho permanente a tener mesa, seguramente por una gran cantidad de plata. Era un mesón regentado por gnolings muy famoso por su estofado de cabra. De alguna forma el mago se había querido evitar la caminata por la calle empedrada que bajaba en cuesta hasta allí y había solucionado el tema con magia de gran poder. El hecho de que fuese algo seguro no ahorró el susto al resto del grupo que se temió lo peor hasta que Ilai identificó la bola y supo del destino de Malbec.

Malbec estaba por salir de la habitación cuando de repente llegó el resto de los elfos envueltos en llamas humeantes y se escuchó una tremenda explosión en la torre, que voló en pedazos para gran consternación de la ciudad de Minas Ator. El revuelo fue mayúsculo y decenas, quizás cientos de personas, acudieron a apagar las llamas y entender lo que había pasado. Más tarde Auril explicó que en la cámara de objetos de Otiluke ella y Gildor habían intentado llevarse uno de los barriles de vino y de repente una imagen ilusoria de Otiluke se les había aparecido y advertido que eran unos ladrones; tras eso saltó la trampa. Fuego por doquier que casi les mata y una explosión final.

Más tarde hablarían con Sire Pierre Gauntlet para contarle todo lo sucedido. Era lunes 22 de Agosto de forma que habían pasado cuatro días en la torre explorándola.

 

Tras aquel suceso las semanas pasaron rápidas hasta el día de Añonuevo que era cuando el Atajo que conducía al Reino Élfico de Myth se abría en en la cueva de la Catarata Blanca. Gildor se mantuvo bastante cercano al Senescal y en varias ocasiones fueron de caza juntos durante esos meses, en especial al principio del otoño. Auril se mantuvo bastante aislada entrenando a su corcel -del que tendría que despedirse tras aquel descanso-. Varias veces fue a cabalgar con Sire Thomas, el ya entrado en años capitán de la guardia. Ilai estuvo centrado en la construcción de un altar a Corelion. Tuvo que visitar al Consejo de la Ciudad para recaudar fondos y antes del invierno ya tenía encauzado todo. Estuvo dudando si visitar Tain para encontrarse con la dama Alisa Ewan, que durante meses pareció observarle con su bola mágica y conversó largamente con él a través de interminables mensajes de viento. Zoirasil estuvo encerrada en los libros discutiendo con su anillo y desgranando el "Libro de los días" de Otiluke. Finalmente Malbec se hizo amigos entre los burgueses locales y pasó casi todos los meses comiendo bien, jugando a las cartas y siendo recibido en fiestas. Participó en algunos negocios con su nuevo amigo, el herrero enano Nett.

Todo discurrió normal hasta el día 18 de Diciembre, una fecha realmente extraña pues todos tuvieron una especie de presentimiento de esperanza y buenaventura. Rezaron a Corelion y a Olidammara agradeciendo el presagio.

Y hablando de presagios, el día antes de Añonuevo recibieron la visita de Raemon el Tartamudo que les contó que durante sus visiones había estado visitando los Atajos y les había hecho un mapa de lo que les esperaba para ayudarles. Les contó que un beholder vigilaba aquella parte del Laberinto y que por tanto debían ser particularmente cautos en aquella ocasión o fracasarían.



 

 


Level 0
Chill Touch
Dancing Lights
Fire Bolt
Dissonance
Encrypt
Mage Hand
Mendin
Shocking Grasp


Level 1
Assassin's Coi
Comprehend Languages
Dead Man's Hands
Disguise Self
Fiery Cloth
Frostfire
Acid Wind
Caustic Spittle
Frostfire
Web Orb


Level 2
Charged Missil
Ethereal Strike
Hold Person
Scorching Ray
Magic Weapon
See Invisibility
Magic Mouth
Ignite
Darkness
Undertow

Level 3
Chaos Bol
Breath of the Dragon
Fireball
Fear
Glyph of Warding

Level 4
Rainbow Spea
Fiery Blast
Ice Storm
Otiluke's Resilient Sphere
Locate Creature

Level 5
Jol
Bigby's Hand


Level 6
Disintegrate
Otiluke's Freezing Sphere

 

 

Minas Ator


Luna

Seluna


Partida #54 "Primeros pasos en el Laberino"

´La última tarde y noche que disfrutarían en Minas Ator fue bastante fría pues una nevada azotó la ciudad en las montañas. Tras el encuentro con Raemon el Tartamudo, Auril se fue a los establos a despedirse de su corcel.

 

 

 


 

 

 

Minas Ator


Luna

Seluna